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Desde que la industrialización de las sociedades modernas impuso el trabajo asalariado como forma mayoritaria de subsistencia, la historia social de los siglos XIX y XX ha estado caracterizada por una lucha permanente del movimiento obrero para ir logrando mejores condiciones laborales que incluían no sólo unos salarios dignos sino también una jornada laboral más razonable. Así se fueron consiguiendo el derecho a los descansos de fin de semana, a vacaciones retribuidas, a la limitación horaria de la jornada, a ciertos permisos y licencias. En nuestro país y en los de nuestro entorno hemos llegado a alcanzar el mayor grado de lo que podríamos llamar “bienestar laboral” a finales del siglo XX y primera década del XXI, con sueldos incrementados anualmente y una tendencia generalizada a la jornada laboral de 35 horas semanales que los empleados públicos y otros sectores ya disfrutábamos; incluso algunos empezaron a permitirse comentar las experiencias exitosas de la jornada laboral de cuatro días… En cuanto a vacaciones y permisos, fuimos beneficiándonos de periodos cada vez más amplios en función de la antigüedad y nuevos tipos de licencias.
De pronto, esa tendencia se invirtió. La crisis, nos dijeron, obliga a congelar los sueldos. Eso fue sólo el principio. El aumento del paro ha ido propiciando que la gente esté dispuesta a trabajar por un salario mucho menor, a pactar con los empresarios condiciones chapuceras cuando no claramente fraudulentas, a miniempleos de miseria, a puestos de trabajo que se pagan como becas o colaboraciones. A los empleados públicos se nos va recortando el sueldo cada semestre con la excusa del control del déficit público. Y, por si fuera poco, se instaura el discurso de que “hay que trabajar más y cobrar menos” impulsado por dirigentes empresariales cuya honestidad ha quedado muy cuestionada y rápidamente incorporado en el programa de los principales líderes políticos.
Y en esas estamos cuando viene Florent Marcellesi y nos dice que no, que lo que hay que hacer es justamente lo contrario: ¡una jornada laboral de 21 horas semanales para que todas las personas podamos trabajar y vivir mejor!

 

Con 34 años, Florent Marcellesi es un exponente más de esa generación de jóvenes inquietos y polifacéticos algunos de los cuales estamos teniendo ocasión de conocer a través de distintas entrevistas y referencias en este blog. De origen francés y afincado en el País Vasco desde 2004, tiene ya a sus espaldas un amplísimo curriculum como activista en movimientos ecologistas, investigador, autor de libros y artículos en numerosas revistas, conferenciante y promotor de diversas iniciativas cooperativas. Recientemente visitó Córdoba para impartir una charla precisamente sobre el tema de esta entrada: trabajar menos para trabajar todos. Cargado de argumentos y bien documentado con información precisa, expuso de forma muy amena y pedagógica sus tesis, que se sustentan en distintas propuestas previas de economistas e investigadores.
Sería imposible resumir aquí el contenido de esta charla y animo a las flores que quieran más información sobre este asunto a bucear en los distintos artículos de Florent sobre el tema, por ejemplo:

http://florentmarcellesi.wordpress.com/2013/01/22/trabajar-menos-para-vivir-mejor-21-horas/

