Feliz día de San Juan Bautista. Lo viejo, lo nuevo y el desapego (Pasionaria)

 

Hoy me venía al corazón el recuerdo de mi abuela. Yo, sentada en el brazo de su sillón, como una gallinita, me decía ella, “mi gallinita turuleca”. Juntas veíamos una y otra vez el Circo de la tele: los famosos payasos Gabi, Fofo, Miliki…En ocasiones se repetían episodios y mi abuela, que había nacido sin radio y no comprendía eso de que un programa estuviese grabado y se emitiese una y otra vez, quedaba sorprendida por como todo sucedía igual…”mira niña otra vez la tapia esa!!!, Verás como Fofó ya sabe que no debe atravesarla!!!.Y Fofó corría hacia la tapia de cartón piedra y pon!!! De bruces se daba!!!. Yo me reía muchísimo:”abuela que eso está grabado”, le decía una y otra vez. “Que no que no”, -insistía ella-, “que ese Fofo no se aprende la lección”.Yo reía y reía con la ingenuidad de una niña que tiene mucho camino por recorrer…
A lo largo de la vida encontramos muchas veces ese mismo muro. Un muro grande y firme como la muralla china. El mismo una y otra vez y, como si se tratase de un episodio repetido de los payasos de la tele,¡¡pon!! ¡¡Y de bruces¡¡. En ocasiones vemos el muro y es otra persona la que se encuentra frente a él, dispuesta a tropezar una vez más. Y no comprendemos el empeño que tiene de intentar cruzarlo aún a sabiendas de que no podrá atravesarlo. Le podemos gritar como en la canción de “Voy en busca de un león”, que cada día yo misma canto a los peques de mi cole :“ no puedo pasar bajo él…no puedo rodearlo, no puedo atravesarlo…tendré que escalarlo!!Puf, puf, puf….” Y escalas y ….  ¡ya está¡  el muro quedó atrás y todo un camino se abre ante tus ojos.

Parece fácil, lo ves claro, avisas y aun así no hay modo. Esa persona tropieza una y otra vez.

En otras ocasiones, el muro se alza ante nosotros y es cuando debemos tomar la decisión. Podemos sentarnos y pasar la vida mirándolo y de ese modo perdernos la visión del lindo sendero que hay al otro lado. También podemos escalarlo, pero sentimos que nos flaquean las fuerzas y que no hayamos las herramientas adecuadas para ello. Entonces, optamos por atravesarlo chocando una y otra vez contra él, perdiendo fuerzas en cada intento y desgastándonos.

Y cómo es tan fácil ver que otra persona va a chocar y aconsejarlo y, en cambio, somos incapaces de reaccionar ante nuestros propios muros???  Y cómo es que, a pesar de tener personas cerca que nos gritan como en” la canción del león”, nos empeñamos una y otra vez en chocar???.

Creo que una clave importante es el DESAPEGO

No debemos de creer que el desapego sea un alejamiento frío, hostil; ni una aceptación resignada y desesperante de todo aquello que la vida y la gente nos tira en el camino; no se trata de ir por la vida indiferentes a la gente y a los problemas; no es un desentendimiento de lo que son nuestras verdaderas responsabilidades hacia nosotros mismos y hacia los demás; ni una ruptura en nuestras relaciones. Tampoco es que retiremos nuestro amor y nuestra atención.

Cuando reaccionamos de un modo tranquilo ante nuestro muro , dejando a un lado la inseguridad y la ansiedad, nos volvemos capaces de tomar buenas decisiones acerca de cómo solucionar nuestros problemas. Al dar un paso atrás y contemplar el muro desde lejos nos liberamos.

Se trata de desapegarnos del problema, mirarlo con los ojos del amor y de la comprensión. Aprender a sentir que los demás tienen sus motivos y que, sean cuales sean, son sólo eso, sus motivos. Lo realmente importante para mí son mis motivos. Si me lo propongo , el muro no será un obstáculo en mi vida; en la medida en que me desapego del problema, me doy cuenta de por qué me afectan las cosas que me afectan, de por qué me dañan las cosas que me dañan, por qué siento dolor y ansiedad ante determinadas situaciones. Incluso, veo con claridad por qué una y otra vez tropiezo con esas mismas situaciones que me producen dolor.

Se trata de centrarnos en solucionar lo que está en nuestras manos, no podemos actuar sobre el comportamiento de los demás, pero sí podemos cambiar nuestra forma de ver y sentir. Nuestro modo de afrontar nuestros muros es nuestra responsabilidad, ocupémonos de ello.

Transmutemos la energía de aquellas afirmaciones negativas que dia tras dia nos hacemos. Digámonos cada mañana: “Me ocupo de lo que está en mis manos” “Cuento con todo el amor y el respeto del universo” , “Soy valiosa”, “Hoy voy a vivir el día más feliz de mi vida”, “Estoy rodeada de amor y respeto”.

El desapego te hará encontrar más fácilmente soluciones a los problemas, a la confusión y al caos. Te hará mantenerte abierta a una infinidad de posibilidades y te llevará a encontrar la seguridad. Pero sólo de ti depende liberarte de lo que no te permite moverte ni crecer.

El desapego te recompensará con una paz interior profunda, una felicidad plena, una vida sin culpas, llena de motivaciones y entusiasmo. Y al disfrutar las cosas y a las personas en tu vida, gozarás de una infinita capacidad de amar y ser amada; de respetarte y ser respetada.
Y siempre debemos recordar que la manera en que reaccionamos ante las situaciones y ante el dolor es particular y personal.

Que muchas veces no podemos cambiar las circunstancias dolorosas, pero sí podemos mejorar nuestra actitud ante los acontecimientos suavizando con sabiduría el impacto del dolor. Y que, como nos recuerda Carlos Gonzalez Valles en su libro “¿Por qué sufro cuando sufro?: El efecto del golpe depende en gran parte de quien lo recibe.

No importan las dimensiones del muro, da igual si es de cartón piedra o de roca…Lo realmente importante y decisivo es nuestra actitud…

¿Qué os parece si nos reímos de cada muro como hacían los payasos de la tele??? Que tal si reímos de los tropezones con el alma de una niña de siete años???

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