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Allá por los años noventa, comenzó a irrumpir en nuestros hogares y de una manera exponencial, la apertura al conocimiento con unos pocos clics de distancia; llegó la era de Internet. Esto provocaría que las fuentes de la información no volvieran a ser igual.

Hasta entonces, las personas podían conocer información de buena mano, tanto en medios de prensa escritos: revistas, periódicos, manuales, … hasta las radios o televisiones, o bien buscarse una buena biblioteca que nos aportara luz a todas nuestras dudas.

La información, de algún modo, estaba controlada por las principales empresas y gobiernos de los países y se consumía a cuenta gotas, en comparación a hoy en día.

La rapidez de transmisión de información dependía en grado alto de la rapidez de lo que se denominaba “el boca a boca” con escasa o nula posibilidad de contrastar dicha información, con lo que el desconocimiento era amplio sobre diversas materias, sobre todo cuando lo que se pretendía era eso, generar confusión y que se desconociera la verdadera realidad de las cosas.

Hoy en día, sufrimos a diario precisamente todo lo contrario, pero con similares efectos. El exceso de información al que nos vemos sometidos, nos confunden más que nos iluminan, y nos hacen ardua la tarea de contrastar noticias que provienen de distintas fuentes -fiables y no tan fiables-.

Los medios de prensa, y más en el mundo económico, social y político en el que nos encontramos, se deben más que nunca a “la mano que le da de comer” y la información que proviene de dichos medios, queda total y absolutamente adulterada y a merced de cuestiones políticas y personales, más que cuestiones meramente informativas.

La teoría antigua de la comunicación: “formar, informar y entretener” ha quedado a un segundo plano. Todo pasa por la maquinaria de la prostitución periodística, de la manipulación, del empeño, desempeño y dictadura del ideal subvencionado, dejando a un lado lo que realmente acontece, por lo que realmente nos quieren contar.

Esto, y por poner una similitud, es como si nos vamos a un supermercado a por una Coca Cola y nos venden una lata de anchoas, argumentando que la Coca Cola es muy nociva para la salud. Lo peor de todo es que si vas al supermercado de enfrente, quizá te diesen por la misma Coca Cola un bote de mayonesa, y argumenten que las anchoas tampoco sean buenas para nuestra salud.

Eso si, ahí vamos con nuestras anchoas o nuestro bote de mayonesa bajo el brazo, pensando que hemos hecho bien, y lo peor de todo, dando lecciones de vida del por qué de nuestros pensamientos -sin conocer que sean los de otros-.

Y ahora la moda, alguien dice que la lata de anchoas a matado a mil periquitos y dos gorriones y miles de personas lo tuitean, lo comparten, y algunos medios de prensa lo colocan en sus páginas principales. Todo sin contrastar nada, como si la noticia viniera de los dioses todopoderosos que todo lo saben.

Y es que hasta en las noticias de mediodia, éstas que en teoría están para contar la información de manera escueta, directa y real, han dejado de ser eso, y se han transformado en una opinión -como esta columna- como si nos intesara lo que opina el señor periodista, y para más cachondeo al tema, pongo otro ejemplo; como si vamos a una plaza de toros a ver a un torero su faena, y este se pone a cantar flamenco -que por otro lado, ya nos gustaría a muchos, al menos nos ahorraríamos disgustos animales-.

Que si se quiere conocer noticias sesgadas de política, tan sólo tenemos que escuchar a cualquier político, y si se quiere noticias sesgadas de fútbol, tan sólo tenemos que escuchar a un profesional de ese deporte, pero ¿un periodista?, ¿qué tiene que aportar un periodista de eso?, además de su profesionalidad para contar las cosas tal como suceden.

Queda claro que el control de la noticia la siguen teniendo los mismos, con lo excepcional de que cuando no se quiere contar algo, antes no se contaba y ya está, ahora hay exceso de información para desviar el tema, para enmarañarlo o para simplemente que no aparezca.

Las propuestas están sobre la mesa; por un lado la gran empresa y los gobiernos, dirigiendo todo lo que pueden dirigir para sus bondades, por otro los ciudadanos más activos en las redes sociales tratando de imponer a base de casi spam su forma de pensar. En medio de esta guerra de información nosotros; con botes de mayonesa o latas de anchoas por Coca Colas, y escuchando cantar flamenco a los toreros. Así nos va.

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