Por avanzar algunas ideas y suscitar un debate sobre ellas en este foro, si os apetece, diremos que la propuesta de Jornada Laboral de 21 horas tiene, sobre todo, el objetivo de cuestionar los esquemas sobre los que está basada la estructura laboral actual. Según el análisis de Marcellesi, en nuestra sociedad existe una estructura cada vez más desequilibrada e injusta en el reparto del trabajo y la riqueza. Por un lado, un grupo de personas, cada vez menor, que tiene un trabajo más o menos estable y bien retribuido, que mantiene un estatus social aceptable y disfruta de los bienes y servicios. En el otro extremo, casi un 20 por ciento de la población que no tiene ningún trabajo ni ingresos económicos regulares, en situación de pobreza material y progresiva exclusión social. En medio, una creciente masa de personas (lo que él denomina el “precariado”) con trabajos eventuales, parciales o mal retribuidos que a duras penas les permiten subsistir. Dentro de esta estructura se encuentran enormes diferencias en razón de edad (los jóvenes y personas mayores están más afectados por las situaciones de precariedad) y género (las mujeres trabajan muchas más horas si sumamos el trabajo retribuido y el doméstico, percibiendo muchos menos ingresos económicos).
Tender a una jornada de trabajo retribuido de 21 horas semanales tendría ventajas a distintos niveles:
Mayor justicia social. Permitiría que todas las personas pudieran tener trabajo retribuido y participar en los trabajos no retribuidos, tanto en tareas domésticas y del cuidado familiar como en actividades de interés social. Equilibraría el reparto de trabajo entre hombres y mujeres permitiendo la satisfacción de las aspiraciones profesionales, familiares y sociales de todas las personas. Distribuiría mejor la riqueza y bienes económicos.
Protección del planeta. El esquema teórico de la economía liberal (trabajar más para ganar más y consumir más) se ha demostrado absolutamente inviable porque choca con los límites ecológicos del planeta. Menos horas de trabajo retribuido permitirían un desarrollo humano sin crecimiento desmesurado e insostenible.
Mayor productividad. Las experiencias en distintas empresas y entornos demuestran que personas menos estresadas, más descansadas y más felices son más creativas y productivas durante el tiempo de su jornada laboral.
Más ciudadanía. Al disponer de más tiempo para actividades no laborales, las personas tienen más posibilidades de informarse, debatir y participar en los asuntos colectivos de su comunidad, contribuir en actividades solidarias con quienes lo necesitan y ser más protagonistas de la vida pública.
Seguro que algunas y algunos pensaréis que todo esto es “demasiado bonito para ser real”, demasiado útopico. Florent Marcellesi, en cambio, afirma rotundamente que “lo utópico es pensar que podemos seguir mucho tiempo más en la situación que ahora vivimos” y que merece la pena intentar la transición a otro modelo de relaciones sociales, económicas y productivas. ¿Qué opináis?

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19 Respuestas

  1. Blanca

    Francamente me parece demasiado utópico. No sé si bonito, porque ya me dirás con eso de reducir horarios y por supuesto, ingresos, cómo vamos a poder hacer frente a cada una de las obligaciones que tenemos. Con estas premisas se hace necesario un cambio total de la sociedad, del mundo y del planeta . La verdad es que no me lo imagino.
    Que es primero ¿ el huevo?, ¿ la gallina? Por donde empezamos a reducir?
    En las horas de trabajo? En los precios?
    Mas bien creo,- porque en eso estoy totalmente de acuerdo con Marcellesi -que no podemos seguir por mucho tiempo mas en la situación que ahora vivimos y andamos buscando fórmulas cabalísticas desesperadamente.
    Lograremos dar con la piedra filosofal?

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    • Salus

      Tienes razón Blanca en que lo difícil en esto es descubrir cómo hacerlo realidad, por dónde empezamos. La situación que padecemos es demasiado compleja como para que haya una receta simple que funcione como panacea. En realidad Marcellesi explicó en su conferencia que el lema “jornada laboral de 21 horas” es, sobre todo, un pretexto para repensar entre todos qué consideramos trabajo productivo, cómo repartir mejor nuestro tiempo, qué tipo de economía queremos, etc. Quiero decir que habrá que ir tocando distintos palos. Por lo pronto, frenar la dinámica actual que va justo en el sentido contrario (trabajar más horas, descansar menos días, jubilarnos más tarde…) y que a cualquiera sin ser muy experto en la materia, le alcanza para entender que jamás podrá favorecer la creación de más empleo. Los políticos, los empresarios, los sindicatos, los trabajadores y todos los ciudadanos tendremos que ir debatiendo y llegando a puntos de encuentro sobre qué sociedad queremos: una en la que unos pocos trabajen mucho u otra sociedad en la que todos tengan una jornada laboral más reducida y tiempo para otras actividades igualmente importantes en la vida.
      ¿Utopía? Quizás.Si la entendemos como cuenta ese pequeño relato de Eduardo Galeano:
      “Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. Entonces ¿para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.”

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      • Blanca

        Touché, juegas con ventaja cuando aludes a Galeano y, sabes? infunde esperanza.

  2. Casandra

    Mi respuesta inmediata a esta propuesta sería utopía y necesidad, ambas por igual. Y, sobre todo, no creo que el planeta pueda mantener el ritmo de acoso y degradación al que la llevamos sometiendo demasiado tiempo. Conforme absolutamente en que es imprescindible transitar a otro modelo que pueda salvaguardar los recursos naturales y establezca su uso equilibrado por parte de la ciudadanía, toda la ciudadanía, no sólo por parte de unos pocos. Sin embargo …… quién le pone el cascabel al gato.

