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 Cuando cada mañana atravieso el parque de los Patos y me acerco a la antigua Rosaleda que, rodeada por una valla, no logra ocultar a la vista el erial de desolación y maleza en que la han convertido la estulticia de unos políticos de pacotilla que nos desgobiernan, me vienen a la memoria los denodados esfuerzos que ciertos grupos realizaron en su día para frenar este atropello, sin lograr un compromiso para cambiar la ubicación de la Biblioteca.
Había que dar paso a la ¿cultura? ¿Qué más dan otras razones si para estos “sabios” esas eran las buenas?
Y no es eso lo peor, el daño ya está hecho y magnificado el destrozo. Lo peor es la pérdida de belleza producida sin control y sin remedio; el arranque inmisericorde de flores y plantas para nada; la pérdida de un entorno amable y armonioso, en suma. ¿Acaso es poco?
Pero aún es peor la falta absoluta de castigo, de depuración de culpas, de responsabilidades de los “ artífices” que dieron lugar al atropello y que condenaron “sine die” a desierto un lugar de singular belleza.
¿Para cuándo exigir en un solo grito atronador que estamos hartos de políticos ineptos, malversadores, corruptos, de banqueros que se blindan, de políticas de necios ejercidas por sus necios servidores, de poltrona y mamandurria?
Cuesta aceptar situaciones de injusticia como éstas que, por otro lado, cada día vivimos con mayor frecuencia y más aún en una región como la nuestra, diezmada por el paro, la pobreza, el desamparo, el desahucio… la miseria.
Blanca Martínez
Córdoba.

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3 Respuestas

  1. Casandra

    La Biblioteca del Estado fue un proyecto que se gestó cuando la cordobesa egabrense, Carmen Calvo era ministra de Cultura. Un buen proyecto que, sin embargo, erró en un punto fundamental, su lugar de ubicación, los jardines de la Agricultura, popularmente conocidos como Los Patos. Justo en la más hermosa rosaleda que hemos disfrutado en esta ciudad en la época contemporánea.

    Esta capital de la cultura y del desatino, en muchas ocasiones, cuenta con un sinfin de edificios monumentales que, una vez rehabilitados, podrían acoger la más magnífica biblioteca del mundo, o cualquier otra infraestructura social, cultural incluso empresarial. Esta ciudad patrimonial y senequista dispone de infinidad de terrenos privados y públicos para ubicar en ellos, si esa era la pretensión, una nueva infraestructura cultural.

    Sin embargo, alguien tomó la decisión de situar la Biblioteca del Estado justo en la Rosaleda de Los Patos. Y para ello, la primera actuación que ordenó fue su destrucción. Había que realizar unas catas arqueológicas en el punto donde iría apoyado el edificio.

    De nada sirvió la oposición popular, las quejas del pueblo, sus protestas, sus denuncias, sus firmas, sus reivindicaciones y manifestaciones. “Estas labores definirán el espacio que ocupará el inmueble sin afectar a los vestigios del pasado. De ello dependerá el proyecto de ejecución”, explicaban los arquitectos. “Ni la rosaleda ni ninguna especie arbórea corre peligro”.

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  2. Amikitas

    Me ha gustado mucho lo que has escrito y como lo has escrito Blanca Martínez. Suscribo todo lo que dices y estoy de acuerdo que Córdoba podía ser más hermosa si no fuera por estos políticos de pacotilla que nos gobiernan y que sin duda no tienen ni idea de Arte ni de política urbanística. Son muchos los destrozos que en mi opinión han hecho en la ciudad.

    Responder

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