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Dice un guía turístico de Cáceres que esta ciudad es una gran desconocida porque así como todo el mundo relaciona inmediatamente a Córdoba con su Mezquita, a Granada con la Alhambra, a Segovia con su Acueducto romano, o a Cuenca con las Casas Colgadas, el viajero que ha llegado a Cáceres, porque ya es lo último que le queda por visitar, se asombra ante la espléndida Ciudad Monumental.

Así es, desgraciadamente. Extremadura ha sido la gran olvidada en el mapa nacional durante muchos años, y por eso, tampoco su Ciudad Monumental ha sido muy difundida, a pesar de que desde hace 26 años cuenta con la Declaración de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Desde entonces, es cierto, que hasta el propio cacereño ha sido más consciente de que tiene un tesoro en su casco antiguo, fruto también de esa desidia histórica que ha dado como resultado que no se hicieran muchas remodelaciones, ni cambios de uso en sus casas fuertes y palacios, hasta el último cuarto de siglo cuando ya ha sido reconocido y, por tanto, vigilado cualquier cambio de estructura.

El resultado es que hoy en día tenemos en Cáceres uno de los conjuntos medievales y renacentista mejor conservados del mundo, y que a ojos del visitante que llega por primera vez, es, sencillamente, asombroso, y a ojos de los que tenemos el privilegio de vivir aquí, es todo un orgullo pasearlo y mostrarlo, tanto a la luz del día cuando el sol permite disfrutar de los jardines de estas casas y palacios, y hace evidente sus escudos, gárgolas, y ornamentos arquitectónicos, como de noche, donde una iluminación que en su momento consiguió un premio europeo, la convierte en un recinto sinuoso y misterioso donde parece que un caballero andante va a aparecer de cualquier rincón en un momento dado.

El conjunto monumental tiene varios itinerarios. La mayoría hacen hincapié en diferenciar la zona intramuros, de la que queda fuera de la muralla y señalan palacios como el Carvajal, Mayoralgo, Golfines de abajo, la Casa de los Moraga, la casa del Sol, las Veletas, la casa de los Caballos, o plazas como la de Santa María, San Jorge, San Mateo, y las Veletas como imprescindibles.

Para mí, además de todas ellas, son imprescindibles la visita a la higuera centenaria del patio de Carvajal, el pequeño y acogedor jardín de Ulloa, la Torre de los Pozos y sus vistas a la Ribera del Marco, el aljibe y la cisterna de la iglesia de San Francisco Javier en lo que hoy en día es el centro de interpretación de la Semana Santa,  el aljibe árabe del palacio de las Veletas sobre el que últimamente estudian si fue una antigua mezquita árabe, y dar un paseo por la judería o la Plaza Mayor.

También es imprescindible probar la Torta del Casar, ese queso cremoso de oveja, los embutidos de bellota, la patatera, o los vinos de la denominación de origen Ribera del Guadiana, como Payva, Lar de Lares o Tentudía.

Más recientemente he incorporado otro lugar muy recomendable, la Fundación Helga de Alvear, que contiene parte de la colección de arte contemporáneo de la coleccionista alemana del mismo nombre. Y desde que llegué a Cáceres, para mí hay otro imprescindible, aunque esta vez a varios kilómetros de la ciudad, en un pueblo que se llama Malpartida de Cáceres, el monumento natural de Los Barruecos.

El entorno es un lujo paisajístico. Enormes canchales de granito, con nidos de cigüeñas en la mayoría, rodeando un pequeño pantano hacen del espacio un lugar singular.

En este entorno se sitúa un edificio que en el siglo XVIII fue un lavadero de lanas muy importante, el mayor de Extremadura, donde trabajaban cien personas, y esquilaban miles de ovejas de paso por la Cañada Real que partía hacia Soria.  Este edificio desde los años 80 alberga el Museo Vostell-Malpartida.  El contraste no puede ser mayor. Una antigua industria de lanas, reconvertido para exponer la obra del revolucionario artista alemán Volf Vostell, creador del movimiento Happening-Fluxus, que decidió quedarse en estas tierras por su matrimonio con una malpartideña.

Este artista deja en su obra una gran crítica social y política del siglo XX y echa mano para sus creaciones de los instrumentos que en la época más influencia han tenido, radios, televisores, coches, motos… todo ello acompañado de mucho hormigón, cadenas, platos vacíos, panes, pianos, y la intervención del hombre en los happening con los que los ilustraba.

