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Georges Seurat (1859-1891) era un pintor neoimpresionista, que a pesar de su enorme voluntad, comenzó su carrera profesional no destacando por su talento artístico, obteniendo unos resultados algo mediocres.

Consciente de ello, inicia su trabajo en el Louvre con gran intensidad copiando las obras maestras de Rafael, Holbein y Poussin. Aquí, Seurat creó la técnica de puntillismo.

En el verano de 1884 Seurat comenzó la creación de su obra maestra “Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte”, que le llevó dos años completar. Su cuadro se expone en 1886 junto a otras obras de pintores de su grupo. Con este cuadro nace el término puntillismo, o técnica de la mezcla óptica de los colores.

Los diferentes tonos de la obra se consiguen aplicando sobre el lienzo pinceladas diminutas de colores puros, unas junto a otras, de forma que al mirar el cuadro de lejos, estos colores se mezclen en la retina del espectador (por ejemplo, para conseguir un color verde, bastaría con pintar puntitos azules y amarillos muy juntos).

En realidad, Isla de la Grande Jatte era una zona de recreo que se encontraba en el río Sena, en París , entre La Défense y el suburbio de Neuilly, dividida por el Pont-de-Levallois.  Seurat obvia en su pintura son los bares y cafeterías que había en aquella zona.

Aunque por muchos años fue un sitio industrial, en los últimos años pasó a albergar jardines públicos y un conjunto residencial. En 1884 dejó definitivamente de ser zona industrial y pasó a ser un paisaje bucólico alejado del centro de la ciudad.

A pesar de tener un ambiente claramente idílico, el cuadro está lleno de matices.

En la esquina inferior izquierda, y en primer lugar está un remero que está fumando, tumbado en la hierba. Justo detrás hay una pareja elegante, él con bastón y ella bordando. Más allá, dos chicas en la orilla, probablemente prostitutas. Lo sabemos porque una de ellas está pescando y en francés, el verbo “pêcher” (pescar) suena muy parecido a “pécher” (pecar),lo que da que pensar que finalmente son chicas de compañía. Ésta es una forma de aludir al sexo o a la prostitución en muchas obras de arte. Si seguimos por la orilla, veremos a una joven con sombrilla, un hombre con sombrero y la barca con los remeros por el agua.

En la esquina inferior derecha, tenemos en primer lugar a una pareja aparentemente distinguida paseando. Él lleva sombrero de copa, monóculo, una flor en la solapa y un puro en la mano. Ella va muy elegante, con su polisón y la sombrilla, y lleva un mono sujeto con una correa. Mal asunto. La palabra “singesse” (mona) se utilizaba en el argot francés para designar a las prostitutas. Lo más probable es que esta señora sea una “mantenida”, la amante del tipo del monóculo, que se la lleva de paseo a un parque poco frecuentado por los de su clase para que nadie les vea. A partir de esta pareja, podemos seguir una nueva diagonal que pasa por las dos chicas que están sentadas en el suelo, la madre que lleva a su hijita de la mano, un hombre tocando la trompeta y dos soldados, posibles clientes de las dos “pescadoras”.

Pues eso, nada es lo que parece. Aparentemente es todo paz, pero si nos paramos un rato a observar, podremos ver que las cosas no son lo que parecen ser, y de ahí a la belleza de tal obra.

Más info | http://www.artic.edu

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