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Las personas pesimistas y optimistas se enfrentan a la vida de forma diferente. Desde distintas disciplinas se ha investigado cómo el optimismo está relacionado con mejores resultados en diferentes aspectos de la vida. Por ejemplo, se sabe que los optimistas tienen menos pensamientos ansiosos que los pesimistas, un nivel menor de autocrítica y son mejores resolviendo problemas. El optimismo se ha relacionado incluso con un mejor estado general de salud física.

Parece que ser optimista puede facilitarnos la vida. Por suerte para nosotros, el optimismo no es innato, es una habilidad y, como tal, puede ser aprendida y mejorada. Aquí hay seis aspectos de los optimistas de los que podemos aprender.

1. Hacen un uso óptimo de todas las opciones posibles.

Muchas personas se sienten irritadas ante aquellos que son “demasiado optimistas”, pero eso se debe a la confusión entre optimista e idealista. Un optimista no es un iluso, no niega la realidad ni está ciego ante las desgracias de la vida. El optimista baraja todas las opciones posibles sin importar cuán restringida sea una posibilidad. Como resultado, la gente optimista puede ver mejor todo el conjunto y toda la situación. Son capaces de visualizar y manejar un mayor número de posibilidades. En otras palabras, un optimista es sólo un realista positivo.

Comparándolos, un idealista se centra solo en los mejores aspectos de una situación e ignora los negativos, en total detrimento de la realidad; un pesimista no ve ninguna posibilidad; y un optimista se esfuerza por ver todas las posibilidades para encontrar la mejor opción.

2. Se respetan a sí mismos por quienes son

Los niños corren, saltan, nadan, cantan y bailan abiertamente, sin preocupaciones, como si nada importara y les diera igual lo que cualquiera piense de ellos. Cuando somos niños no necesitamos la aprobación de todo el mundo ni la buscamos ni somos conscientes de que sea importante. En cambio, cuando vamos creciendo y nos hacemos adultos, la presión de nuestro grupo de iguales, nuestra cultura y la sociedad, empiezan a hacer mella en nosotros. Empezamos a compararnos con todo el mundo a nuestro alrededor. Juzgamos y medimos nuestro cuerpo, nuestro estilo de vida, nuestra carrera y nuestras relaciones comparándolas con la vida de otras personas. Empezamos a centrarnos en lo que no tenemos y en lo que no somos, en lugar de apreciar todas las cosas maravillosas de nuestra vida.

Los optimistas se defienden a sí mismos de este autodesprecio de dos maneras. Primero, suelen confiar en su propia intuición cuando se trata de actividades diarias. No buscan la aprobación de todo el mundo, simplemente hacen lo que ellos creen que está bien.

Segundo, los optimistas no se juzgan a sí mismos según las ideas de otros. Dejan a un lado las expectativas externas y se quedan con la idea de que ellos suelen ser suficientemente buenos como son, incluso aunque pudieran ser más fuertes o más sabios.

3. No asocian éxito y felicidad

Los optimistas se sienten a gusto con su vida en general. Para encontrar ese nivel de felicidad has de estar contento contigo mismo. La felicidad, después de todo, es un trabajo interno.

Si buscas la felicidad en cosas externas, atándote a unas metas específicas que debes cumplir tendrás dos grandes problemas:

– Puede que nunca tengas éxito: si te propones una meta y no la consigues, te sentirás infeliz. Cuando esta asociación se repita en varias ocasiones, cada vez te sentirás peor y llegará un momento en que no podrás conseguir tus metas por que creerás que no eres capaz.

– Puedes alcanzar tus metas con éxito y decidir que quieres un poco más: si sientes que hay algo que está mal en ti e intentas arreglarlo y lo consigues, es probable que encuentres otra cosa en ti que también “deba” ser arreglada. Puede que hayas perdido 20 kilos, pero ahora querrás unos abdominales más fuertes. Puede que ya hayas pagado tu deuda al banco, pero ahora quieres ahorrar para tener más dinero. Es un círculo vicioso e interminable que abarca toda tu vida. Nunca termina, porque siempre estás buscando la felicidad en logros externos.