El resultado de este imprescindible cacereño es que el visitante se queda boquiabierto. Ayer pude comprobarlo con cuatro flores del desierto. Ojos como platos, mandíbulas desencajadas, expresiones de asombro…

Es muy gratificante ver cómo lo que para una es imprescindible, a personas que admiras le parecen igualmente sorprendentes.  Es muy gratificante reconocer que vives en un lugar privilegiado y que no por desconocido y pequeño es menos interesante. Es muy gratificante poder invitar a personas sabiendo que nunca se van a ir insatisfechas de una visita a Cáceres y su entorno.

Gracias por vuestra visita, y a cualquier otra flor del desierto que quiera venir, que sepa que será bienvenida.

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4 Respuestas

  1. Pasionaria

    Todo un placer Brezo, Cáceres es preciosa , sorprendente, acogedora y la calidez de sus gentes ha hecho que el fin de semana de ola de frio se pase volando.
    Gracias porque si Cáceres es acogedora, tu como anfitriona lo eres más aún.
    Felicidades por tu ciudad y por tus estupendas amigas, nuestras amigas, flores del desierto cacereño que nos hicieron pasar una noche deliciosa.
    NAMASTE.

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  2. Casandra

    Aunque ya conocía Cáceres, me ha encantado reconocerla. Es un decorado medieval perfecto para perderse en la historia y abstraerse del mundanal ruido. También ha sido un placer conocer a las flores del desierto cacereño. Todas muy merecedoras de pertenecer a este oasis fantástico que hemos conformado. Fue una noche muy divertida. ¡¡Saludos también a Vicente, Sergio y Elisa¡¡

    Pero …., de este viaje destacaré dos cosas, la calidez con la que nos ha acogido nuestra magnífica anfitriona y guía excepcional. Y…….. -tatatachán—- el paraje de los Barruecos, junto con el museo Vostell-Malpartida. Ese dúo singular ha sido la sorpresa de esta visita a Cáceres. Magnífica fusión entre naturaleza y arte, entre pasado y presente. De verdad te digo, Brezo, que la cara de sorpresa correspondía, exactamente, a lo que sentí cuando traspasé aquella puerta de la nave donde se pesaba la lana y esquilaban las ovejas en siglos pasados y, en un instante, me sentí en el MOMA neoyorkino. Tan moderna me pareció la obra de Vostell. Y después, conociendo su mensaje, su inquietud, su crítica a la sociedad del siglo XX, su genialidad, sentí que nada más por ese descubrimiento ya habría valido la pena el viaje. Enhorabuena a todos los cacereños por su rico patrimonio y por lo bien que lo conservan. Y muchas gracias por todo, querida Brezo, siempre reencuentro en tí mi parte más risueña y feliz.

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  3. Hierbabuena

    Pasar a través del Arco de la Estrella es pasar a través de un túnel del tiempo, es retroceder de repente varios siglos para encontrarte con una ciudad medieval preciosa, llena de grandes monumentos a un lado y a otro, mires donde mires te encontrarás con algo que llame tu atención. Un ambiente entrañable y acogedor, que de noche se convierte en misterioso y poético.
    La ruta guiada nocturna teatralizadas fue genial, que friooo, pero que divertido, Vicente y Patxidifuso, geniales, después la cena, ruidosilla, pero deliciosa, buena comida y buen vino, las flores cacereñas, muy ,pero que muy ,muy, agradables, y cordiales.

    El día tan soleado con el que fuimos obsequiadas la mañana del domingo, no tiene precio, (como la tarjeta esa…), que pena no tener mas tiempo, para recrearnos en el paisaje que Brezo nos descubrió, gracias, mil gracias, por habernos llevado a conocer Los Barruecos, impresionante entorno natural y el Museo que decir de él, Vostell impresiona, se sale de lo normal, es atípico y por eso la visita resulta tan satisfactoria.

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  4. Jade Queen

    Qué
    Qué frio fuera y cuanta calidez dentro! Cáceres será, a partir de este viaje eso para mi: la calidez del corazón de Anabel, nuestra anfitriona y el frio en sus calles, la fria noche estrellada de leyendas medievales y las calidez de la cena entre amigas

    Responder

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