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    • Salus

      Tienes mucha razón en tus reflexiones Casandra, supongo que tendremos que ir poniéndole el cascabel entre todas y todos. Hay decisiones gordas, de altura, que parece que se nos escapan porque forman parte de lo que consideramos la macroeconomía y la política (aunque no podemos olvidar que quienes tomas esas decisiones están ahí con nuestra colaboración activa o pasiva) pero también está el ámbito más cercano, más personal y familiar. Quizás tengamos que ir reevaluando qué es lo más importante y qué es lo accesorio, cuáles son las necesidades que tenemos que satisfacer para ser más felices. Quizás -como propugnan algunos pensadores- tengamos que ir pasando de la “sociedad del bienestar” a la “sociedad del bienvivir” donde nuestros objetivos individuales y colectivos no sean tanto el poseer y acumular bienes (para lo que necesitamos lógicamente trabajar mucho para ganar mucho y poder consumir mucho) sino sobre todo poseer y acumular vivencias satisfactorias, relaciones personales, situaciones agradables. Y para eso lo que nos hace falta es contar con los recursos para cubrir bien nuestras necesidades básicas y que los demás también las tengan cubiertas, un entorno natural, urbano y social donde vivir con la mayor armonía posible y tiempo para poder desarrollarnos.
      A lo mejor algún día descubrimos que lo que ahora nos parece tan difícil o tan utópico era, en reallidad, bastante más sencillo…

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  3. Thor

    Esta es una propuesta seria que me gustaría responder otro día que tenga más tiempo. Ahora no lo tengo. Lo he visto muy tarde. Amenazo con volver.

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  4. Brezo

    Gracias Salus por traernos esta información y a este analista que parece haber dado con el quid de la cuestión. Qué buena idea! En mi último empleo, realizaba el trabajo de al menos tres personas. Desde que no lo tengo, he descubierto cuántas cosas me gusta hacer en el tiempo libre. Por otra parte, me hubiera gustado no sólo que ese trabajo no hubiera sido tan atosigador, sino haber tenido la posibilidad de reducir el horario en la época en que mi hija era pequeña, o veo cómo personas que están cercanas a la jubilación, se les hace muy cuesta arriba completar el horario de ocho horas, o tengo amigos que me han dicho que en media hora terminan lo que tienen que hacer en una jornada de ocho… en fin, muchos ejemplos sobre lo mal distribuido que están los horarios y las jornadas laborales. El sistema no funciona. Se está viendo. Ojalá hagan caso a quienes aportan soluciones como la que nos presentas.

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    • Salus

      Muchas gracias Brezo por compartir tus opiniones y tu propia experiencia que, pienso, coincide con la sensación que muchos experimentamos diariamente: las cargas laborales están fatalmente repartidas (gente agobiada y gente con poquísimo trabajo) y no se corresponden casi nunca con los momentos vitales de las personas. Por ejemplo, cuando eres joven y empiezas a trabajar (¡aquéllos tiempos, cuando los jóvenes teníamos trabajo…!) notas que las exigiencias profesionales son crecientes si quieres “irte abriendo un hueco” en tu trabajo. Te exigen y te exiges muchísima dedicación al trabajo justo en un momento que suele coincidir con la formación de una familia y la crianza de los hijos, tareas a las que en demasiadas ocasiones no prestamos la atención que debieran. Y ahí empieza a producirse otra más de las muchas discriminaciones y desigualdades que caracterizan a nuestra sociedad: mientras generalmente los hombres proseguimos por esa vía, muchas mujeres renuncian por su sentido de la obligación familiar y doméstica. ¿Cómo se explica, si no, que siendo la mitad de la población ocupéis menos de un 20% de los puestos dirigentes en las empresas, la administración y la política?
      Aquí habrá una parte de responsabilidad en las “altas esferas” para crear condiciones legales y políticas de igualdad favorecedoras de la integración laboral de la mujer, no cabe duda. Pero evidentemente hay un ámbito más cercano y directo, que nos toca resolver a cada una y cada uno en nuestra vida cotidiana. Es un tema de gran calado cultural y educacional en el que creo que aún nos queda mucho camino por recorrer.
      Fíjate, Brezo, hoy mismo aparece publicado en la prensa un informe absolutamente contundente e ilustrador de esta cuestión que tratamos. Ya sabes, estos informes y datos que suelen aparecer en las jornadas próximas a la conmemoración del Día de la Mujer. Además de las diferencias salariales y en las tasas de paro entre hombres y mujeres, ya bien conocidas, el informe refleja que por cada 26,3 mujeres que compatibilizan su jornada de trabajo parcial con la atención a los miembros de su familia, sólo 1 hombre lo hace. Son datos de Andalucía pero supongo que la realidad extremeña no distará mucho.
      Así que, en época de escasez de trabajo, las administraciones y empresas están recurriendo cada vez más al trabajo a tiempo parcial que fundamentalmente va para las mujeres (28,3 % de las andaluzas en edad activa frente al 7,5% de los hombres) y encima ellas a encargarse de las tareas de la casa y la familia.
      Por eso, si queremos transformar de verdad esta sociedad en más humana y justa, no se trata sólo de que todo el mundo tenga un trabajo retribuido digno y una jornada laboral más reducida que le permita conciliarla con otras actividades. También habrá que ir educando a los hombres para que se impliquen más activamente en las tareas del cuidado y la crianza, que aprendamos a disfrutar más de las tareas domésticas y que todos, mujeres y hombres, también apreciemos el valor de otros trabajos y tareas, no retribuidos pero imprescindibles para la sociedad, de voluntariado, apoyo social y gestión democrática de nuestras comunidades.
      En fin, que tendremos que ir cambiando todos si queremos que algo cambie.