Los optimistas no asocian la consecución de metas con la felicidad y se dan permiso a sí mismos para ser felices independientemente de sus logros. Esto no significa que sean conformistas. Tienen metas, trabajan duro para conseguirlas, ayudan a otros y evolucionan, pero aprenden a tratarse con cariño en a lo largo de su vida. Disfrutan del viaje, no solo del destino.

4. Evitan a la gente negativa y crean positividad

Eres tan bueno como la compañía que eliges. Si pasas demasiado tiempo rodeado de gente negativa hay muchas posibilidades de que no encuentras nada con lo que ser feliz. Hazte un favor y evita la negatividad de los demás. Rodéate de amigos positivos y que te apoyen; juntos podréis hacer cosas que os hagan sonreír.

El optimismo se aprende como un hábito y es contagioso. Así que rodéate de gente que pueda “infectarte” con su positividad y luego trasmite tu estado de ánimo a otro amigo o a un extraño a través de buenas palabras y acciones (dile a un amigo lo guapo que está hoy, cédele tu sitio en la cola del supermercado a alguien con pocas cosas). El simple acto de hacer algo agradable por los que están a tu alrededor te ayudará a crear más gente positiva con la que interactuar.

Lo importante es que la vida es demasiado bonita y corta como para malgastar el tiempo con gente que no te trata bien. Rodéate de gente que te levante cuando estás triste y luego devuélveles el favor cuando puedas.

5. Los optimistas esperan que la vida tenga altibajos

Que uno sea una persona optimista no significa que no tenga días malos. Los tendrá. La vida no está siempre llena de mariposas y arco iris.

Esperar que la vida sea maravillosa todo el tiempo es como esperar nadar en un océano cuyas olas solo lleguen a la orilla, pero nunca rompan con fuerza. Sin embargo, cuando reconoces que las olas fuertes y las suaves forman parte del mismo océano, eres capaz de estar en paz con la realidad y con sus subidas y bajadas.

Importante: prepárate para las bajadas y optimiza las subidas, las primeras te hacen sabio y las últimas te hacen optimista.

6. Los optimistas usan gestos y lenguaje positivos.

No siempre determina nuestro estado de ánimo, pero la manera en que verbalizamos y expresamos lo que nos pasa es importante. Por ejemplo, cuando un optimista experimenta un suceso de éxito suele decir: “es lo que había imaginado, estudié mucho y obtuve resultados”; en cambio un pesimista dirá: “¡Madre mía que suerte he tenido de aprobar el examen!”. De esta manera, el pesimista no se atribuye el éxito de sus actos.

Si un optimista tiene que resolver un problema y no lo consigue, se dirá a sí mismo algo parecido a esto :“O las instrucciones no están claras, o este proyecto va a requerir más esfuerzo del que esperaba o quizá, simplemente, tengo un día tonto”. En otras palabras, una persona optimista usará un autodiálogo positivo para mantener las dificultades como algo externo (las instrucciones), específico (más esfuerzo) y temporal (un mal día); mientras que el pesimista se culpará a sí mismo del problema e interpretará las mismas dificultades como internas, globales y duraderas.

Así que, ¡adelante!, seguid los pasos del optimista generando un autodiálogo positivo que refuerce tanto vuestros éxitos como vuestros fracasos.

Poco a poco, con pequeñas acciones, podemos ajustar nuestra actitud para volverla más y más positiva y, así, poder disfrutar de las ventajas que tienen los optimistas. Después de todo, depende de nosotros enfrentarnos a las situaciones con una u otra actitud. Además, ¡ser optimista es gratis! ¡Probadlo!

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Una Respuesta

  1. Rasspu Rass

    Totalmente de acuerdo con tu acertada exposición. No se si estaré equivocado, pero siempre he relacionado el optimismo de una persona con el tipo de infancia que ha vivido, me explico, si tus padres desde pequeño creen en ti, te apoyan y te hacen sentir importante, y en tu entorno familiar reina la armonía y en cierto modo, la alegría, tienes una altísima probabilidad de convertirte en un adulto optimista, y a la inversa.

    Responder

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