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El periodismo es noticia, en España. Así parece por la concatenación de acontecimientos relacionados  con periodistas en las últimas semanas. Coinciden en el tiempo  la muerte del gran reportero, Manuel Leguineche; la dimisión o cese de Pedro J. Ramírez,  tras 25 años como director de El Mundo, y la nominación de un documental sobre la vida de  Manuel Chaves Nogales,  como candidato a los Goya 2014.

En 2014 se cumplirán 70 años de la muerte en Londres de uno de los nombres más brillantes de la historia del periodismo español, Manuel Chaves Nogales. Sin embargo, su figura y su obra se ha mantenido en el olvido hasta hace apenas una década.

Por casualidad, hace unos meses cayó en mis manos la biografía que sobre el escritor sevillano publicó en 1993  María Isabel Cintas Guillén, máxima especialista en su obra. Galardonado en 2011 con el premio Domínguez Ortiz de biografías, de la Fundación Lara, el  trabajo de Cintas recopila la apasionante vida de aquel testigo directo y pluma acreditada de los acontecimientos más importantes de la  primera mitad del siglo XX en Europa. Desde ese momento, no  dejo de tener noticias suyas.

Primero fue a través de la editorial Almuzara, que ha tenido el acierto de reeditar en los últimos  años una serie de obras y reportajes del escritor algunas, como ‘’La Ciudad’’, su primera novela, prologada también por Isabel Cintas.  En 2013,  rescató algunos de sus artículos periodísticos más emblemáticos, que dan cuenta de su presencia sempiterna en el foco de la noticia, allí donde tuvieron lugar los hechos históricos más relevantes del pasado siglo: la Cataluña republicana,   la España fratricida del 36, la Rusia bolchevique, la Italia fascista,  la Alemania nazi o el Londres de la Segunda Guerra Mundial. 

Ahora, se puede completar el conocimiento de Chaves Nogales visualizando ”El hombre que estuvo allí”, un documental de treinta minutos, producido por ASMA FILMS,  en coproducción con La Claqueta PC,  que opta a un Goya y se  complementa con un libro que recopila todas las entrevistas realizadas para el montaje audiovisual.     Daniel Suberviola y Luis Felipe Torrente son los autores del documental y  se han servido de uno de los libros de Nogales – ‘’El maestro Juan Martínez que estaba allí’’ –  para  titular este trabajo videográfico.

Ambos, periodistas de formación,  han manifestado en reiteradas ocasiones su admiración por un personaje ‘’tan necesario para la reconciliación’’.  Luis Felipe Torrente, hijo del escritor Torrente Ballester, afirma en este sentido: ‘’Tenía un criterio propio frente a las dos opciones que en su época se le ofrecían a cualquier individuo que viviera en este país, y como no se casó ni con unos ni con otros, con el paso de los años ni la derecha ni la izquierda lo reivindicó como propio”.

 Un periodista comprometido con la razón frente a la barbarie

Como escribía al principio, el periodismo es noticia en estos días y, en concreto, la figura de Manuel  Chaves Nogales recobra una actualidad que está permitiendo saldar la deuda pendiente durante más de medio siglo con un andaluz  universal, visionario y comprometido, hasta el sacrificio personal.

Además de este montaje cinematográfico y las reediciones de sus artículos y obras literarias, son numerosos los reportajes y estudios que rescatan del olvido su clarividencia, su actitud valiente y discreta, su capacidad de tomar distancia,  para no dejarse engullir por imposiciones totalitarias de unos y otros en una Europa abducida por la fuerza y dominada por la ignorancia.

Contribuyen también a esta puesta en valor del personaje y su legado autores actuales como Arturo Pérez Reverte, Antonio Muñoz Molina,  Jorge Martínez Reverte, Andrés Trapiello y, por supuesto,  su biógrafa,  la catedrática Isabel Cintas.  Asimismo, su hija, Pilar Chaves Jones, ha recopilado celosamente el archivo periodístico y fotográfico de su padre, así como gran parte de sus vivencias personales.

Todos coinciden en destacar la pluma precisa, distinguida y lúcida de Chaves Nogales, para quien el oficio del periodismo consistía, precisamente,  en estar allí donde se produce la noticia, para vivirla y contarla. A su servicio, pero sin tomar partido. Cuestionando, si así lo creía.  Nunca es fácil el ejercicio honesto de una profesión que consiste en contar hechos objetivamente,  pero, en la época que le tocó vivir,  debió serlo menos aún.  Aquella fue una etapa histórica marcada por dos grandes guerras y  otras menores, aunque no menos dolorosas, como la propia guerra civil española.

Optó por el camino más difícil, en mi opinión; se decantó por el frío de la intemperie de una vía alternativa a las dos enfrentadas, por la que muy  pocos se atrevieron a apostar. En este tránsito, la soledad sería la única compañera fiel.  Por ello  sufrió y describió el exilio, interior y exterior,  en carne propia y ajena. En su autobiografía,  “A sangre y fuego”, afirma: “Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión en los dos bandos”.

Deseo mucha suerte a El hombre que estaba allí en su concurrencia como mejor documental a los premios Goya.

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