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  5. Betica

    El reparto del tiempo de trabajo como medida para salir de crisis económicas sistémicas se viene planteando desde hace tiempo en el mismo seno de la Organización Internacional del Trabajo. Precisamente fue uno de los temas de debate en la conferencia internacional celebrada en Ginebra en junio de 2009. Allí se barajaron muchos pros y contras de la medida. Podéis consultar en internet. Comprobaréis que hay colgados bastantes archivos informáticos sobre el asunto. La medida cuenta con tantos defensores como detractores.

    A propósito de esta propuesta he investigado y he descubierto que la gran mayoría de los países que tienen programas de repartición activa del trabajo están en el mundo industrializado: Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Japón, los Países Bajos, la República de Corea, Suiza, y algunos estados específicos de los Estados Unidos. Pensándolo bien, ¿qué son los minijobs gracias a los cuales Alemania presume de haber evitado que la crisis haya tenido efectos tan perversos como los que ha tenido en el sur de Europa?

    Se trata de repartir el poco o mucho trabajo que haya para que todos los trabajadores en edad activa puedan vivir en unas condiciones mínimamente dignas.

    Por otra parte, también he leído que esta medida raramente se aplica en países en desarrollo. Aunque, ante la actual crisis generalizada del empleo, unos cuantos países en transición económica han comenzado a discutir y a experimentar algunas formas básicas de repartición del trabajo, por ejemplo Chile, Brasil, Costa Rica y Uruguay en América Latina, y la República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia en Europa Oriental.

    En España, algunas voces especializadas se han pronunciado en este sentido y se han lanzado propuestas, incluso, desde el actual gobierno, sobre todo de cara a fomentar el empleo joven, tan castigado por la situación de desaceleración económica que padecemos con intensidad desde 2007. Otros, como el economista Santiago Niño Becerra, por ejemplo, se han manifestado en contra por considerar que afectaría negativamente a la productividad y, por consiguiente, a la competitividad . O, sea, la economía se desaceleraría aún más y se generaría una masa de obreros pobres debido a la obligada reducción del salario. Lo cuenta en un artículo, en su blog: la carta de la bolsa, publicado el 28 de enero de este mismo año.

