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Emulando al gran Machado, afirma que su infancia fueron una escuela de escaleras empinadas y un río amigable, su juventud tres seminarios y un cortijo, su madurez son los hospitales. Gañanes, maestros, curas y médicos le han curtido. José María Rivera es médico de oficio, maestro en su afición a la literatura,  cura en sus métodos y gañán en sus formas. Nació el 10 de noviembre de 1952 en Palenciana, un pequeño pueblo de la Subbética cordobesa al que sigue regresando periódicamente. Las raíces. Con 11 años ingresó en el Seminario, un recurso muy habitual para los niños humildes de la primera mitad del siglo XX. Estudió Medicina en Córdoba y, después de un intenso periplo profesional, recaló en el hospital sevillano de Valme, en Sevilla, donde ejerce con pasión su vocación definitiva desde hace más de dos décadas. Guiado por las musas, familiares y amigos, el doctor Rivera se ha decidido a plasmar en un libro sus vivencias diarias, sus ideas, sus sentimientos y, sobre todo, sus imprudencias. La obra y el proyecto de cooperación al desarrollo para el que destinará los beneficios obtenidos con su venta se presentan el viernes, 21 de marzo, en la Biblioteca Viva de Al´Andalus.

 

Publicamos  en ”Flores del Desierto” la entrevista que hemos mantenido con José María Rivera, con motivo de la próxima presentación en Córdoba de ”Historias de mi consulta y otras imprudencias”.

-José María, si le parece, empezamos la entrevista por las dedicatorias y  reconocimientos.  ¿A quién o quiénes tiene que agradecer que este libro, ‘’Historias de mi consulta y otras imprudencias’’, esté hoy en nuestras manos?.

En primer lugar a mis amigos Pintor y Victoria, por haber sido inspiradores y conspiradores de la idea, junto a mi mujer. Luego a Cipriano y Carmela, del ayuntamiento de Palenciana, por cansinos. Desde luego, a mi amigo Manolo Gutiérrez, uno de los vicepresidentes en la Diputación de Córdoba, que se ha encargado de lo referente a la edición y publicación. Y a Frasqui, hoy felizmente ausente por vacaciones de jubilado, por haber sido mi corrector y animador. Y siempre, mi amigo. 

– Le copio:    ¿Por qué cuenta una persona por escrito cosas de su vida?

Porque le gusta lo que ha vivido y desea que los demás lo conozcan. Porque le gusta escribir. Incluso, por cierta notoriedad, ea.

– ¿No teme la exposición, la crítica?

No. Escribo para mis amigos, mi familia y mis allegados. La persona más crítica del mundo en esto de la literatura es mi mujer. Si ella da el placet no hay problema. Ella es el nihil obstat.

– ¿Cómo ha sido acogida su primera obra escrita?

Me parece que muy bien. Creo que ha superado mis expectativas, a tenor de la venta producida. En cualquier caso, se trata de una tirada humilde pensada para poca gente.

– Usted se define como médico honesto y entregado a su profesión, al tiempo que hombre cariñoso, simpático, rutinario, neurótico y muy salido ¿cree usted que estos dos últimos calificativos son una buena carta de presentación?

No lo sé. No lo he pensado. Soy tan transparente que mis amigos me critican que me desnudo demasiado en mis escritos. Me da igual. Si por mí fuera, si no tuviera la censura eclesiástica de mi mujer, contaría muchas más intimidades.

– ¿Qué conserva del monaguillo que fue?

De mi etapa de monaguillo conservo mis formas externas algo zarrapastrosas, mi pobre capacidad manual y mi memoria portentosa. De mi época de seminarista conservo con orgullo mi alto sentido de la amistad, la exigencia personal y la calentura corporal, digamoslo así.

– ¿Qué rescataría de su infancia rural?

Los juegos de la calle y la especial relación con mis abuelos y la gente mayor.

– ¿Qué es lo mejor de la España del 2014?

El futuro advenimiento de mi primera nieta y los 91 años que cumplirá mi padre. Ah, y la tías, por supuesto. Me ha salido así, de pronto.

