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Autor: Francisco de Salinas, siglo XVI. La época dorada de la música española. El imperio en su apogeo.

A pesar de que hemos traído a este foro piezas de muy buena calidad, creo que esta es, sencillamente, exquisita, deliciosa. Pero, para apreciarla, tenemos que leer la letra a la par que escuchamos la música. Tiene momentos de una dulzura inusitada, increíble; son los pasajes en los que interviene Montserrat Figueras.

La historia es muy entrañable, y la forma de contarla muy hermosa.  Jamás he visto una forma más elegante y tierna de contar como un hombre y una mujer se entregan a la pasión. Otra vez, de la mano del genial Jordi Savall, y su grupo Hesperion XXI, Capella Reial de Catalunya.

Aquí tenéis la letra. Es un auténtico privilegio. Espero que os guste.

Media noche era por filo,
los gallos querían cantar,
conde Claros con amores
no podía reposar;

dando muy grandes sospiros
que el amor le hazía dar,
por amor de Claraniña
no le dexa sosegar.

Quando vino la mañana
que quería alborear,
salto diera de la cama
que parece un gavilán.

Tráele un rico cavallo
qu’ en la corte no ay su par,
que la silla con el freno
bien valía una ciudad.

Y vase para el palacio
para el palacio real,
a la infanta Claraniña
allí la fuera hallar.

-Conde Claros, conde Claros,
el señor de Montalván,
¡cómo aveys hermoso cuerpo
para con moros lidiar!

-Mi cuerpo tengo, señora,
para con damas holgar:
si yo os tuviese esta noche,
señora a mi mandar.

-Calledes, conde, calledes,
y no os queráis alabar,
el que quiere servir damas
assí lo suele hablar.

-Siete años son pasados
que os empecé de amar,
que de noche yo no duermo,
ni de día puedo holgar.

Tomárala por la mano,
para un vergel se van;
a la sombra de un aciprés,
debaxo de un rosal,

de la cintura arriba
tan dulces besos se dan,
de la cintura abaxo
como hombre y muger se han.

Por ahí pasó un caçador,
que no devía de pasar,
vido estar al conde Claros
con la infanta a bel holgar.

El caçador sin ventura
vase para los palacios,
a do el buen rey está:
“una nueva yo te trayo”.

El rey con muy grande enojo
mandó armar quinientos hombres
para que prendan al conde
y le hayan de tomar.

Metiéronle en una torre
de muy grande oscuridad,
las esposas a las manos,
qu’ era dolor de mirar.

Todos dizen a una voz
que lo hayan de degollar,
y assí la sentencia dada
el buen rey la fué a firmar.

La infanta qu’ esto oyera
en tierra muerta se cae;
damas, dueñas y donzellas
no la pueden retornar,

-Mas suplico a vuestra Alteza
que se quiera consejar,
que los reyes con furor
no deven de sentenciar.

El buen rey que esto oyera
començara a demandar;
el consejo que le dieron,
que le haya de perdonar.

Todos firman el perdón,
ya lo mandan desferrar,
los enojos y pesares
en plazer ovieron de tornar.

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