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Una buena salud psicológica y la incorporación de unos hábitos de vida saludables requieren de la motivación y la actitud de la persona.

Somos el resultado, en proporciones desiguales, de la genética, las circunstancias y de nuestra intención.

La genética y las características estables de la personalidad, esas que apenas cambian a lo largo de la vida sean cuáles sean las circunstancias, tienen mucho que decir,  un 50% . Aunque los avances en investigación son espectaculares aún hemos de asumirla sin más.

Las circunstancias, en cambio, sólo son responsables del 10% del bienestar personal. Las negativas, están sobrevaloradas como responsables de nuestros fracasos o como impedimento para lograr lo que queremos en la vida.

El resto, un respetable 40%, corresponde a la capacidad que podemos desarrollar para lograr el bienestar psicológico. Es un porcentaje muy alto del que disponemos  y que se evidencia en nuestra intención; las actitudes y las motivaciones dependen de nosotros mismos y al contrario de lo que ocurre con las circunstancias, solemos infravalorarlas a la hora de creer en nuestra capacidad de mejora.

Cuando no conseguimos lo que queremos –no tener problemas, que cada uno asuma su responsabilidad en el trabajo o en casa, un novio/a- solemos buscar fuera al causante: la genética tiene bastantes fans, pero las circunstancias de la vida son la estrella del espectáculo, en cambio la intención es el pariente pobre, casi nadie se acuerda de ella.  Grave error.  Si hiciéramos una encuesta entre nuestros amigos y familiares para saber qué es lo que más desean en su vida, después de enumerar bienes materiales y alguna que otra idealización,  si seguís indagando la mayoría dirá que ser feliz y, además, añadirán seguramente, que se conforman con poco. ¿Por qué entonces no somos perseverantes, adoptamos una actitud positiva e identificamos y mantenemos las metas que nos motivan?

Creo que, en general, es porque no sabemos, porque no nos han enseñado, estamos demasiado ocupados en enseñar y aprender a conseguir objetivos materiales, externos a nosotros que creemos nos darán la felicidad, un buen empleo, una novia, un coche o una moto, una casa en la playa.

Cuando uno mismo se presta atención y toma la decisión de estar mejor porque se esté mal o porque se quiera mejorar, utilizando ese 40% que está a nuestra disposición, las emociones positivas suben como la espuma, la alegría, el orgullo de uno mismo, la satisfacción, nos llevan a ganar autoconfianza, seguridad, flexibilidad o creatividad. Desde ahí, desde esa posición estamos mejor preparados para interpretar lo que nos ocurre con el menor coste posible de bienestar y durante el tiempo estrictamente necesario, nada de dedicarnos a rumiar el malestar.

Es muy gratificante colaborar, en eso consiste una parte de mi trabajo, con personas que aún teniendo mucho no tienen lo fundamental para ellas, su bienestar, lo han perdido y no saben cómo ni dónde.

Este artículo de hoy va dedicado a una de esas personas; sigue teniendo lo que tenía, trabajo, familia, amigos, ilusiones y ahora, además lo disfruta plenamente. Ella dice, es muy guasona, le encantan los carnavales,  que todo el mundo debería contar con una pilar en sus vidas.

Gracias por darme la oportunidad de seguir desarrollando mi cuarenta por ciento.

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