-¿Es usted un optimista inquebrantable?

No. Soy muy optimista y positivo pero no ciego. Hay muchas cosas que me producen aversión e impotencia.

– Se autodefine como buen estudiante que ha soportado exigencias espartanas. ¿Las generaciones Logse saben qué es eso?

Creo que no. Pero no estoy muy puesto. Puedo decir que mi hija y mis sobrinos han estudiado con unos recursos y unas facilidades impensables en mi época. Pero lo encuentro lógico. En ocasiones somos incongruentes, no es que eso sea malo, no, es normal, nuestra incongruencia me refiero. De manera que no queremos que nuestros hijos pasen las penalidades nuestras, y, al mismo tiempo, le echamos en cara su comodidad de vida ¿en qué quedamos? Hemos luchado para eso, para que nuestros hijos vivan mejor que nosotros. Sin pasarse, claro.

– Tomar una decisión que supone romper con todo lo que ha sido tu vida anterior es de valientes, pero supone un salto al vacío que no todo espíritu y mente son capaces de superar airosos. ¿Qué le hizo abandonar la sotana por la bata blanca?

Varias cosas. Una decisión tan importante, la más decisiva de mi vida, no puede tomarse rápidamente y suele ser motivada por factores sumatorios, no sólo uno. En mi caso los elementos que más pesaron fueron la idea de desperdicio de mi formación y de mi capacidad, ambas excelentes, en una labor a la comunidad que yo entendía muy devaluada. Pensaba que la pastoral, la dedicación al cultivo de las almas, era algo que ya había dejado de ser prioridad para la gente. Que era mucho el sacrificio del sacerdocio para tan poco rendimiento. No quería verme a mí mismo como un cura cautivo y místico en una iglesia de beatas. Tampoco me seducía la alternativa de la época de los curas obreros, con lo mal trabaja que he sido siempre. Y sin embargo, me atraía con fuerza la idea de un servicio más productivo, la Medicina.

Por otra parte, irrumpió el amor. Y eso son cosas mayores. Pero estoy convencido que aún sin celibato no hubiese sido cura. Cuando no te ves, es que no te ves, ya está.

– Son frecuentes en su vocabulario palabras como honestidad, exigencia personal, vocación de servicio, empatía, bien común.  ¿Cuánto de filantropía y de humanismo hay en su vida y en su obra?

Yo creo que en mi vida personal y profesional hay mucho de empatía. Me gusta estar con la gente, me siento bien ayudando en lo que sé y puedo. Pero no es menos cierto que soy una persona muy cómoda. No me veo, por ejemplo, de misionero o de médico sin fronteras, un poner.

-¿Qué es ‘’Del breviario al vademecum?

Mi blog. Me desahogo y disfruto a la vez escribiendo cosas del día a día que ocurren en el hospital, en mi casa o con mis amigos. El nombre viene dado porque entiendo que el paso más importante de mi vida fue ése: saltar del seminario a la Facultad de Medicina.

-¿Qué pretende ser  ‘’Historias de mi consulta y otras imprudencias?

Mostrar a mis lectores una cara alegre y positiva de algo tan oscuro como la enfermedad y la relación entre médico y paciente. Desposeer de prepotencia al médico y mostrarlo como un hombre normal y corriente. Sacar unos dinerillos para Walqui y su organización.

– ¿La medicina cuida el cuerpo y la literatura el alma?

 ¡Qué va! La Medicina cuida ambas cosas. No concibo a un médico que no sea, a la vez, psicólogo. Cada uno a su manera, de forma autodidacta, pero el buen médico conquista el alma de su paciente. Tiene que ser así. A mi modo de ver, la literatura cuida la educación y la cultura, nos pule un poco más. Y también resulta herramienta eficaz para ciertas situaciones de zozobra. Ponerse uno a escribir tensa y relaja a un tiempo.

 –  Trabaja usted con lo más importante, la vida de las personas. ¿Sienten los médicos, alguna vez, la prepotencia de creerse un poquito dioses?.

