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Cuando estos días escribíais sobre la luz que llega con la primavera,  recordé a  Sorolla,  el pintor de la luz. Porque es único pintando las estaciones del año o las fases del día a través de la luminosidad que reflejan  sus personajes y sus paisajes.  Es un maestro para recrear los ocres del otoño y el blanco estridente del estío, los rojos del atardecer y el azul de la mañana. Fue un investigador incansable de la luz durante toda su vida.

Joaquín Sorolla y Bastida nació en Valencia. Por eso será que  la luz del mar y del cielo mediterráneo está presente en su obra de manera vibrante. Un cuadro del artista valenciano  se distingue por su luminosidad. Puede ser blanca o azul de nubes o de espuma marina. Puede ser la luz del sol, hiriente a la vista del mediodía, o  cálida y envolvente al atardecer.  En todo caso, su pintura emite energía y alegría, una visión optimista de la vida.

La luz del mediterráneo se refleja en el blanco resplandeciente de los vestidos femeninos que se intuyen de tejidos naturales, casi etéreos, como las velas hinchadas de los barcos en alta mar. La luz también se desprende de los campos de cultivo de la huerta valenciana y de jardines llenos de color, o de una ladera cubierta de almendros en flor.

Ante todo, Sorolla supo reproducir  la luz del mar, de sus aguas, limpias, transparentes, cristalinas, calmadas o impetuosas. Pintó como nadie la evolución de la luz sobre el mar a lo largo del día, sobre la arena y  en los rostros de las personas. Dibujó rompeolas violáceos, y mareas blancas, tormentas grises,  casi negras, y los pardos acantilados del Cantábrico, otro de sus mares favoritos.  Sus escenas familiares en la playa, a la orilla del mar, en las tardes de verano, son relajantes y divertidas, y transmiten sosiego, descanso y vacaciones.   Muchos cuadros están dedicados a juegos infantiles sobre la arena.

Joaquín Sorolla fue uno de los pintores españoles más prolíficos, con más de 2.200 obras catalogadas. Su estilo fue realista al principio de su andadura artística, evolucionando hacia el impresionismo. Finalmente, en su madurez se identifica con un estilo propio, el luminista.

En su amplia galería también podéis encontrar una muy particular técnica del color,  acorde con su personal visión de la España de principios del siglo XX. Sus gentes, sus paisajes, sus escenas cargadas de tipismo y tópicos, tradiciones y fiestas populares, todo es captado y pasado por el filtro de  la paleta cada vez más difusa del pintor valenciano.

En su última etapa, el efecto agua domina su estilo. Una pantalla de vapor de agua parece envolver sus obras, es el caso de sus últimas recreaciones de los patios de la Alhambra de Granada o de los jardines de los Alcázares sevillanos.  Los contornos se diluyen, casi se evaporan, prescinde de la línea y sólo utiliza la mancha de color.

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4 Respuestas

  1. Salus

    Magnífica evocación de la figura y la obra de Sorolla. Gracias, Thor, por traérnosla tan a propósito en este inicio de la primavera. Siempre me ha fascinado la pintura de Sorolla y he tenido ocasión de poder disfrutar en directo muchas de sus obras en exposiciones, museos y en su propia casa de Madrid. Coincido contigo en que es única su capacidad para recoger e irradiar la luz.
    La mala noticia, como en el chiste, es que cuando uno está en lo mejor de la contemplación, siempre llega un malasombra que lo chafa todo. Las últimas investigaciones han descubierto que buena parte de sus logros en la representación del color y la luz eran conseguidos gracias a mezclas de pigmentos muy tóxicos que hoy estarían totalmente prohibidos como la imprimación de blanco de plomo que daba a los lienzos para conseguir esa luminosidad de las ropas que comentas o el mercurio de sus rojos y el arsénico de sus tonos verdes.
    Así que tendréis que poneros manos a la obra los pintores y los químicos para descubrir nuevos pigmentos que, sin ser tóxicos, logren conseguir efectos similares de luz y color… Es broma, desde mi profunda ignorancia en el tema supongo que a estas alturas ya estarán inventados.
    Buen día, flores y cactus.

