Irene Nemirovsky versus Simone de Beauvoir

Leer tu reseña sobre Simone de Beauvoir, Cas, y pensar en Irene Nemirovsky ha sido uno. Imaginar las semejanzas de sus vidas, y de cómo éstas se habrían desarrollado si los acontecimientos hubieran sido diferentes, ha surgido en mi cabeza casi sin ser consciente de ello.

La escritora judio-francesa de origen ucraniano, Irene Nemirovsky, nació en Kiev un 11 de  febrero de 1903, en una familia acomodada que, tras la revolución bolchevique, se afincó en Francia. Al igual que Simone de Beauvoir, recibió una esmerada educación, incluida su licenciatura de Letras en La Sorbona. Como Simone de Beauvoir, toda su obra está escrita en lengua francesa. Sus vidas casi transcurrieron paralelas.

Cuando en 1929, Simone de Beauvoir conocía a Jean Paul Sastre, Irene Nemirosvky escribía su primera novela, David Golder, que la dió a conocer y le abrió las puertas de todos los círculos literarios. Fue llevada al cine y al teatro en 1930. Desde distintas vertientes de pensamiento, ambas, obtuvieron desde los comienzos el reconocimiento de la sociedad francesa.

Hasta aquí, poco más, acaban las similitudes y comienzan las diferencias, porque, mientras Simone de Beauvoir seguía ascendiendo en su vida y carrera, el Gobierno Francés, en un claro ejemplo de colaboracionismo antisemita, le denegaba a Irene Nemirosvky la nacionalidad pedida, a pesar de haberse convertido al catolicismo junto a su familia.
Iniciada la II gran Guerra, y debido a su ascendencia judía, se le prohibiría publicar y acabaría su vida y su carrera en un campo de concentración, Auschwitz, donde murió de ¿tifus? en 1942 .

Su obra última, inacabada, Suite Francesa (si no la conocéis, leedla) es un manuscrito perdido escrito en condiciones de excepción, autobiográfico casi, que inicia en París en los días previos a la invasión alemana. La obra, que fue concebida como una composición en cinco partes de las que sólo alcanzó a escribir dos, está escrita con lucidez y desasosiego. A tiempo real, como se dice ahora, pues muestra con absoluto realismo a una sociedad y a un país inmerso en la huida y la contienda, desapasionadamente, como haría un corresponsal de guerra.

‘’Suite Francesa’’ es un relato conmovedor, ya veréis,  si o animáis a leerla. Y tiene de especial y de sublime que está escrito por alguien que vislumbra ya la catástrofe que se avecina, aunque no llegara a conocer su dimensión correcta.

El descubrimiento de este manuscrito perdido causó tal conmoción en el mundo editorial francés y europeo que en el año 2004 le fue otorgado, a título póstumo, el premio Reanudot,(*) concedido por primera vez en su historia a un autor fallecido.

(*) El premio Reanudot, premio literario creado en 1926 es un complemento natural del Premio Goncourt, incluso los ganadores de ambos premios son anunciados al mismo tiempo y en el mismo lugar el primer martes de noviembre en el restaurante de Drouant, de París.

¿No pensáis que nuestras dos escritoras, de haber sido otro el rumbo de la historia, podrían haber sido protagonistas en el Drouant, algún primer martes de ese mes?
Yo estoy segura.

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