 Sí, desde luego que sí. Mira que yo, como internista, vivo pocas situaciones dramáticas. Y menos desde que no hago guardias. Pero recuerdo cuando sacas a alguien de una parada cardiaca, o lo curas, contra todo pronóstico, de una neumonía grave o de una sepsis meningocócica… cosas que uno ha vivido, sientes por dentro ese gusanillo de superioridad, de trascendencia, de ser uno una persona especial. Puede sonar a petulancia, lo entiendo, pero es la verdad. Soy una persona sencilla y aún así puedo decir que yo he sentido esa sensación de endiosamiento en algunas de esas ocasiones. No digo nada de cómo se sentirán los neurocirujanos cuando abren y manipulan un cerebro, o los cirujanos cardíacos cuando echan a andar un corazón muerto y parado. Seguro que sienten esa sensación. Lo encuentro normal.

– Afirma que vivimos en una sociedad asustada, miedica, temerosa, no de Dios, como antes, sino de la enfermedad y de la muerte. ¿La crisis influye en el ánimo y en la pérdida de valores o es todo lo contrario?

No lo sé. Todo esto que afirmo lo vengo observando desde mucho tiempo antes de la crisis. No, no es la crisis. Yo creo que la sociedad del bienestar nos ha apegado tanto a la tierra, a la vida, al disfrute… que no queremos ver la otra cara de nuestra existencia, la enfermedad y la muerte. Vivimos por completo dando la espalda, ignorando, esa otra realidad.

”La cultura popular en el tiempo en que yo me criaba dictaba que teníamos que ser hombres de provecho, que el trabajo dignifica”

– ¿Por qué no le gustan las huelgas?

Buena pregunta. Me la hago con frecuencia. Provengo de una familia humilde de la subbética profunda. Humilde, pero con ciertos aires y muy conservadora. La cultura popular en el tiempo en que yo me criaba dictaba que teníamos que ser hombres de provecho, que el trabajo dignifica… aquello de ganarse el pan con el sudor de la frente. Yo fui un privilegiado de la época al poder estudiar pese a la precariedad de mi casa paterna. Y he vivido siempre con esa conciencia de deuda a mi familia y a la sociedad por extensión. Faltar al trabajo, a cualquier trabajo, lo vivo como una decepción, como una traición a la gente que apostó por mí. Encima, soy médico. No es lo mismo abandonar un día la chapa de un coche, los informes amontonados o, incluso, las aceitunas en el olivo, que dejar de operar de cataratas a un abuelo que no ha pegado ojo en toda la noche, nerviosito perdido, que se ha desplazado desde Morón, traído por su nieto que se ha pedido el día en el trabajo, que  lleva, además, cuatro meses esperando este día… para nada.

”He vivido siempre con esa conciencia de deuda a mi familia y a la sociedad por extensión”

Después está el tema de mi convicción emocional e irracional de que las diferencias entre personas se deberían resolver mediante el diálogo y nunca  por la violencia ni por la fuerza. Para mi manera de entender esto, la huelga es el fracaso de las personas como seres solidarios, racionales y comprensivos. Será una utopía. Vale.

– ¿Se atreve a darnos un diagnóstico de la sanidad española y andaluza, en particular?

Lo siento, pero en esto soy muy crítico.  Daré mi opinión y huiré de dogmatismos. Podría callarme, pero me puede la imprudencia, como ya sabemos. Escribo lo que pienso.

