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Hay una manifiesta tendencia a estimar en menor medida aquellas comedias más vinculadas al romanticismo que a la ironía o a la mordacidad, en la presunción incorrecta de su facilidad o agrado para con el gran público, cuando en realidad, en tal caso, se deambula en un solar plagado de prejuicios, esquivas y suspicacias. Es más que probable que en realidad la erudición trence mal con viajes introspectivos al universo afectivo en su superficie más barroca, adornada, rosa o evidente.

Es por ello que “Sabrina“, al pertenecer al género de la comedia romántica sin ambages, nunca fue o estuvo ataviada con los calificativos suntuosos de otras obras del maestro Wilder. Grave error e improbable acierto para los que así piensen. A fuerza de ser sincero, he de reconocer que la he visitado en varias ocasiones y del calificativo inicial y torpe de comedia “agradable”, hoy pienso que estamos ante una película perfecta.

La habilidad de Wilder fue arropar toda la obra de una elegancia y sutileza llevadas al extremo. No por revestirla del glamour propio de historias que se desarrollan en el seno de familias acomodadas, con modernos edificios, despachos suntuosos, mansiones de decoración exquisita, automóviles lujosos o alta costura. La clase está en cada fotograma, en cada pausado y estudiado movimiento de cámara, contrapicados, encuadres perfectos, tanto en los planos medios como en los cortos. Se observa una armonía magistral entre la historia y su entorno y la delicada realización, formando una coalición o alianza milagrosa.

Basada en una obra de teatro al uso, con un triángulo amoroso previsible y con una bellísima Cenicienta como eje motor, nada en manos del que Fernando Trueba fijara como su credo, es común o trivial. Los diálogos son ejemplares, por momentos de una brillantez superlativa, y son conducidos por un despliegue interpretativo primoroso. Las secuencias memorables y no exentas de fina ironía aparecen y se suceden de forma inagotable. De entre todas ellas destacaría aquella en la que Sabrina abandona el enorme despacho al conocer las pretensiones de Bogart, en su intento de alejarla de su alocado y mujeriego hermano menor. En una escena memorable ella dirige sus pasos hacia la salida y un traveling recorre la enorme estancia delante de la joven y destrozada hija del chófer, dejando al fondo a Bogart, cada vez más lejano físicamente y empequeñecido moralmente, dando no sólo una lección magistral de cine, sino perfilando un discurso ético.

La transformación afectiva se me antoja sincera y franca, y asistimos al milagro de la inteligencia, de la evaporación de límites y prejuicios, a la ruptura de estructuras morales y sociales. Los encuentros fingidos se quiebran y aparecen miradas profundas, inocentes y lánguidas. El romanticismo más alejado de lo añejo o rancio se sirve de un formato clásico y tópico, pero en ese milagro que solo los genios saben alcanzar, todo parece nuevo y distinto.

No solo el romanticismo está dibujado de forma exquisita y veraz por la mano maestra de Wilder, igualmente podemos hablar de una sucesión precisa de guiños, análisis, juicios y reproches sociales, con especial saña hacia las falsas y retrógradas conductas morales, si bien adornado de sabio sarcasmo. No hay en Wilder ensañamiento o crítica vil, en realidad es un maestro de esa mirada comprensiva pero implacable, evidente pero siempre tierna.

Cuanta razón tenía Trueba al decirnos que él no creía en Dios, sí en Billy Wilder, pues ver una de sus películas es lo más parecido a estar en el paraíso.

ASIS

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3 Respuestas

  1. Jade Queen

    ¡¡Exquisita¡¡ Un clásico al que siempre, de vez en cuando, hay que volver. Gracias, ASIS, por traérnosla aquí tan bien comentada.

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  2. Betica

    Sabrina!!!! Una de mis favoritas. Romántica, sutil, ironica y divertida. Es de las que gusta volver a ver. Me ha encantado cuando explicas la realización de las escenas. Gracias.

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  3. Casandra

    Gracias, ASis. Preciosa y exhaustiva crítica. Me quedo como definición de esta obra maestra con el ”sabio sarcasmo”. La hermosa y elegante Audrey Hepburn resplandece en la pantalla, como siempre -me extraña que Peix no haya hecho ninguna aportación a este post- . Sin embargo, para mí, Bogart da una nueva lección interpretativa. Bogart es el sabio tierno, que intenta protegerse con la careta del sarcasmo. El desenlace final nos da cuenta de su valía ética, frente a otros personajes pequeños, ante la cámara e interiormente.

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