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    • Salus

      ¡Qué pedazo de revisión del tema del reparto del trabajo!, muchas gracias Bética por toda la información tan interesante que aportas y que nos ayuda mucho a contemplar con más elementos de juicio y desde otras ópticas esta propuesta atrevida y compleja de la jornada laboral de 21 h.
      Efectivamente, la idea de repartir el poco o mucho trabajo que haya entre todas las personas no es nueva ni se la ha inventado Florent Marcellesi. Al contrario, como muy bien indicas, con tan documentada información, ya se le lleva dando vueltas desde hace tiempo y mucho más desde que la crisis económica empezó a hacer estragos. El problema, justamente, como se está evidenciando en muchos lugares y llaman la atención los autores que citas, es el empobrecimiento a que da lugar esta medida si no va acompañada de muchas otras. Es un peligroso proceso de precarización de las condiciones laborales al que muchos países se han apuntado. Gracias a tu información tenemos más claro que esa tendencia coincide, precisamente, con países desarrollados en los que está fuertemente implantado el modelo capitalista o países de los llamados “economías emergentes”. Con el desempleo como amenaza, se ofrece la “alternativa” de trabajos mal pagados, temporales, inestables. Oficialmente se plantea como un reparto del trabajo y se justifican así contratos de jornada reducida, de prueba, de prácticas, becarios. Son, por ejemplo, los “minijobs” que tanto defiende Ángela Merkel o el modelo de contratos para jóvenes y demás fórmulas laborales que han establecido las reformas laborales del gobierno español (por los datos vamos viendo que con escasísimo éxito).
      La consecuencia de estas políticas está siendo una masa creciente de gente que gana lo justo para sobrevivir y que no tiene más remedio que someterse a las condiciones de trabajo que le quieran ofrecer si no quiere quedarse en el paro. Ideal para los empresarios, que siempre tienen donde escoger.
      Estoy seguro que ese no es, desde luego, el futuro al que aspiramos ninguno de los cactus y flores de este desierto. Y tampoco la propuesta de Marcellesi que plantea su horizonte de “jornada laboral de 21 h.” como un referente para avanzar en una amplia transformación económica y cultural. Una jornada laboral más reducida con pleno empleo para todas las personas que sea compatible con los otros trabajos no retribuidos e igualmente necesarios para las personas y la sociedad, a los que he aludido en otros comentarios. Pero también una reforma fiscal en la que tributen más quienes más tienen y quienes más recursos consumen, que permita financiar suficientemente los servicios públicos y una renta básica para todas las personas. Y el establecimiento de unos topes mínimo y máximo de ingresos económicos por persona, que evite las desigualdades tan enormes y crecientes que ahora existen. En fin, un proceso de transición que lleva su tiempo pero que no podemos aplazar ya demasiado o todos nos iremos a pique. Florent habla en sus escritos de un periodo de 15-20 años, ojalá podamos verlo.
      Muchos le preguntan ¿por qué 21 horas?, ¿por qué no 20, 25 ó 30 que son números más redondos?. Bueno, en realidad ha elegido esa cifra para asimilarla a nuestro siglo y también porque es una cifra que se aproxima bastante al tiempo de trabajo remunerado semanal calculado para la población española en edad activa en el año 2011. Para ser exactos, dividiendo el total de horas de trabajo realizadas en nuestro país ese año entre todas las personas que oficialmente estaban en edad de trabajar, resultó una media de 19 horas de trabajo remunerado y unas 23 horas de trabajo no remunerado por persona a la semana. Es decir, que si todos tuviéramos una actividad laboral de 21 h. habría de sobra para cubrir las necesidades productivas del país.

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  6. Peix

    Ufff!!!! Suena a Ciencia-ficción. ¿Semanas de 20 horas? ¿de verdad pensais que así se crea trabajo?. Yo no tengo la respuesta pero me parece un discurso demasiado demagógico… y ¿Qué tiene que ver la protección del planeta?. “Totus revolutum”