No llego a comprender cómo salimos los médicos y la sanidad tan bien parados en las encuestas. No puedo creérmelas. Tampoco me creo eso de que tenemos el mejor sistema sanitario del mundo. No conozco ninguno otro, de manera que no puedo opinar comparativamente. Sin embargo, lo que yo veo y vivo en el día a día de la gente en el hospital y en los ambulatorios dista muchísimo de una sanidad buena. Me irrita que la gente sea tan poco exigente, que se conforme con poder ir a las Urgencias de los hospitales sin ningún tipo de restricción, abusando incluso de ese servicio público, que ésa es otra. Creo que nuestros gestores sanitarios han sabido dar con la tecla “electoralista” en lo que respecta a la sanidad. Lo que más valora el español medio es la accesibilidad a las Urgencias, eso es todo, cuando y donde quiera, da igual la hora o los motivos, sin cita ni papel justificativo, a su bola, lo que, en suma, nos define, un español es aquél que siempre hace lo que le da la gana, decía Pío Baroja, creo recordar. Pues eso. Ni siquiera le importa la equidad. Nuestro carácter latino ve como algo normal el enchufismo sanitario. No valora la gente la calidad, sino la cantidad, cuanto más pruebas, mejor. Sería muy necesaria menos pseudo información médica en la población y más conocimiento, juicio y educación sanitaria… y de la otra.

Y luego estamos los médicos, que comemos aparte. Los sanitarios en general, metámonos todos. Uno de nuestros problemas es la poca afección al sistema. No nos  sentimos implicados. Cada vez más, somos trabajadores por cuenta ajena, casi sindicalistas, que vamos mirando casi en exclusiva nuestros propios intereses laborales. No nos resistimos a perder nuestros antiguos privilegios. No me creo lo de la marea blanca, no nos mueve el bien hacia nuestros pacientes, de eso que se encarguen los políticos, nos motiva seguir siendo el centro del sistema, mantener nuestros puestos y nuestros privilegios. Lo siento, pero eso es lo que pienso. Algo, o mucho, hemos hecho todos mal.

Y no quiero hablar de los políticos. Porque metería mucho la pata. Y porque tampoco sería ecuánime ya que no estoy en ese mundo y desconozco los intríngulis de la macro política sanitaria. Sólo diré que no conocen la realidad, que no bajan al ruedo para ver de cerca al toro, van a inaugurar una plaza vacía y adornada. Así, cualquiera es capaz de lidiar. Y si la conocen –a la realidad, me refiero-, aceptando su incapacidad para transformarla, prefieren ignorarla. ¿Habrá algo más flagrante que dejar las Urgencias hospitalarias en manos tan inseguras e inexpertas como las de los residentes de primer año? Están tutorizados, no están solos, se defienden los gestores. ¿Qué sabe un gerente de un hospital de tutorizar a un residente? Creo que nada. He sido tutor muchos años. Se puede “vigilar”, más cerca, más lejos, según los casos, a los residentes mayores, claro que sí. Hasta se les debe dejar que vuelen en soledad. Pero un residente de primer año no precisa de tutoría sino de aprendizaje, que no es lo mismo. El residente de primero tiene que ir pegado al culo del adjunto a todas partes, hasta pa mear, vaya.

 ¿Que cuál es mi diagnóstico? Me ceñiré a la sanidad andaluza que es la que conozco desde hace 35 años. Está enferma, no es de morir, pero se ha convertido en una enfermedad crónica, como el SIDA. Si queremos podemos llamarla Pasotismo, en el borde mismo del Burn-out. Los síntomas principales son la rutinización del trabajo, cuando no el desdén por el mismo, la desmotivación, el absentismo, y la pérdida absoluta de la vocación profesional. Y aquí meto a sanitarios en general y a gestores. Con muchas y honrosas excepciones, es verdad. ¿Cuáles son los efectos de esta enfermedad? La ineficiencia y la medicina hipertrofiada, que no son otra cosa que consumir por encima, no de lo que podemos, que también, sino simplemente por encima de lo necesario y adecuado. La inaccesibilidad a otras instancias distintas a las de las Urgencias: las listas de espera. Totalmente inasumible. Y encima, manipuladas para mejor maquillarlas. Terrible. Mucho que mejorar en temas que deberían ser sensibles para la población, como son la seguridad y la intimidad de los pacientes. Ineficiencia, inaccesibilidad, seguridad e intimidad son asignaturas aún pendientes en un sistema sanitario que “presume” de cuasi modélico.

– ¿Cuál sería el tratamiento para salir con salud de hierro de este momento histórico?

