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La bolsa de la playa

Toalla, bronceador, peine, teléfono, dinero, algo para leer, pañuelos, alguna prenda de ropa extra, agua, sombrero, gafas de sol, las llaves, algo para comer, algo para jugar… Estas son las cosas que cada día ella metía en la bolsa de la playa cuando toda la familia estaba de vacaciones. 

Aunque iba bastante llena ella le añadía, dependiendo de los días y sin darse cuenta, diversión, alegría, orgullo, preocupación, culpa, remordimiento, seguridad, pesimismo, autocompasión, pena, enfado, irritabilidad, esperanza, ternura, vergüenza, envidia… o cualquier otra emoción que pudiera sentir. Emociones a veces fugaces y otras duraderas, que llegaban para quedarse.

Esas emociones se traducían en comportamientos que a veces los demás no entendían, como una voz a destiempo, un silencio largo sin venir a cuento, malas caras o quejas … y la bolsa se iba llenando. Y pesaba. Repleta de situaciones y experiencias, la bolsa se le clavaba en los hombros.

Aquella mañana, mientras llenaba su bolsa, ella dudó. Un pensamiento rápido, pero certero cruzó su mente… ¿y si hoy decido qué meter en mi bolsa?

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Como a la protagonista de nuestro “cuento”, a veces nuestras emociones se generan por estímulos internos. Los primeros 10 minutos de llegar a la playa, cuando nos desvestimos, la mayoría de nosotros sentimos vergüenza, hasta que nos acostumbramos a la situación de llevar tan poca ropa. Otras veces existe algún estímulo externo que desencadena en nosotros una emoción. Un gesto de cariño nos hace sentir amor o ternura y una mala cara, quizá desencadene en nosotros un enfado. Pero las emociones, al final, siempre dependen de nosotros. Por eso cuando expresamos una emoción solemos decir  “me siento…”

Podemos cambiar la bolsa de la playa por la mochila para salir al campo o por el coche repleto para irnos al pueblo. Da igual. Cada uno tenemos experiencias diferentes y situaciones propias, pero algo en común: ser persona y tener emociones.

Ser conscientes de nuestras emociones y de cómo afectan a nuestra manera de comportarnos es una ventaja enorme a la hora de elegir qué queremos llevar en la bolsa de la playa y en la bolsa de nuestra vida. Porque no podemos evitar sentir una emoción, pero sí podemos decidir qué importancia le damos y cuanto tiempo queremos llevarla en nuestra bolsa.

Las emociones se forman muy rápido. Las percibimos como un flechazo certero que se nos clava y nos inunda de sentimiento. Pese a su velocidad existe un proceso en su génesis. Para que exista una emoción es necesario un pensamientoDe pensamientos distintos se formarán emociones diferentes. Este es el motivo por el que dos personas no sienten lo mismo ante la misma situación.

Si al preparar el café por la mañana, se cae la cafetera manchando media cocina se pueden desencadenar tantos pensamientos como personas existen en el mundo y cada uno de ellos generará emociones diferentes. Por ejemplo: “soy un desastre, siempre me sale todo mal”, generará tristeza o decepción; “¿y si se ha roto la cafetera?” posiblemente origine culpa. En cambio, el pensamiento “ya han dejado la cafetera mal colocada, ¡si es que siempre hacen lo mismo!, nos hará sentir enfado, mientras que “¡cuánto ruido! ¿habré despertado a alguien?”, evocará miedo.

Nuestros pensamientos determinan nuestras emociones y es en ellos donde somos capaces de ejercer control. No podemos dejar de pensar, pero sí podemos elegir en qué pensamos.

Por eso, en última instancia uno no se enfada porque su pareja le ponga mala cara, si no por la interpretación que hacemos de esa mala cara.

Para manejar nuestras emociones es imprescindible ser consciente de ellas. Al reconocerlas podemos saber de donde vienen y así cuestionarnos su utilidad y su validez, en ese momento y por ese motivo. Gestionar nuestras emociones no es fácil, requiere práctica y motivación.  De hecho, aprendemos a manejar unas mucho mejor que otras. En general nos resulta sencillo gestionar la alegría y no reírnos en un momento que sabemos que es inadecuado, pero otras emociones se nos resisten. El modo de conseguirlo es igual para todas, la diferencia está en que unas las practicamos más y somos más conscientes de ellas.

“Cada día, cuando iba a la playa, decidía qué meter en su bolsa”, es el final de mi “cuento” y el principio del vuestro. Porque cuando eliges, puedes equivocarte o no, pero eres tú quien lleva las riendas de tu propia vida.

El verano es un momento tan bueno como cualquier otro para continuar incorporando mejoras en nuestra empresa más importante: nosotros mismos.

¡Feliz verano para todos!

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5 Respuestas

  1. Sega

    Esta parte que cuentas es esencial: “Para manejar nuestras emociones es imprescindible ser consciente de ellas. Al reconocerlas podemos saber de donde vienen y así cuestionarnos su utilidad y su validez, en ese momento y por ese motivo”.

    Me gusta mucho tus entradas, nos hace pensar sobre nosotros. Gracias.

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  2. Magnolia

    Estoy de acuerdo con Sega, tus entradas hacen que uno se cuestione muchos de nuestros comportamientos diarios. Y, en efecto, nos sentimos según cómo pensamos, por eso es importante controlar los pensamientos negativos, como ya habéis explicado días atrás. Buen verano para todos!!

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  3. Nenufar

    Cierto, es importante reconocer, identificar y afrontar nuestras emociones para que nuestra vida no sea un barco a la deriva ante las muchas tormentas que nos azotan en la vida. Pero, el problema es, cómo controlarlas, cómo no dejarte vencer por esos pensamientos negativos que te van comiendo por dentro y que acaban con tu vitalidad como un vampiro que te chupa la sangre hasta dejarte sin fuerzas. Ese es el quid de la cuestión. Y ahí es donde debemos trabajar. Lamentablemente, creo que muchas personas no sabemos cómo hacerlo. Si nos pudieras dar alguna pista, Anima Psicología. Muchas gracias.

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  4. Ánima Psicología

    Como apunta Nenúfar la dificultad en manejar nuestros estados de ánimo está en saber gestionar los pensamientos negativos. ¡Es difícil, pero no imposible! Y como casi todo en esta vida requiere práctica y entrenamiento. En posteriores entradas iremos hablando más sobre este tema que es prácticamente la base sobre la que se asienta el trabajo para maximizar nuestro bienestar. Pero, para hoy un pequeño truco: cuando os deis cuenta de que estáis teniendo un pensamiento negativo en cualquier situación, intentad contrarrestarlo con otro positivo. Por muy desalentador que sea lo que nos pase siempre podemos encontrar algún aspecto positivo en ello.
    ¡Muchas gracias a todos por vuestros comentarios!

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  5. Viriato

    Muy interesantes estos artículos de Anima psicología, e instructivos. Obligan a reflexionar sobre aspectos de la vida que las urgencias del día a día no te dejan ni siquiera darte cuenta de que puedes controlar para evitar consecuencias no queridas. Creo que se llama vivir con consciencia, conscientes en cada momento de nosotros mismos, los demás, y el entorno. Lo que Ortega y Gasset, el gran filósofo, llamaba ”yo y mis circunstancias”.

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