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PEIX:  ¿Qué tal la Noche Blanca?

A mi me defraudó (como todos los años). Nosotros bajamos al mesón de la Luna, porque actuaban Rancapino (el hijo) y el hijo de Camarón.

Nos sentamos a tapear. Estaba previsto que actuasen a las 11 y empezaron a las 12 y pico….No se oía bien ni se veía, así es que al final ……………….. ¿Y tú, qué tal?

Casandra: Nuestra noche blanca ha estado bien. Empezamos el jueves, que, por casualidad, estuvimos –Hierbabuena, Guillermo y yo- en un concierto muy majo de jóvenes artistas en la calle Rey Heredia, 21 (El Cuartillo Melody: Camarón Experience). Arte multimedia, música, fotografía, acción painting, instalación, collage y performance.  ¡Cúanto arte salpica esta ciudad¡¡ Mucha gente joven. Artistas de los conservatorios de música y danza, y de las escuelas de artes y oficios. Una exquisitez, de verdad. A la entrada, un escanciador ofrecía vino Montilla-Moriles. En el patio central,  la taberna El pescaíto frito repartía cucuruchos de camarones.  Muchos turistas también asistían, atraídos por el embrujo del flamenco. Ya te he recomendado varias veces que te llegues una noche a esta casa. Es preciosa. A tu marido también le tiene que interesar profesionalmente hablando. Tengo el programa por si te interesa algo concreto. Una tarde os dais un paseíto por la Judería y llegáis. No os va a defraudar. Las actividades empiezan a partir de las 21,00 horas. Son los viernes, sábado y domingos. Hasta el 28 de julio, por cierto, este día es mi cumple.

El viernes estuvimos –Hierbabuena, Aiska, Enrique y yo- paseando por San Basilio, contemplando el bello espectáculo de sus calles empedradas iluminadas con velas. Un conciertito, también de jóvenes flamencos,  en un rincón precioso, nos sorprendió. Siento no haber tomado nota de sus nombres para hacerles propaganda. La próxima vez. Visitamos rápido una original exposición del artista multifacético y  amigo común, Manolo Cobos, en el patio de la sede de la Asociación de amigos de los patios. Un encanto de muestra y persona.   Y, para descansar, una cervecita en Puerta Sevilla. Las berenjenas a la miel, servidas como patatas paja, muy sabrosas.

Antes de eso estuvimos en la filmoteca de Andalucía, que está en Córdoba, donde pasan películas de cine europeo, sobre todo, muy interesantes al módico precio de 2 y 3 euros. Dos sesiones: 6 de la tarde y 9 de la noche. Esta casa también es una maravilla. Yo quiero heredarla cuando me jubile.  Después,  nos paseamos por La Ribera, que también está magnífica, con un montón de terracitas de los bares y restaurantes que están surgiendo en paralelo al cauce del río Guadalquivir. Hay incluso un café-teatro donde representan obritas y presentan espectáculos muy guays. Todo como muy alternativo y al margen de la Córdoba oficial, cateta y de pandereta que llevamos tantos años soportando. Aprovechamos para visitar la nueva librería El Laberinto, la única librería de viejo que existe en Córdoba desde hace apenas un mes. Merece la pena.  La ha puesto en marcha el director de la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Educación, Daniel Rodríguez, junto a su familia. Salmantino. Personaje singular, como mínimo. Muy interesante. Acordamos volver otro día para hacerle una entrevista.

Y, finalmente, el sábado por la noche (noche blanca propiamente dicha) elegimos sólo un espectáculo: magia en el Patio de las Columnas del Palacio de Viana a cargo de ROSARIO VACAS & CIA “El Recuerdo del Olvido”. Colaboraron Naike Ponce y Compañía, José Luis Antolí a la guitarra y Miguel Santiago a la percusión, vídeo creaciones de ADD y, en los platos, Jack Dopller. 

Una propuesta muy innovadora: equipo de músicos muy buenos, sobre todo el guitarrista, joven y guapo y con mucho estilo. La bailaora adoptó look “Casa Bernalda Alba”, también con mucha clase. Sorprendente. Su imagen se reflejaba a través de sombras sobre una pared blanca cuajada de macetas de geráneos.  Pero la mejor de todo el equipo era la cantaora: rubia con rastas recogidas arriba con un clavel rojo plantado en todo lo alto. Vestido negro de fiesta, sencillo, con un delantal de lujo en principio y un mantón negro al cuello. Zapatos altísimos, con plataforma, color granate, como el clavel del pelo. Creo que te habría gustado. No sólo cantaba con un estilo muy particular y una voz rasgada con mucha personalidad, sino que tenía arte “pa” reventar. Ejercía autoridad sobre el escenario, se levantaba, manejaba los mantones con maestría, acompañaba a la bailaora por momentos; dirigía a los músicos, el baile, incluso al público. Bello de verdad. Y con mucha clase. Te hubiera gustado. Glamour flamenco. Público, el justo. Nada masivo. Casi todo el mundo sentado y en orden. Respetuoso y entendido. Bajo las estrellas y rodeados de flores y estanques. Una maravilla.