    Responder
  2. Blanca

    Pues fue una fortuna para él que tales prohibiciones de mezclas tóxicas no existieran en su tiempo. Aunque, de haberlas habido, seguro que habría encontrado el medio para plasmar esa luminosidad y colores que llevaba dentro. Esa luz amarilla, más intensa en el Levante que en otros lugares. Sus verdes y los rojos habrían surgido de cualquier manera, estoy convencida.
    Thor, con tu recordatorio a este genial pintor me ha venido a la memoria una exposición antológica del mismo que el Museo del Prado realizó en el año 2009 en su Salas, (recientemente inaugurada la entrada lateral de los Jerónimos). Durante los meses que duró la muestra pudieron contemplarse un gran número de cuadros cedidos y traídos al efecto desde distintos puntos y colecciones. Públicas y privadas. Entre ellos el deslumbrante conjunto sobre su ”Visión de España”- 14 murales enormes sobre algunas regiones de España, pintado por encargo para la Hispanic Society of America, de Nueva York-
    De aquel día me quedaron nítidamente grabados algunos lienzos. Por distintas razones. Pero recuerdo con especial viveza uno de ellos, cuyo nombre “Triste herencia” me puso un nudo en la garganta. En él la proverbial luz del pintor no brilla con la intensidad de siempre .Al contrario, es opresiva y triste. La arena es parda y hasta el mar presenta un ominoso color azul oscuro. Destacan los ropajes negros en la figura de un monje que cuida y ayuda, en un día de playa, a unos niños tullidos, ciegos y enajenados. Algunos con muletas y miembros flácidos. Hasta sus cuerpos desnudos muestran una piel de color desvaído y macilento.
    Es en verdad un espectáculo triste, que impresiona. Quizás no debía hablaros de él y menos para referirme a un hombre tan vital que en su mayor producción expresa calor y vida, pero siento que a Sorolla esta visión de niños desgraciados tuvo que impresionarle vivamente cuando quiso plasmarla y que, posiblemente, al hacerlo rendía tributo a esa otra realidad más pobre y descarnada. Quizás, mientras pintaba sus cuerpos enfermos y desnutridos, pensara en sus propios hijos, que también eran niños por entonces aunque mucho más afortunados.
    Un besito
    Blanca

    Responder
  3. Thor

    Hola Salus y Blanca. Perdonad el retraso en la respuesta. Supongo que sabéis que ahora estoy más atareado y aparezco menos por aquí. Pero sabía que tenía pendiente esta tarea. Os cuento que hoy en día está absolutamente prohibido utilizar materiales tóxicos en la elaboración industrial de cualquier tipo de pintura, sean óleos, acrílicos, esmaltes, todos. Afortunadamente, contamos con muchas más garantías para trabajar con total seguridad y la fabricación ha dado pasos de gigante. La I+D también ha logrado maravillas en este campo, porque los acrílicos y los esmaltes que podemos utilizar hoy en día, tanto en la pintura artística como industrial, te permiten representar y transmitir todo tipo de efectos.
    Sorolla, efectivamente, se sirvió de la industria química para conseguir algunos de los efectos que más le caracterizan, pero es que esos eran los materiales de los que disponía en su época. Los avances han sido muy posteriores. Yo mismo he trabajado hasta no hace mucho tiempo con productos peligrosos para la salud.
    Si os interesa conocer más detalles sobre el pintor valenciano, os remito a un estudio dl Instituto de Patrimonio Histórico Español y el Instituto Valenciano de Conservación y Restauración (Ivacor) realizado en 2009 sobre 29 de sus obras.