Tan claro como imposible: la solidaridad, la honestidad y la ejemplaridad. Entiendo la ambición como algo conveniente para el desarrollo personal y de la sociedad, pero no la avaricia. Imaginad que pudiéramos inocular estos genes solidarios –si existiesen como tales, que a lo mejor sí- en el genoma de la gente, no sólo en el de los políticos, bancarios y magnates, sino en toda la gente. Jamás hablaríamos de crisis ni de hambre en el mundo ni de niños muertos ni de… otras tantas calamidades. Pero me temo que no. La condición humana es así, homo hómini lupus, por desgracia.

–  Tantos años de experiencia en su consulta,  ¿le han permitido conocer a mucho ciudadano ejemplar?

Por supuesto. Gente que te emociona, gente increíble, curas, por ejemplo, que se hacen cargo de los inmigrantes que llegan a su pueblo, vecinas que se convierten en las únicas cuidadoras de viejitas solitarias sin familia, padres y madres que sacrifican su vida por los cuidados de un hijo paralítico cerebral… o simplemente el matrimonio de ancianos que mal vive de sus escuálidas pensiones y, encima, donan dinero a la tele para apadrinar a alguien o ayudar a familias más necesitadas… o menos ¿quién sabe?

Sí, la consulta del médico que quiere escuchar es una fuente diaria de sorpresas y emociones. Casi siempre positivas.

– Gracias, José María. 

El blog de José María Rivera

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6 Respuestas

  1. Hierbabuena

    Estupenda entrevista, muy interesante. Nos vemos el viernes en la Biblioteca Viva de al-Andalus.

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  2. Blanca

    Gracias, Cas, por la estupenda entrevista que nos brindas y a ti, José María por compartir con nosotros tus sentimientos. Gracias por contestar sin subterfugios y por dar a tus respuestas tan cálida sencillez, cercanía y transparencia.

    Siempre he pensado que tu profesión, la Medicina , es otra forma de sacerdocio y compromiso y después de leerte pienso que ha dado igual que aparcaras el Breviario. El Vademecum que ahora usas es mucho más satisfactorio al cuerpo y al espíritu.

    Me alegro de tener la ocasión de disfrutar de tus historias, alrededor de un libro como este de vivencias y alguna que otra imprudencia y oir por boca de Walki, Presidenta del Movimiento Unidos por Jalapa, de los proyectos y logros obtenidos, gracias a posturas altruistas como la tuya ,

    Hasta pronto.

    Un abrazo

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  3. Agustín Madrid

    José María, como siempre “chapeau”, osease “uta madre”. Al pan, pan y al vino, vino. Se puede decir más alto, pero no más claro. Parece que esto va de escala de valores en la vida de las personas. Si la escala que tiene José María estuviese más extendida otro gallo nos cantaría. Igual se me nota que estoy “pagao” para hacer este comentario. Agustín

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    • Casandra

      Muy de acuerdo contigo, Agustín Madrid. Cuanto más voy conociendo a la persona José María Rivera, más coincido con esta afirmación. ¡Cuántos más como él nos harían falta en esta sociedad para cambiar el rumbo acelerado hacia la nada¡

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  4. Antonio Pintor

    Mis felicitaciones a Casandra por esta magnífica entrevista en la que facilita que José María se explaye “A corazón abierto “como suele ser habitual en él , para decir lo que piensa de manera inteligente y sin rodeos , algo tan raro en estos tiempos como son la inteligencia y sinceridad.

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  5. Casandra

    Gracias por vuestras felicitaciones, Hierbabuena, Blanca y Pintor. En realidad, cuando el personaje tiene tanto que ofrecer, y lo sabe contar tan bien, es fácil para la entrevistadora hacer un buen trabajo. Aprovecho también para agradecer su cálida presencia a todos los asistentes anoche a acto de presentación del libro de José María. Creo que coincidiremos en que pasamos una tarde-noche cargada de poesía, emoción, ternura y humor. Prometo crónica. Y si alguien más se anima, esta página web está abierta a todas las colaboraciones. Saludos y feliz fin de semana.

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