Después de ésto, nos fuimos a casa. El día había sido largo, y ya teníamos bastante. Estábamos cansados. Nos alegramos de no habernos ido al río a ver el desfile de Juana Martín,  o a la Axerquía a ver y escuchar a Estrella MOrente (fue nuestra idea inicial), porque a esta gran artista, que también nos gusta mucho, la podremos ver en otra ocasión. La masa de la Corredera o de las Tendillas no nos apetecía nada.

Y colorín, colorado. Ayer estuve todo el día en casa, liada con tareas domésticas y disfrutando del placer del hogar. Me conecté sólo un ratito por la tarde a TFD y luego a última hora de la noche, para dejaros mensajes importantes que tenía que responder. Nada más.

No dirás que no te tengo informada de mi vida. ¡¡ Por Dios¡¡

Video resumen de la Noche Blanca del Flamenco 2012

[youtube]http://youtu.be/L_byQWcQ7fg[/youtube]

 

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2 Respuestas

  1. Agave Celsi

    Encontré ésto en el ABC de Córdoba. Supongo que es otra visión del asunto, menos ortodoxa…

    LA CERA QUE ARDE

    WALPURGIS FLAMENCA

    En vista de que mayo se nos queda pequeño y el primer día del mes cordobés se dedica al perol obrero reivindicativo y a tirarnos flores, que es el único ejercicio en el que las puñaladas traperas del resto del año se tornan clavel -aunque con la misma mala leche-, se decidió, ya lo saben, celebrar la noche de Walpurgis en junio. Flamenca, por supuesto. El flamenco, en sí mismo aglutina a perolistas, capillitas, universitarios, madres de familia, padres divorciados, familias monoparentales, familias tradicionales, familias de los Centella o de los Meyer de toda la vida, feministas, peñistas (faltaria más), gurús de capitalidades culturales, alcadesas mutables, portavoces con y sin megáfono, sindicalistas, patronal, arquitectos de granito, niños asesores del grupo Popular, juventudes socialistas, japoneses, franceses, algún belga y a Juana Martín. Los rituales pueden ser desde una sesión espiritista por fandangos invocando a Camarón, lo que se suele conocer como Camaronada, magia flamenca por peteneras, o un mano a mano de copla española entre Carreto y Nieto, al modo de Pepe Blanco y Carmen Morell, que ha sido la novedad este año. ¿Es el flamenco de izquierdas o de derechas? Depende. Lo que sí está claro es que tenemos una pasarela de Juana Martín, entre flores, agua, río, faralaes y raza, mucha raza. Y tabernas de guardia, que no son novedad aunque sí lo ha sido una librería anticuaria nueva en la Ribera, que a altas horas de la noche estaba abierta por si alguien se decide a abrir un libro, incluso a comprarlo, y hasta a leerlo, algún técnico de cultura, pintor mural de galgos, asesor marmolillo o edil de cantes de ida y vuelta. El de la librería viste normal, no lleva ningún modelito de Juana Martín, por lo que le auguro un futuro breve y por tarantas. Ojalá me equivoque, pero es que en una ciudad tan flamenca y cultural hay gente que desentona con esa cosa que son los libros que no haya escrito algún cordobés, cordobense o cordobita y que después presentan en el Círculo, la UCO o en Plateros de María Auxiadora mientras esperas cantar de manera flamenca con la fritanga.
    El icono de la noche de Walpurgis flamenca no es una bruja, como pudiera parecer, por mucho que Blanca Ciudad se haya pintado el pelo de azul Fosforito, sino un flamenco pájaro tomándose un medio que a veces se transforma botellón- con perdón-, que yo lo he visto, aunque en esta edición los jóvenes se reunían con bolsas de plástico y botellas de sevenap y cacique en lo que se conoce como concentración de jóvenes flamencos por la cultura. Bolsas diseñadas por Juana Martín, dentro de la acción “flores, ronconcola, pelotazos, mecaigoalsuelo, y ole ole ole arsa”
    Y perfecta la coordinación de la noche blanca: llevada a cabo por los magos y brujos que portan siempre la fórmula magistral de llevárselo en cantes de ida y vuelta, gobiernen galgos en La Aduana o podencos. Eso sí que es flamenco del bueno. El que nos define. El que nos mantiene en vilo todas las noches del año mientras esperamos que de verdad, algo cambie en la ciudad sultana.