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    • Salus

      Gracias Peix por compartir con franqueza tus dudas y objeciones que son, desde luego, las mismas que pueden asaltarnos a muchas otras personas cuando oímos por primera vez propuestas que nos rompen los esquemas, como las que plantea Marcellesi. Efectivamente, una jornada laboral más corta no resuelve el problema de creación de empleo por sí sola. El mismo Florent y otros investigadores y economistas de la New Economics Foundation han publicado bastante sobre vías y alternativas para generar empleo de calidad y sostenible en distintos ámbitos, tema muy amplio que se escapa del objetivo de esta entrada. Quienes estén interesados pueden consultarlas y, quizás, podamos comentar sobre esto otro día.
      Con respecto a qué tiene que ver este tema con la protección del planeta, das ciertamente con una de las claves importantes: “Totus revolutum”. Todo está relacionado. El modo de producción y explotación de los recursos naturales, los sistemas de organización del trabajo, el sistema económico, la distribución de roles y funciones en la sociedad y en la familia, los sistemas de control y poder político, etc. están fuertemente interrelacionados y condicionados entre sí. Por eso es importante, en mi opinión, que vayamos incorporando una visión sistémica e integral de los procesos y fenómenos que nos afectan. Es posible que la falta de ese tipo de perspectiva sistémica por parte de quienes toman decisiones económicas o políticas sea una de las razones por las que estamos metidos en este bucle, en este círculo vicioso en que cada nueva medida que adoptan nos conduce a más paro, más empobrecimiento y más insatisfacción social. Cualquiera de nosotros está viendo cómo, cuando sólo se contempla la dimensión económica, por ejemplo, para intentar controlar el déficit presupuestario, se adoptan medidas como recortar sueldos, prolongar jornadas, eliminar nuevas contrataciones, con lo que disminuye el consumo, las administraciones recaudan menos, aumenta el paro y todo el mundo se ve perjudicado. Igual pasaría si sólo se contemplaran la dimensión de calidad laboral o de protección del medio ambiente. No podemos ponernos orejeras, esta crisis es sistémica y sólo podemos salir de ella con medidas sistémicas.
      Vivimos en un planeta con recursos finitos: el territorio, el agua, el aire, los terrenos cultivables, los combustibles, etc. No podemos actuar ignorando esa realidad y actuando como si fueran infinitos.
      Si todo el mundo consumiera como lo hacen los españoles, necesitaríamos tres planetas Tierra. Y eso con la crisis que tenemos encima. Imagínate si todos los españoles trabajaran y quisieran consumir como el que más. Esa situación ahora sólo es posible “gracias” a que cada vez hay más millones de personas que viven en situación de pobreza extrema en África, Asia y Latinoamérica. A nivel de España, o de cada país, mantener este ritmo para los que aún tienen trabajo, supone mantener a los demás sin posibilidades de trabajo.
      Aterrizando en ejemplos prácticos. Cuando en una familia trabajan los dos cónyuges y lo hacen todos los días con amplia jornada laboral, es inevitable muchas veces que necesiten dos coches para desplazarse cada cual a su trabajo. Como su jornada les impide preparar y cuidar a sus hijos, necesitan contratar asistenta doméstica, canguros, etc. Como no tienen tiempo de preparar su comida, recurren a comer fuera de casa o comprar comidas preparadas. Así podríamos seguir mucho más. La conclusión es que se acumulan una serie importante de gastos que obligan a trabajar más o a vivir a crédito para poder hacer frente a los gastos. Así se forma un círculo vicioso en el que cada vez se necesita trabajar más para consumir más y seguir gastando más. Y eso tiene un enorme impacto ecológico (consumo de combustibles y otras energías, contaminación, producción de residuos, etc.)
      Una jornada laboral más reducida y familiarmente conciliada, además de otros beneficios, conllevaría una menor huella ecológica. Sería mucho más fácil vivir bien con menos dinero y menos consumo.

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  7. Pajaro

    Yo creo que esto no es realista, ni mucho menos implantable en el modelo de sociedad actual, que se necesita un sueldo para pagar la hipoteca y otro para comer y pagar los gastos normales, encima nos dice que seamos solidarios y dividamos las horas de trabajo a la mitad (y el sueldo claro, queda implicito en la frase).
    Asi surgen los minijobs alemanes (que no me pacen malos del todo), y que pueden servir como medida temporal para salir de la crisis (mejor que un tio trabaje 4 o 5h haciendo algo productivo por 400€ que no cobrarlos por tan solo estar en su casa o trabajando en negro por otro lado), pero no tomarlos como una costumbre ni un modelo de empleo.
    Hay que tener en cuenta una cosa, en España se ha ganado muchisimo dinero por poco trabajo productivo, las vacas gordas, ahora que nos hemos comido la vaca de una sentada no podemos pedir leche para todos.
    Y hay que pensar toda esa gente que esta en paro, no toda, pero si una mayoria, si hace unos cuantos años tomó la decisión acertada en su vida (dejar el colegio o el instituto para currar en la construcción), meterse en prestamos hipotecarios por encima de sus posibilidades, etc…
    No todos tomaron la decisión correcta ni invirtieron su dinero correctamente, mientras, hormiguitas ahorraban para la epoca de penurias (que llegaria tarde o temprano), otros, las cigarras, vivian a cuerpo de rey con coches caros, pisos enormes, etc… incluso gastando el dinero que aun no habian ganado.
    Con esto no quito culpa a los bancos, ni los especuladores, ni a los directivos de grandes empresas, ni a toda esa gentuza que ha robado (y sigue haciendolo) a manos llenas, porque ellos que tenian el poder y deber de parar toda esa sin razón que se estaba cometiendo, no lo hicieron.
    Quizás me he desviado un poco del tema principal, pero creo que el paro en españa viene todo de lo mismo, de esta crisis, de este pagar deuda contraida por unos pocos y que estamos pagando entre todos, tengamos o no la culpa de lo sucedido.

