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Diversas investigaciones han concluido que, en general, hombres y mujeres mentimos sobre sexo. Mentimos al realizar distintos cuestionarios, autoinformes y entrevistas durante una investigación, mentimos cuando vamos al médico y mentimos mucho más cuando hablamos con nuestros amigos y conocidos.

Parece que lo que realmente hacemos en la cama tiene poco que ver con lo que contamos que hacemos en la cama. Las mentiras más habituales son diferentes para hombres y mujeres.

Las mujeres mienten sobre su satisfacción sexual. Cuando se habla con mujeres de sexo, a todas les resulta facilísimo llegar al orgasmo y muchas de ellas comentan tener orgasmos sólo con la penetración de forma habitual. Las mujeres que llegan a la consulta de sexología con problemas para alcanzar el orgasmo suelen comentar cosas como: “todas mis amigas llegan” y eso las hace sentir raras, perdidas y, de alguna manera “anormales”. Lo cierto es que las investigaciones demuestran que sólo el 22% de las mujeres alcanzan el orgasmo a través de la penetración, lo que nos lleva a la pregunta, ¿me mienten mis amigas? o ¿me miente mi pareja? La respuesta es sí.

Los hombres, en cambio, mienten sobre otros temas. Principalmente ante todas aquellas preguntas sobre conductas que puedan parecer “femeninas”. Por ejemplo: ¿Escribes poesías de amor? (“No, nunca”), ¿Cuántas parejas sexuales has tenido?(“Ufff, muchísimas, ni recuerdo cuantas”), ¿Te enamoras con facilidad?(“No, eso es cosa de chicas”), ¿Cuánto tardas en superar una ruptura amorosa? (“Una tarde”). Sí, también mienten.

Parece que hombres y mujeres modificamos las respuestas sobre conductas sexuales para adaptarnos a las expectativas que creemos que la sociedad tiene sobre nosotros.

La última investigación al respecto ha añadido un elemento nuevo en el registro de las respuestas de los participantes: un polígrafo.

Tres grupos de personas respondieron varias preguntas sobre actitudes y conductas sexuales en tres situaciones diferentes. Una en la que respondían a un cuestionario confidencial. Otra en la que respondían al mismo cuestionario, pero se les decía que el investigador iba a leer sus respuestas después. Y una tercera en la que respondían a las mismas preguntas conectados a un polígrafo que, se les advertían era sensible aún contestando a las preguntas por escrito (en realidad, el polígrafo ni si quiera funcionaba).

Los resultados obtenidos sugieren que no existen tantas diferencias entre las conductas sexuales de hombres y de mujeres. Parece que la edad de comienzo de las relaciones sexuales es similar, también lo es el número de parejas sexuales y la duración de las mismas. Lo que no ha resultado tan similar es el número de mentiras.

Las diferencias entre las preguntas contestadas en el polígrafo y en los otros autoinformes no eran estadísticamente significativas en el caso de los hombres, en cambio, en las mujeres variaban de forma alarmante.

En el grupo de mujeres que realizó el cuestionario sabiendo que iba a ser leído justo después (donde la exposición al juicio social era directa) se obtuvo una media de 2´6 parejas sexuales, en el grupo del polígrafo la media fue de 4´0. Casi el doble.

¿Habéis pensado qué pasará el día que dejemos de mentir?

 

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