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Hoy, 2 de noviembre, día de los Difuntos, he pensado que podríamos hacer en esta página una mención a las personas fallecidas que dejaron huella en nuestras vidas. He indagado en la Google-esfera y me he encontrado -¡cómo no¡- con un sinfín de sitios donde hacen infinito recuento de todo tipo de muertos. Son tantos los contabilizados, sólo en un año, que he decidido, finalmente, hacer mi pequeño homenaje a dos personas, en concreto, que son especialmente significativas para mí y a las que debía mi particular despedida, cada una a su estilo. Se trata de Manuel Martín Ferrand y Manolo Escobar.

”Manuel Martín Ferrand, in memorian”

En agosto de 2013, murió Manuel Martín Ferrand, a quien calificaron como   ‘’periodista total’’. Para mí, desde luego, fue el maestro, del saber hacer profesional y del saber estar humano. Entre tanto gallinero y tanto cacareo, Manuel Martín Ferrand brillaba por su extensa trayectoria laboral y por su señorío personal. Por supuesto que fue un periodista de raza, como nos gusta calificar a los sobresalientes en el gremio. Pero, sobre todo, ha sido un ejemplo de dignidad e independencia hasta el final de su vida.

Manuel Martín Ferrand, a lo largo de medio siglo de magisterio periodístico, se desenvolvió muy bien en todos los géneros y todos los soportes, ejerciendo un periodismo riguroso, crítico y honesto. También fue profesor en Madrid y en Navarra. Murió a los 72 años, manteniéndose al pie del cañón casi hasta el último día, a pesar de la enfermedad.

Nacido en La Coruña en 1940, comenzó su carrera con apenas 20 años,  como estudiante de periodismo en prácticas en el centenario «Diario de Cádiz».  Se diplomó con el número uno de su promoción —entre otras figuras tan valiosas de su generación como Alfredo Amestoy,  José Luis Balbín, Basilio Rogado, Consuelo Reina, …—.

Emilio Romero le ofreció un puesto en «Pueblo», aunque fue la radio el medio que  le hechizó,  donde empezó como  guionista en la Ser, a las órdenes de Manuel Rodríguez Cano y Basilio Gassent, creó y dirigió programas que han hecho historia, como «Matinal Cadena Ser» y «Hora 25»,  y fue galardonado en 1973 con el Premio Ondas. Fue director general de Antena 3 radio, emisora que situó en diez años en el primer lugar de la radiodifusión. Colaboró más tarde en la COPE y en ONDA CERO, con Luis del Olmo. Y ha sido columnista en ABC  durante los últimos 17 años.

Estilo propio que marcó escuela

Martín Ferrand tuvo siempre un estilo que marcó escuela en la radio y, posteriormente en televisión. Siempre habló muy agradecido de sus maestros. Los primeros, Victoriano Fernández de Asís, José de las Casas y  Miguel Pérez Calderón le  examinaron para ingresar en TVE. Era el único candidato a la prueba. «Evidentemente, dijo don Victoriano, Martín Ferrand es el mejor entre todos los presentados. Puede quedarse en la Casa». Y al regresar a la Escuela de Periodismo, Juan Beneyto, que la dirigía, me echó una bronca de aúpa: «Pudiendo usted trabajar en ABC, ¿cómo prefiere algo que está más cerca de la física recreativa que del periodismo?». Con el tiempo puso en marcha y dirigió Antena 3 TV, la primera televisión privada de España.   

Antena 3 TV era hija del proyecto radiofónico que «nace gracias al apoyo del inolvidable, y gran promotor, Guillermo Luca de Tena, del Conde de Godó, de Antonio Asensio, de José Mario Armero y de los hermanos Jiménez de Parga. La fuerza creadora estuvo en ellos. Nos pusimos en cabeza de las audiencia, y fue una pena porque luego la ocuparon los nacionales y nos mataron a todos los republicanos».

Defensor de la  profesión  

Fue un defensor a ultranza de la dignidad de su profesión y de su equipo de trabajo, más allá de los intereses empresariales y políticos que ya empezaban a apoderarse de los medios de comunicación. Se enfangó en la batalla y por ello tuvo bastantes problemas, corrió riesgos y sufrió ceses,  dimisiones, sanciones y despidos.