    Los resultados se publicaron en la revista Bienes Culturales del Instituto del Patrimonio Cultural de España y se completaron con los datos de un trabajo de campo del instituto dependiente del Ministerio de Cultura y el Ivacor en la sede de la Hispanic Society en Nueva York. Los investigadores analizaron muestras de 32 obras de Sorolla que pusieron de manifiesto detalles minúsculos sobre la paleta de Sorolla, color, técnica, preparación de los materiales y soportes. Dicen los expertos, que se trata del mayor estudio realizado sobre un autor, sólo comparable al existente sobre Rembrandt. A mí me parece apasionante.

    Las muestras recogidas por los expertos, aunque muy pequeñas, facilitan una información muy valiosa para conocer su evolución artística y técnica. El corte transversal de esas muestras permite observar el grosor de las pinceladas -en ocasiones gruesas y otras muy delgadas-, o su forma de aplicación -a veces separa nítidamente las capas y otras arrastra la pincelada anterior-. Un detalle curioso es que en muchos de sus cuadros aparecen hasta media docena de capas de pintura superpuestas con las que creaba el efecto definitivo en sus obras.

    Su taller, sus herramientas, su técnica y su temática fueron evolucionando, aunque hay algunas constantes en la obra de Sorolla inconfundibles, el color, la luminosidad, el blanco resplandeciente. Este pigmento lo conseguía a base de albayalde (carbonato básico de plomo), un compuesto utilizado asiduamente para la pintura al óleo desde que fue descubierto en 1774. Lo empleaba como color o para aclarar otros tonos, y para la imprimación o preparación del lienzo.

    El albayalde o blanco de plomo es el compuesto habitual de las imprimaciones. En ocasiones, estas preparaciones están levemente coloreadas con tierras o negro carbón para conseguir grises. Los autores del estudio creen que Sorolla empleaba en la mayoría de casos “preparaciones comerciales y sólo en algunos de los bocetos familiares, como el de María enferma, el pintor pudo haber elaborado él mismo la preparación”. Desde principios del siglo XIX, también empezó a utilizar el blanco de cinc.

    Como sabéis, los amarillos también fueron sus preferidos para lograr las soleadas escenas marineras. Esos tonos salían del cromo y el cadmio. Fue práctica habitual entre nombres relevantes de la pintura. Por ejemplo, Los girasoles de Van Gogh también consiguieron ese amarillo brillante gracias a los pigmentos de sulfuro de cadmio. También empleó el ocre, el amarillo de Nápoles y un pigmento de naturaleza orgánica.

    El estudio recoge que prefería no mezclar el rojo, que obtenía, sobre todo, utilizando bermellón, derivado del mineral cinabrio. Químicamente, se trata de sulfuro de mercurio y, por tanto, tóxico. En menor proporción usó también laca roja.

    Los marinos y los celestes los consigue a partir de azul cobalto y ultramar artificial. Para los verdes, recurre al verde viridiana. En los pardos empleaba pigmentos basados en un compuesto de hierro (tierras) que, a veces, modificaba añadiendo otros. Los violetas se crean con manganeso y azul cobalto mezclado con un pigmento rojo orgánico y albayalde. Para los negros utiliza negro de huesos y carbón.

    Perdonad el comentario tan largo.

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  4. Brezo

    También a mí me encanta Sorolla. Lo había estudiado, pero, realmente lo descubrí en la Expo del 92, en Sevilla, creo que en el stand de Valencia. Me impresionó muchísimo su cuadro Paseo por la playa. La luminosidad y los colores, el gran tamaño que casi ocupaba una pared entera. Compré un póster y durante años lo tuve en mi casa. El otoño pasado visité su casa de Madrid. Lástima que fue en un momento de transición, mientras cambiaban de exposición, y no pude ver casi nada del interior. Era una casa con un precioso jardín renacentista, de dos plantas, en mitad de altos edificios y cerca de la Castellana. ¡En otra ocasión será!.
    Gracias por traernos esta interesante entrada.

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