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    • Salus

      Interesantes reflexiones, Pájaro, que agradezco compartas con todas las flores y cactus de este desierto virtual. Como lo bueno que tiene este blog es la posibilidad de contrastar y enriquecernos con distintos puntos de vista, en este caso estoy de acuerdo con algunas de tus afirmaciones y en desacuerdo con otras.
      De acuerdo contigo en que propuestas innovadoras como la que nos ha planteado Florent Marcellesi no son implantables en el modelo de sociedad actual. Ya lo comentaba yo en mi entrada inicial. Estas propuestas sólo tendrían sentido si aspirásemos a conseguir una sociedad más equilibrada y humana, una mejor convivencia entre las personas y nuestro entorno, un mejor reparto de la riqueza y del tiempo libre, de la capacidad de disfrutar y de decidir. Si quisiéramos empleos de más calidad, que para nada tienen que ver con los “minijobs” alemanes, como he explicado en otro comentario. Para mantener el actual modelo social, tienes razón, lo mejor es seguir como estamos.
      También estoy de acuerdo contigo en que en esta crisis estamos pagando entre todos la deuda contraída por unos pocos. Pero, ya sabes, este modelo social funciona así: los beneficios se privatizan mientras que las deudas se socializan. Teniendo en cuenta que el 61% de la deuda española la ha provocado la especulación, codicia y temeridad privadas (34% empresas y 27% bancos) ahora tenemos que estar pagándoselo entre todos, además del 19% de deuda que corresponde a las administraciones públicas.. Porque el 20% de deuda que corresponde a las familias ya lo seguimos pagando cada uno por nuestra cuenta.
      No estoy de acuerdo contigo en que la propuesta de Marcellesi no sea realista. A mi juicio lo que no es realista es pensar que esta crisis es como una “mala racha” que estamos atravesando y que ya mismo, con las medidas que se están tomando, volveremos a estar como si no hubiera pasado nada (“brotes verdes” nos decían antes, “por el buen camino” oímos ahora…).
      Y tampoco estoy de acuerdo en que la mayoría de la gente que ahora está en paro es porque tomaron en su momento una decisión equivocada y optaron por lo más cómodo y rentable. Quizás pueda haber algunos a los que les haya sucedido eso pero ¿de verdad piensas que los ex-trabajadores de Urende o de Locsa están en el paro por su mala cabeza?. Y los cientos de miles de jóvenes excelentemente preparados, que llevan años esperando su oportunidad de trabajar ¿qué decisión equivocada les podemos atribuir?
      En todo caso, gracias por leer mis comentarios y expresar tus opiniones abiertamente.

      Responder
      • Pajaro

        Hola Salus, gracias por tu contestación. Quizás no me expresé bien, yo no digo que la culpa sea de TODOS los parados, ni mucho menos. Solo he comentado que hay un sector (importante) de la población, que vivió muy por encima de sus posibilidades. Y lo digo con ejemplos cercanos: amigos y familiares, y numerosos conocidos. Gente que se hipotecaba y en lugar de comprarse un piso de 20millones se compraba uno de 30… Gente que en lugar de un ibiza se compraban un A3 o un Golf. Gente que compraba pisos porque… “su valor va a seguir subiendo y en un par de añitos lo vendo para obtener 10 millones de pesetas en beneficios…”, etc… Albañiles que vivían como catedráticos y constructores e inmobiliarias que vivían como médicos y notarios. Sin menospreciar ninguna profesión desde luego.
        Con esto solo quiero decir que la culpa siempre se echa a los mismos (bancos, empresarios), y la tienen, por supuesto que si, pero que muchísima gente “de a pie” ha colaborado en esta crisis, también lo creo firmemente. Porque una cosa es firmar una hipoteca para comprar una vivienda con la que vivir con tu mujer e hijos, y otra es pedir un prestamo o hipoteca para comprarse un cochazo, o un pisazo que no sabes si en el futuro podrás pagar (como ha sucedido). A estos últimos nadie los “obligo” a “arruinarse”.

  8. Inés Drake

    Yo creo que es importante trabajar menos, pero sobre todo gestionar mejor el tiempo dedicado al trabajo, para que tengamos también tiempo para nosotros, nuestros amigos, nuestra familia… En el libro “Los cinco mandamientos para tener una vida plena” de Bronnie Ware de lo que más se arrepentía la gente era de no haber trabajado menos y haber dedicado más tiempo a los que querían: http://mindflow.es/2013/02/el-arrepentimiento-y-la-muerte/#sthash.sDBHTlu6.dpuf

