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“¿Qué tiene tu veneno?

que me quita la vida solo con un beso,

y me lleva a la luna

y me ofrece la droga que todo lo cura.

Dependencia bendita,

invisible cadena que me ata a la vida.

Y en momentos oscuros

palmadita en la espalda y ya estoy más seguro”

Rojitas las orejas, Fito y los Fitipaldis

 

¡Oh! ¡El amor! Ese sentimiento único y ardiente. Esa ola de sensaciones que nos invade y nos deja sin habla y sin respiración. Oda a la que cantan cantantes y escriben escritores. Emoción espesa que se filtra por todas las rendijas de nuestra vida. Porque cuando estás enamorado, nada más importa. Nada más existe.

 

“I Could stay awake just to ear your breathing (…)

 I Could spend my life in this sweet surrender”

I don´t wanna miss a thing, Aerosmith

 

Bonito, ¿verdad?. Pues los investigadores en neurociencia lo han desmitificado. Porque las mariposas en el estómago, la pasión y urgencia sexual, la euforia y la necesidad de fusionarte con la otra persona vienen determinadas por nuestro cerebro.

Pero tranquilos, eso no le quita al amor ni una pizca de su belleza.

En una relación amorosa, se dan tres fases: deseo, amor romántico y apego; y en cada una se producen diferentes alteraciones cerebrales.

 

 

“Llega en tu braguita el amor de visita”

A fuego, Extremoduro

 

La fase inicial, la de DESEO se caracteriza por una fuerte necesidad de gratificación sexual, provocada, como no, por las hormonas sexuales. La testosterona y los estrógenos hacen de las suyas y generan una elevación de nuestro deseo sexual hasta límites insospechados. El placer físico se convierte en casi la única necesidad que cubrir.

El cuerpo se prepara para el sexo, porque durante las relaciones sexuales segregamos suficientes sustancias químicas como para crear lazos, sentir placer y generar todo tipo de emociones positivas. Cubrimos así tres necesidades básicas: biológicas, psicológicas y sociales.

 

“No sé qué me das,

que me hace volar

más alto de lo que nunca soñé”

No sé qué me das, Fangoria

 

Tras este periodo, entramos en la fase de AMOR ROMÁNTICO. La pasión invade nuestras vidas. Nuestro cuerpo y nuestro ser se retuerce en un baile de cambios de humor, euforia, obsesión y deseo sexual.

Todo a nuestro alrededor es maravilloso. El cielo es más azul, la hierba huele mejor, no tenemos hambre ni sueño ni tiempo que perder. Todo en nosotros está a flor de piel y es porque en nuestro cerebro se produce un incremento bestial de dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que está asociado a la activación, a la motivación y al placer.

Nos sentimos tan bien, que dejamos de ver los aspectos negativos de las situaciones. Se produce en nuestro cerebro una deformación perceptiva, un sesgo hacia la maravilla y la belleza de la vida. Agrandamos las virtudes e ignoramos los defectos de la persona amada.

“Well my hands are shaky and my knees are weak
I can’t seem to stand on my own two feet
Now who do you thank when you have such luck?
I’m in love
I’m all shook up”

All shook up, Elvis Presley

 

Pero no sólo eso. Nuestro cuerpo también está alterado. El enamoramiento activa inicialmente una respuesta de estrés que desencadena la liberación en nuestro organismo de adrenalina y cortisol. ¿Y que nos provoca eso? Aumento de la tasa cardiaca y de la sudoración, sensación de boca seca, tensión muscular… Un verdadero baile de sensaciones físicas que, en esta ocasión, percibimos como algo positivo y electrizante.

 

“Every breath you take,

every move you make,

 every bond you break,

 every step you take,

 i´ll be watching you”

Every breath you take, The Police

 

Y para colmo, la obsesión. Todo nos recuerda a la persona amada. La vemos en todos sitios. Recordamos su olor, su sabor, su calor. Somos capaces de darle vueltas una y otra vez al mismo momento, a la misma conversación, la misma sonrisa. Nuestro cerebro esquiva continuamente cualquier otra actividad para volver a esa persona.

Porque cuando nos enamoramos, los niveles de serotonina descienden. Curiosamente el patrón de comportamiento de este neurotransmisor durante el enamoramiento es el mismo que el que se produce en personas que tienen un trastorno obsesivo-compulsivo.

 

“Y hallé alguien con quien andar

Y hallé alguien con quien soñar”

El camino, Warcry

 

Si seguimos adelante, si el amor, nosotros y las circunstancias superan este periodo ardiente, llegaremos a la tercera fase: el APEGO.

La oxitocina y la vasopresina son dos hormonas que nos ayudan a consolidar nuestra relación de pareja. Nos ayudan a crear vínculos y a convertir la pasión, la urgencia y los “subidones” emocionales en intimidad, estabilidad y bienestar. Pasamos del enamoramiento al amor. Del “rollete” a la pareja.

Y a todos aquellos que penséis que esta etapa es mucho menos impresionante que las otras dos, os recuerdo esta canción de Elton John.

 

“How wonderfull life is while your in the World”

Your Song, Elton John

 

Y también que nuestro cuerpo y nuestro cerebro no resistiría demasiado tiempo con tales niveles de activación, estrés y tensión.

Este artículo tiene banda sonora, por supuesto:

 

 

Y su inspiración me llega desde la persona que sacude mis neurotransmisores cada día. Pero no puedo terminarlo sin citar al genio que cantó al amor en todas sus versiones, hagámosle caso…

 

“Let´s do it

Let´s fall in love”

Let´s do it, Cole Porter.

 

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