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  2. Hierbabuena

    A propósito del comentario de la librería El Laberinto a continuación transcribo el artículo de Manuel J. Albert, publicado en el País el 24 de junio

    “Como si hubiese estado perdida en sus propias calles laberínticas, Córdoba llevaba décadas sin encontrar el río. La ciudad daba la espalda al mismo Guadalquivir que fue su germen. Su ribera se terminó entregando a los murallones para evitar las inundaciones y a las carreteras, que la usaron de eje vial. Nada de peatones. Nada de vida más allá del tubo de escape.

    Hasta ahora. El paseo de la ribera de Córdoba está a punto de reabrirse casi en su totalidad. La margen derecha del río, la misma de la Mezquita y la Plaza del Potro, lleva ya unos años recuperando poco a poco su vida ciudadana, abriéndose negocios e iniciativas, la mayoría de ellas, hosteleras. Y hace 15 días se inició una nueva aventura, una librería de viejo que abre con vistas a la alameda que crece a la orilla del río, entre el puente de Miraflores y el romano. Esa librería se llama, precisamente, El Laberinto.

    Como pasa cuando uno se adentra en la Judería y el casco viejo cordobés, al asomarse a esta librería, es muy fácil perderse. Los libros que habitan los anaqueles son solo una muestra de los 80.000 títulos que engrosan los fondos reunidos por su propietario, Daniel Rodríguez (Salamanca, 1952) a lo largo de casi dos décadas de una autodiagnosticada “bibliofilia galopante”. No obstante, él mismo es facultativo de bibliotecas y responsable de la biblioteca de la facultad de Ciencias de la Educación de Córdoba.

    Hay distintas formas de perderse en El Laberinto. En sus anaqueles, uno se puede optar por ir saltando desde la Biblioteca Infantil publicada en 1940 para explicar a los más pequeños las glorias franquistas de la guerra civil —Navarra se incorpora’ o ¡Asturias por España!, escritas por El Tebib Arrumi, pseudónimo con el que firmaba el periodista Víctor Ruiz Albéniz—, a otra estantería repleta de volúmenes históricos relativos al evolucionismo, o a los tebeos de los años cuarenta (Flechas y pelayos) o ejemplares del siglo XVIII con las obras completas de Garcilaso de la Vega. La cosa es perderse. Pero, a diferencia de la ciudad, uno puede hacerlo sentado en tres mesas donde los curiosos pueden ojear durante horas los ejemplares que quieran. Y luego comprarlos, o no, antes de seguir camino por la ribera.

    “Este sitio es clave. ¿Dónde puedes tener una librería en una calle con paisaje, con los Sotos de la Albolafia al lado, con su fauna protegida?”, se pregunta alegre Daniel Rodríguez. En unos meses, el paseo donde se encuentra la librería anticuaria se prolongará hasta el Alcázar de los Reyes Católicos. Junto a los cordobeses, los turistas son los que más lo circulan. Y ellos son, curiosamente, los menos sorprendidos de encontrar un establecimiento así. “En Europa, en América, hay cultura de librerías de anticuario. En Córdoba, cerró la última hace más de 20 años, se llamaba Sierra. Y desde entonces, las librerías, en esta ciudad, no hacen más que cerrar”, lamenta.

    La suya es una iniciativa que coincide en un momento en que empresarios y comerciantes de la zona tratan de reivindicar esa privilegiada zona de Córdoba que es el río. Lo tienen fácil, cada vez hay más negocios. Han abierto establecimientos que combinan gastronomía tradicional y de vanguardia con terrazas al aire libre y el ambiente más nocturno, festivo y ruidoso.

    El Laberinto tiene en común con ellos que mantiene un horario que, afirma el propietario, es puramente cordobés. “Abrimos por la noche, a partir de las ocho, hasta que nos dé por cerrar. Y los fines de semana enteros. Incluidos los domingos”. Pero entre restaurantes y bares de tapas, El Laberinto es una cuña que reivindica un punto de sosiego a ese vaivén acelerado, una pausa de cultura impresa, de lentitud, de historia, literatura y conversación. Al menos, hasta encontrar la salida.”

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