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Hace poco tiempo, fui al Museo Vostell, que algunos conocéis y os encantó (de lo que no estoy muy segura es si os encantó la obra que allí se expone del movimiento Fluxus o de su paisaje encantado).

El motivo fue que la hija de una amiga mía (directora de cine), estaba rodando allí un documental sobre la vida  y obra de Vostell y trajo nada menos que de Alemania, Holanda e Italia  a los tres últimos octogenarios que todavían persisten en el movimiento Fluxus, contemporáneos de Vostell, también alemán  casado con una extremeña.

Al entrar en el patio del antiguo lavadero de lanas, del siglo XVIII, donde está emplazado el Museo Vostell, me fijé  que en el centro del patio había una media bañera vacía (antiguamente polivan) que estaba en medio de la nada de aquel gran patio, pero como el Fluxus es así, pronto me olvidé de ella.

El evento consistía  en cuatro actos interpretados por los artistas visitantes, en el marco de la programación de Foro Sur, que a continuación paso a relataros, sin dar mi opinión sobre nada de lo que allí vi y, sobre todo, oí. Lo dejo para que vosotros opinéis.

En el primer acto entramos  en una gran estancia, donde cuelgan y andan por los suelos las obras del maestro, pero en esta ocasión, como novedad,  colgaban del techo unos cordeles que sujetaban  los típicos papeles marrones de envolver paquetes y el arte consistía  en acercarte el papel a la oreja, apretarlo con más o menos intensidad, para escuchar sus distintos sonidos, mientras uno de los Fluxus por la otra oreja, te acercaba un disco de acero atado con una cuerda por el agujero central, dando golpes en él con una especie de gozne, no sé si para que se distinguieran los distintos sonidos,(papel, acero) o para ponerte la cabeza loca

De ahí, pasamos a otra estancia más pequeña donde tumbado sobre una mesa de madera, se encontraba un busto representando  “El grito”. Otro Fluxus altísimo, enjuto y de color, (quizás de mestizaje indio) se dedicó, bajo nuestros estupefactos rostros, a cubrir dicho busto con nata de bote, como las que compramos en el super. Cuando estuvo todo cubierto, puso la guinda, pero la guinda de verdad, ésa rojita, dulzona y acaramelada que también se compra en el super. Fin del segundo acto.

Al salir de ése recinto camino del patio para ver el cuarto acto, un nuevo Fluxus nos entregaba al salir una cuartilla con una frase en alemán con la deferencia de haberla traducido  al español, justo al borde de abajo del papel. Cada frase era diferente, la mía decía así: “Coge el papel, tíralo hacia el cielo y empujado por el aire, corre detrás de él hasta que caiga al suelo, entonces písalo con fuerza”. Hacía una noche preciosa, estrellada pero….no corría una gota de aire. Tiré el papel hacia el cielo y cayó al segundo a mis pies. Lo intenté una segunda vez, incluso soplando yo, y volvió a caer a mis pies, no hizo falta dar ni un paso, y a la tercera vez lo dejé en el suelo y lo pisé muy fuertemente, frustrada por que  ni esa tontería  Fluxus era capaz de realizar. Con la frustración a cuestas, tropiezo con otra amiga que me pone su cuartilla doblada en mil pedazos en la mano. La abro, la leo y dice “tiene que doblar la cuartilla todas las veces que pueda y entregársela a la primera persona que encuentre (YO) y no tirarla hasta que no encuentre una papelera “Fin del tercer acto con la papeleta en la mano.

En el cuarto acto !por fin! supe para qué servía la media bañera. Llega el Fluxus “morenito” en calzoncillos aleopardados sujetos por sendos tirantes dorados purpúreos (menos mal que no fue un tanga), y se “sienta” en la bañera llena de agua caliente por el vapor que salía de ella y porque si fuera fría, se coge una pulmonía triple con esa edad. Nos colocamos  todos en círculo alrededor del ocasional bañista, observando cómo ponía una tabla de lado a lado de la bañera, repleta de distintos aparatos eléctricos  que emitían ruidos infernales. Yo preocupada, sin vivir en mí, por si un aparato de aquellos se le cae a la bañera, se electrocuta y tenemos la pérdida de un Fluxus menos (para tres que quedan…). Al mismo tiempo, otro de los Fluxus iban andando alrededor del círculo, uno haciendo sonar el dichoso disco y el otro derramando en nuestras manos agua  de una típica jarra cervecera alemana. De allí a Cáceres para tirar cuanto antes el papel que todavía conservaba en mi mano.

 Fin de todos los actos. ¿Qué os parece?

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2 Respuestas

  1. Hierbabuena

    Que bueno Caléndula, comparto tu opinión sobre el movimiento Fluxus. Estupenda descripción de los hechos. ¡Feliz 2014!

    Responder

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