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    • Salus

      Qué interesante esta referencia que traes aquí sobre las conclusiones de las entrevistas que Bronnie Ware presenta en ese libro. Gracias por dárnoslas a conocer, Inés y ciertamente qué importante resulta eso de saber repartir bien nuestro tiempo y, sin embargo, qué difícil conseguirlo. A veces, por nuestros hábitos y educación; en otras ocasiones por exigencias laborales o por nuestra ambición. Ya lo he indicado en otros comentarios, indudablemente tenemos que cambiar mucho en cuanto a nuestras actitudes y nuestros valores personales y colectivos, para valorar más el tiempo dedicado a la familia, a las actividades domésticas, a las relaciones sociales, al cultivo personal, etc.
      Pero, sin duda, el hecho de que poco a poco fuésemos capaces de invertir la tendencia actual a una ampliación de la jornada laboral (de las personas afortunadas que trabajan) crearía condiciones favorables (aquéllo de “necesarias aunque no suficientes”) para una vida más equilibrada y armónica.
      Bueno, pues vamos a ver si los que pensamos así conseguimos convencer a otras personas, trabajadores o parados, cambiar la mentalidad de políticos, empresarios, sindicalistas y demás agentes sociales. Me conformaría con que, de momento, consiguiéramos, por ejemplo, la jornada de 35 horas semanales, a cambio de que trabaje más gente y de forma más estable. Ya nos plantearemos luego nuevas metas hacia las 21 horas…

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  9. Sega

    ¿Quien no tiene un conocido, amigo o familiar que jugó con los pisos para enriquecerse rápidamente?, conozco casos de hipotecar su piso -ya pagado en años- para comprar otro (de 60 millones) y revenderlo. También conozco casos de personas interinas -sin su puesto garantizado y ático de 50 millones y coche BMW de 4 millones de las antiguas pesetas. La gente ha buscado el dinero fácil y se lo ha puesto difícil a quien tenía la misión -imposible- de adquirir un lugar donde vivir. Tanto así que los pisos subían, también con la inestimable ayuda de los Ayuntamientos, que se hacían de “favores” bien económicos o de otra índole, dando lugares de construcción a casi todo el que ofreciera este tipo de ventajas -lo se de “buena tinta”- para después venderlos a precio de super oro. Los bancos y presionados por el Banco de España para que se hicieran más y más hipotecas y el gobierno cogiera mayor tajada, daban casi sin mirar hipotecas, a sabiendas que había “aguas revueltas” y no era la primera vez que salía el Gobernador del Banco de España hablando de que “el precio de la vivienda tan sólo podía seguir subiendo”.
    Un albañil, por poner un ejemplo de tantos que se podrían poner, cobraba lo de un directivo de una multinacional, si no más, y eso -con todos los respectos- no es viable, señal inequívoca que algo malo está sucediendo.
    La gente se volvió loca comprando cosas, firmando hipotecas para 30-40 años -sin pensar la de cosas que podrían pasar- y, de tener un pisito alquilado, pasaron a tener uno, alquilarse todos los veranos otro, con un a3, a4 y otro coche más para el nene, y un larguísimo etcétera que no seguiré nombrando.
    Evidentemente, en todo esto hubo quienes siempre tuvieron el mismo dinero -poco- y ahora la crisis los está machacando, y no hablo por ellos.

    La crisis general -no la particular- y por regla general, es obra de todos un poco, y quien no haga “mea culpa” entonces es que peca de cinismo. También queda en evidencia, que la responsabilidad de la crisis es proporcional al cargo y toma de decisiones que repercuten a uno mismo, a unos pocos, o a una amplia generalidad, y que aún es mayor, cuanto más conocimiento tenía de lo mal que se estaba haciendo todo y a sabiendas que así era.

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  10. Thor

    Hola Salus. Ayer me recordaron que te debía una respuesta a esta propuesta tuya y aquí estoy. Hoy, sí tengo tiempo. Sólo quiero decirte que, antes de nada, yo propondría y pediría solidaridad de toda persona que hoy en día tenga más de un trabajo y cobre por ello salarios desorbitados comparados con la media de la mayoría de la población. Si empezamos por los de siempre, por los más humildes o por la clase media, a pedirles que repartan lo poco que nos va quedando, mientras los que más tienen y en condiciones de privilegio no entran en el reparto, apaga y vámonos,, que no solucionaremos nada. Me refiero, primero de todo, a empleados del sector público, los de arriba, no los que están cobrando menos de mil euros, y después a muchos profesionales liberales y grandes empresarios que tienen ingresos muy, muy importantes que, encima, no contribuyen proporcionalmente a financiar la hacienda pública.

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