Las playas de Bolonia, en Cádiz, otro paraíso por descubrir

Os sugiero una  escapada a un lugar donde todavía es posible encontrar playas vírgenes y naturaleza en estado puro.

Os sugiero un lugar donde esta naturaleza salvaje, el sol, la arena y los soberbios paisajes se funden con una historia acumulada de siglos y donde quedan magníficas muestras de ello.

Me refiero a las playas de Bolonia en Cádiz, en el término  municipal de Tarifa, dentro del Parque Natural del Estrecho, y  a su famosa ensenada.

Me refiero a su duna, la “duna de Bolonia” la llaman, un trozo de desierto ondulante, de más de 30 metros de altura y 200 de ancho, considerada monumento natural y una de las pocas dunas activas que se conocen.

Quería  contaros de esta duna, en continua lucha por crecer entre los pinos que la rodean  y la arena que la cubre.

Dicen que no avanza continuamente, ya que su altura sobrepasa la de los árboles y que el fuerte viento lleva la arena sobrante lejos. Pero yo he visto como a su alrededor, en  la parte más alta, se muestran copas de pinos casi engullidos y, aunque sembrados muy juntos para hacer frente al gigante, la arena  avanza y gana su espacio y se ensancha en una media luna que recuerda una montaña redondeada y suave, seca y árida pero rodeada de verdor en sus laderas y coronada por un cielo azul tan intenso como las aguas que lamen sus pies.

También quería  referirme a la ciudad romana de Baelo Claudia que protegida por el Cabo Camarinal y la Punta Paloma, se abre a la playa sin obstáculos y que sorprende por su estado de conservación.

Esta ciudad- factoría romana – surgió a finales del siglo II a.C. y debido a su creciente industria acogió una población importante, por ello sus edificios públicos se diseñaron para albergar una gran número de personas, como el Teatro o el Palacio de Justicia, o su mercado, o sus cuatro Templos,  tres de ellos  (triada capitolina) dedicados  a Júpiter, Juno y Minerva y un cuarto a Isis, la diosa egipcia. El culto mistérico exportado.

Cuentan, cuando accedes al Centro de interpretación – un edifico compacto y alargado integrado perfectamente en el paisaje que desciende suavemente hacia la ensenada y que se constituye como un privilegiado mirador-  que  el Conjunto Arqueológico ha sido declarado Monumento Histórico Nacional y que en él se conservan una de las mejores muestras de urbanismo romano que se conocen. Que el emperador Claudio, bajo cuyo mandato se construyó, le concedió el rango de municipio romano. Y que fue una ciudad muy importante y próspera en la época por sus conservas y salazones de pescado- origen de la salsa garum exportada al Imperio-  y que su existencia estuvo fuertemente ligada al comercio con el Norte de Africa  (la antigua Tingis, actual Tánger).

Hay datos que hablan del declive  de su industria  y de que fue saqueada por invasores germánicos y árabes. Finalmente, un terremoto la destruyó, lo que originó su abandono final en el siglo VII.

Pero, ahí sigue,  surgiendo cada día, para  dar cuenta de  su esplendor y sus costumbres. Para mostrar a generaciones venideras, a través de las piedras milenarias  perfectamente acomodadas en su lugar, el esplendor de una época  de la que somos herederos directos.

Como decía al principio, os sugiero una escapada por la zona,  un viaje en el tiempo, un recorrido por playas ventosas y salvajes, y por una sierra, la de la Plata, que merecería un capítulo especial.

A partir de ahí hay otras muchas rutas que seguir, muchos paisajes que admirar y que os describiré  en otro momento. Si os interesa el tema.

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