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La compañía sevillana Atalaya, Premio Nacional de Teatro 2008, ha rescatado  una obra fundamental  de Bertolt Brecht y, con motivo de la conmemoración de sus treinta años en los escenarios, la ha representado en el Teatro Góngora de Córdoba,  donde hemos podido presenciarla y disfrutar de la originalidad de su puesta en escena hace unos días.

Bajo la dirección y dramaturgia de  Ricardo Iniesta y junto a Carmen Gallardo, cofundadora de la compañía,  en el papel estelar, han actuado un reducido número de actores:  Lidia Maudit, Raul Vera, Jerónimo Arenal, Silvia Garzón, Manuel Asencio  y María Sanz. Además de interpretar en vivo canciones rotas, al más puro estilo cabaret, dan vida  a  más de una veintena de variopintos personajes transfiriendo al conjunto,  durante toda la obra, un ritmo trepidante y arrollador, caótico y estremecido.

Estamos hablando de “Madre Coraje y sus hijos”, un obra de rabiosa actualidad, escrita en 1939, durante su exilio, por el más célebre dramaturgo alemán del siglo XX , Berltort Brecht  y por su coetáneo  Paul Dessou, que concibió la música.

La obra, basada en la crónica de la guerra de los 30 años  entre católicos y protestantes (1624-1636) – igual podría tratarse de cualquiera de las  guerras de las que se libran ahora mismo-  nos presenta  a  Anna, la madre protagonista ,  una  estafadora y astuta  vendedora ambulante de baratijas  que,  acompañada por sus tres hijos, comercia con engaño y se lucra  con la guerra,  sacando partido  del dolor humano y  sorteando  hábilmente las filas de uno y otro bando, entre  las  que se alinea según mejor  convenga a sus intereses.

Como veis, nuestra protagonista está lejos de ser la heroína que podríamos imaginar. Muy al contrario, para ella que se alcance la paz no deja de ser una tragedia.

“Para mí no hay como las guerras,

dicen que extermina a los débiles,

pero estos también perecen en la  paz,

en cambio, la guerra da el mejor pan para la gente”

Es por eso que  cuando ese  mundo dominado por la crueldad y la violencia le exige diezmos y se cobra la vida de sus hijos, su codicia la lleva a lamentar, no el dolor de estas pérdidas, sino la mengua de su empresa y el que  ella, sola, deba “tirar del carro”.

Y de esta forma de “vivir”, sin otros  principios que las más abyectas necesidades animales,  llegamos al final de la representación.   Madre Coraje, sin sus hijos,  seguirá  recorriendo caminos, “tirando, sola, de su desvencijado carromato”. En  pos de las reyertas y contiendas.  La vida debe continuar. También la guerra.

Porque, según palabras del  autor,  ¿acaso no representa la guerra  la continuación de los negocios … sólo que con  otros medios?

“Madre Coraje y sus hijos” –un profundo alegato antibelicista – fue estrenada  en Zurich en 1941, y constituye una de las piezas teatrales con las que Brecht trató de denunciar la ascensión del nazismo, cuyo afán expansionista y dominador condujo a los años  terribles de la Segunda Guerra Mundial. Por esta razón, ésta y todas las obras de un  Bertolt  Brecht  trasgresor y polémico, espectador  de excepción de la debacle, están ligadas a razones políticas e históricas y se caracterizan por una oposición radical, sarcástica y cínica,  de  la forma de vida del momento en que fueron concebidas. Con ellas trata de involucrar al espectador, sin melodramas y con distanciamiento, para que tome sus propias decisiones y que a partir de ahí, contribuya a modificar el mundo.

La Compañía Atalaya, para responder a esta  visión de Brecht de convertir a los espectadores en cómplices y testigos de lo que allí se representa, dispuso  en el escenario del teatro, alrededor de los actores,  unas  gradas que acogieron a una pequeña parte del público “inmerso en el campo de batalla”, tomando buena nota.

El resto, en el patio de butacas, ejercía   el papel de “voyeurs” a salvo de la ferocidad  de los autores”. Como un divertimento.

Pero,  ¿sabéis queridas flores?, durante la representación de este drama devastador y sin escrúpulos,  Madre Coraje,  en pleno paroxismo de dolor interesado, pronunció:

“ninguna causa está perdida

si hay un insensato dispuesto a  defenderla”

Verdad que no suena a vacío?  No os parece una frase alentadora  y muy hermosa?

De entre todas la que oí , elijo esa.

No todo está perdido… todavía.

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