Su palmarés de recompensas y trofeos es muy extenso. En 1970 consiguió el Premio Nacional de Televisión por su programa informativo «24 horas». En 1986 recibió  el Premio Larra por su trayectoria profesional. Dos años después es elegido presidente de la sección española del Instituto Internacional de Prensa (IPI). Obtuvo el Micrófono de Oro (1990 y 2005); fue «ABC de Oro» (1989); Premio Rodríguez Santamaría (2004); Master de Oro del Forum de Alta Dirección 1990,  Premio Mercurio de Periodismo (2007) y Mariano de Cavia 2012.

Independencia y libertad

Como director general de Antena 3 Televisión  -1989- intentó revitalizar el mundo audiovisual con las mismas fórmulas utilizadas en la radio: independencia y libertad. Durante un tiempo consiguió su objetivo, pero en 1992, después de años de esfuerzo, dimitió como director general de la cadena ante la entrada de nuevo accionariado (Banesto y Grupo Z). Finalmente no tuvo más opción, según palabras propias, que salir de la empresa que él mismo fundó junto con otros profesionales y emprendedores.  La irrupción del Grupo Prisa en Antena 3 radio fue el certificado de defunción de su proyecto. Tras él dimitieron los abanderados de la cadena, José María García y Antonio Herrero.

Sostuvo Martín Ferrand que la televisión «es lo único que en la comunicación ha degenerado en la vida española, y por culpa de un mal ordenamiento jurídico. En el mundo no es tan mala como aquí, pero en España la televisión es una colonia italiana, y la televisión tiene que tener un espíritu nacional, arrancar de un fondo nacional de cultura y de sentimientos. Menos la casa Vocento, todos los demás grupos periodísticos son, en más o en menos medida, italianos, incluyendo la Cope, que es Vaticana».

Estaba casado con la también periodista Rosalía González de Haro, con quien tuvo tres hijos.

”Manolo Escobar, corazón” 

Quise escribir esta despedida hace días, pero no pude. Tampoco pude hablar con mi madre. Ambas somos de lágrima fácil y, en definitiva,  no íbamos a poder hablar.  Al fin, anoche intercambiamos impresiones al respecto.

Manolo Escobar es una de esas figuras que ha enlazado generaciones, ha conciliado aficiones futbolísticas y, sobre todo, ha unido a las dos, tres o cuatro Españas ideológicas que desgarran mentes, corazones, regiones y, lo más lastimoso, familias. Escuchando estos días en los medios de comunicación a hijos y nietos de emigrantes que partieron de España en los años 60, algunos de ellos a  lugares tan remotos como Australia o Canadá, he confirmado lo que sabía ya, a través de mis tíos y primos. Manolo Escobar derribó fronteras, sorteó idiomas  y rompió soledades,  la soledad del emigrante en tierra extraña. Salvó distancias y acercó raíces.

Ha sido muy emocionante leer tanto panegírico en toda la prensa, nacional e internacional; escuchar tanto mensaje radiofónico y deleitarnos con tantas viejas y siempre vivas coplas de aquel entrañable ruiseñor. Ha sido conmovedor reconocer un país reunido, al menos por una vez, en torno al reconocimiento común a quien supo integrar con su sonrisa, conciliar con su dulce voz y transmitir autoestima colectiva con su mensaje de brazos abiertos y de orgullo colectivo.

Esta entrada se la dedico a mi madre, a todas las madres que durante toda su vida han estado enamoradas, en silencio o a voces, de ese gran señor. Aquel español prototipo de una época, guapetón y simpático, las hizo soñar y volar. Sus canciones fueron vía de escape a millones de vidas sin luz. Su melodía puso banda sonora a muchas existencias anodinas, poesía y color a convivencias prosaicas y grises.

Fue arcoiris tras la tormenta. Fue horizonte de ilusiones para un  tiempo sin matices, en blanco y negro. Y ha tenido el bien hacer de seguir siendo faro y realidad tangible aún cuando las televisiones de plasma y el mundo artificial de internet inundaron de virtualidad y aislamiento a todos aquellos por los que ellas habían dado lo mejor de sus días pasados, enterrando sus sueños propios.

 Hay personas a las que debemos reconocer un valor muy especial, porque el mundo habría sido más gris sin ellas. Esas personas han contribuido a que nuestra existencia haya sido un poquito mejor, más dulce, más tierna, más cordial y, sobre todo, más alegre. En ese grupo incluyo a todas las madres que he conocido, formando parte del gran club de fans de este ídolo vital que se les ha ido pero que perdurará en sus corazones para siempre.  Descansa en paz, Manolo Escobar, y gracias por todo, corazón.

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