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Con el permiso de Penedi, mi beso hoy es para otros luchadores a los que esta página debe un recuerdo desde hace semanas. Se trata de un humildísimo homenaje a los más de mil  trabajadores inocentes que fallecieron en el derrumbe del Rana Plaza, el pasado 24 de abril,  en el  mayor accidente industrial en los últimos 20 años (tras el desastre de Bhopal en India en 1984).
La tragedia tuvo lugar en Bangladesh, un país pobre de Asia del sur, que ha hecho de la confección textil el buque insignia de su economía. El edificio incendiado y derrumbado albergaba más de 3.000  personas en su interior, donde funcionaban  varios locales comerciales y fábricas textiles.
Esta catástrofe reactivó la polémica sobre las condiciones laborales en este sector, que emplea principalmente a mujeres que trabajan por menos de 40 dólares mensuales, cosiendo para marcas occidentales en condiciones de absoluta explotación.  La cara más siniestra de la esclavitud en su  versión siglo XXI.
El  dueño del edificio comercial, cinco propietarios de fábricas y talleres textiles y dos técnicos municipales fueron detenidos y acusados de negligencia, construcción ilegal y persuadir a los empleados para que acudieran a su puesto de trabajo, a pesar de que un día antes habían aparecido grietas.
Ante el escándalo mundial suscitado por  las deficientes condiciones laborales en el Rana Plaza, muchas de las empresas que se abastecen de sus fábricas textiles han anunciado ayudas a las víctimas, mientras algunas organizaciones internacionales han abierto una exhaustiva investigación.  Asimismo, las  24 grandes fabricantes de la industria textil han suscrito un acuerdo propuesto por el sindicato IndustriALL que pretende aumentar  la seguridad de los edificios y de  las factorías.
El gobierno de Bangladesh, también ha reaccionado a la presión  y ha anunciado un proyecto para subir salarios en el sector. La industria textil representa el 80 por ciento de la exportación del país.  No obstante, después de aquel fatídico día, se han producido otros accidentes en fábricas que han vuelto a producir víctimas inocentes. En noviembre de 2012, un incendio acabó con la vida de 112 personas.
La pequeña Venecia, película ganadora del Premio Lux 2012
 
En pleno debate sobre esta catástrofe, el pasado mes de mayo varias flores asistimos a la Filmoteca de Andalucía, con sede en CÓRDOBA,  a la proyección de la película, La pequeña Venecia, ganadora del premio Lux 2012. 
EL film denuncia, entre otras lacras de la sociedad actual,  lo que hemos dado en llamar una   versión  más de la esclavitud en el siglo XXI, que son muchas y en una cada vez más preocupante  expansión.  Algo que se esquiva por la opinión pública, a través de medios de comunicación, gobiernos y grupos de poder que la ignoran o la ocultan, salvo en casos insoslayables como el ocurrido en el Rana Plaza.
La acción se desarrolla en Venecia y sus protagonistas son unos pescadores y una trabajadora china, cuya interrelación diaria en una vieja taberna evidencia  las grandes diferencias, pero también los puntos de encuentro entre la cultura europea y asiática. El encuentro entre Shun Li y el viejo poeta se convertirá en una escapada metafórica de la soledad, un diálogo silencioso entre las dos culturas.

Los últimos 10 minutos refuerzan y amplifican el mensaje inicial, a un tiempo esperanzador y deprimente. El director, Andrea Segre, consigue mostrar una sociedad a la deriva y en decadencia, en la que hay que buscar refugios para poder continuar adelante.

 

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2 Respuestas

  1. Thor

    Que somos o formamos parte de ”una sociedad a la deriva y en decadencia, en la que hay que buscar refugios para poder continuar adelante” es el mejor resumen que se podía hacer de esta entrada . Precisamente, esa falta de valores y de solidaridad con nuestros congéneres es la que está extendiendo y acelerando la explotación del hombre por el hombre hasta las últimas consecuencias, la muerte. Y no es que no lo veamos, es que no queremos ver, porque tiendas de chinos, kebab y otros muchos negocios de extranjeros que sólo viven para trabajar las tenemos ya en todas las esquinas de este nuestro mundo del bienestar. Y de sobra sabemos dónde se fabrican y en qué condiciones esas ropas de marca que todos acabamos consumiendo a precios astronómicos. Entonces, ….. cuando algún día nos llegue eso, a quien no le haya llegado ya, no nos quejemos, porque no tendremos derecho.
    Pido disculpas por el responso, pero es que me habéis tocado la moral con esta historia.

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  2. Pajaro

    Estoy últimamente muy preocupado, a la vez que asqueado de todo lo que nos rodea.
    En las noticias no hacen nada mas que anunciar despidos, parados, gente desesperada que haría cualquier cosa por darle de comer a sus hijos, y todo ello solo sirve para una cosa… para que tengamos miedo. Miedo a quedarnos en paro, en volvernos un desesperado más de los muchos que hay en este país, y eso nos fuerza a hacer cualquier cosa por conservar nuestro empleo. Nos bajan los sueldos, recortan nuestros derechos, nos obligan a hacer horas extras, y nos bajan el sueldo otra vez… y encima tenemos miedo a quejarnos, a decir: señores, ¿qué está pasando?. Porque no puedo nada mas que pensar en que poco a poco, mediante una estratagema que parece que solo algunos somos capaces de ver, nos están explotando poco a poco, y están llevandonos al terreno que a ellos les interesa, el terreno de la esclavitud. Dónde la gente trabaja por miserias, o incluso gratis (llamadas prácticas de empresa no remuneradas). Esta sociedad se consume, y ojalá me equivoque, pero me da a mi que los que están arriba no van a permitir que salgamos de la crisis, sino que harán todo lo posible para que nos endeudemos y hundamos mas en la miseria, así se podrán aprovechar de nosotros como nosotros lo hicimos anteriormente de otros países empobrecidos (India, Thailandia, Paises de sudamerica, Africa, etc…)

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