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¿Os suena el escritor y cineasta Roland Topor?  ¿Habéis oído hablar de la que fue su última creación “El invierno bajo la mesa”? De ambos quería hablaros después de ver su obra y leer sobre el tema.

Esta representación ha sido puesta en escena por la Compañía de Teatro de Córdoba “El Mercado”. Su director, Paco Piñero, acompañado de un joven y talentoso elenco, la ha llevado de gira por la geografía española, desde su estreno en la Feria del “Teatro en el Sur”, de Palma del Río. En Córdoba ha concluido hace unas semanas, por ahora, su periplo.

El tema es actual y candente y la comedia divertida y ácida, con fina ironía y cierto humor negro. Denuncia los problemas de los “sin papeles”, la lacra social que conlleva, y nos viene a demostrar que la mezcla de una y otra raza, de otra ideología o creencia, engrandece a todos, y se complementa…

La acción se desarrolla en el estudio de Belén, traductora pobre e insolvente, que para poder sufragar sus gastos se ve en la necesidad de realquilar los bajos de su mesa de comedor a un zapatero, Dragomir, inmigrante “sin papeles”.

Ambos conviven en paz, en estatus diferentes, pero a medida que la representación avanza la relación va cambiando, pasando del respeto cortés, comprensivo y solidario a la complicidad y cariño que los conduce al amor y que los une.

Es una obra que se impone con fuerza a la escoria de cada día y que nos muestra el lado amable de la inmigración, a la vez jocoso y trágico, tratando de obviar tintes xenófobos o de miseria, Es romántica y bella, tiene TROM* -como con cierta frecuencia se repite en muchas escenas-. (el TROM es una palabra que Belén encuentra en el libro que traduce y a la que no puede dar un significado concreto a pesar de la ayuda que le presta su inquilino, que conoce la lengua en la que está escrito.)

-¿Qué es el TROM?, diréis.

Pues.. .. viene a ser algo así como risa, poesía, amabilidad, confianza, alegría, cielo azul, belleza, gato…, agua que corre… amaneceres… belleza…  charme -que dirían los franceses- y un sinfín más de acepciones, o sinónimos, con las que Dragomir trata de ilustrarla para que lo entienda. Pero,   hay demasiada amalgama de buenas vibraciones para aislarla en una sola definición y conceptuarla. Por lo que TROM se queda como está, intraducible.

Por supuesto, aparecen otros personajes que no comprenden ni aceptan este clima de TROM que se ha creado en casa de Belén. Por razones varias: Jimena, la amiga, no lo ve con buenos ojos y lo considera perjudicial. Albert, el editor, que aspira a llegar a ser algo más que eso en la vida de la protagonista, considera a Dragomir un rival a tener en cuenta.

Con la llegada de un nuevo personaje, el primo Gritzka, violinista, -que con su música nos lleva a un mundo de idealismo y lírica y que se queda para compartir los bajos de la mesa-, la historia se complica y se humaniza a un tiempo. Será él quien, finalmente, salve la situación creada y la lleve a buen término.

El planteamiento parece absurdo y surrealista, sí, pero.., por desgracia, a día de hoy, no lo es. ¿Quién no conoce o ha oído que en un mismo piso conviven varias familias que se ayudan para poder pagar el alquiler?. ¿No sabemos que ahora se alquila cualquier cosa? ¿No hemos oído, acaso, que para compartir colchón unos duermen durante el día y otros por la noche. ? ¿No vemos a los “sin techo” hacinados por doquier?

¿Y qué os parece que esta trama, este canto de amor y de esperanza, haya salido de la mano de un escritor que vivió muy cerca la exclusión y el exterminio de un pueblo, de una raza, la suya?

Leo que Roland Topor, hijo de inmigrantes judíos polacos, afincados en París, nació en 1938 en un momento en el que Europa entera era absorbida bajo la férula del nazismo más cruel y despiadado y que durante su niñez deambuló junto a sus padres de un lugar a otro huyendo del terror y la barbarie. Leo que, a pesar de eso, y de su teatro del absurdo en su “Invierno bajo la mesa”, fluye la confianza en un mundo mejor y nuevo. Las vicisitudes pasadas le han valido, no para lamentos inacabados ni ansia de venganza, sino para hacerle reflexionar, en positivo, sobre un mundo injusto, con un humor alegre y desesperado a un tiempo, que piensa que la vida no tiene por qué ser así, que hay otras maneras. Este es el mensaje que percibo en la obra y que más me gusta.
Os recomiendo verla.

Aquel día mientras presenciaba las distintas escenas hasta el desenlace final, pensaba en patrias, en fronteras, en muros que derribar y en la necesidad de cambiar muchos de nuestros erróneos esquemas. Porque, desde el suelo que pisamos, desde nuestra tierra hasta el firmamento, a las estrellas ¿dónde están las fronteras? ¿quién las pone?

Ya os dejo, no sin antes desearos, ante la proximidad de estas fiestas tan llenas de alharacas y vacíos, a todas la flores del desierto que buscan la luz y la esperanza que tengáis TROM, ahora y siempre. Y que vuestras  vidas se vean llenas de esta mágica palabra.

Besitos. Blanca

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2 Respuestas

  1. Casandra

    Blanca, yo sé lo que es trom. Trom eres tú. Gracias por esta crónica magnífica, idealista de …….. Rompes todos los moldes. Divulgar tu ejemplo de vida significaría acabar con un montón de prejuicios que hacen un montón de daño a la Humanidad.
    Gracias por estar aquí, por forma parte imprescindible ya de ese oasis, vergel de flores magníficas.
    Acabo de pasar una tarde-noche magnífica con Aloe Vera y compañía y he confirmado que nuestro oasis vive, a pesar de las dificultades, de las diferencias, de las perspectivas dispares, incluso de los prejuicios y de muchas ideas preconcebidas que paralizan, anquilosan, lastran. Estamos, somos y vamos adelante. Eso ya es mucho. No importa donde lleguemos. O …., si, importa mucho. Pero, en eso estamos, en conformar, en hacer cada día camino. Entrada a entrada, comentario a comentario. Cada día me confirmáis con vuestra presencia, con vuestras aportaciones, que esto merece la pena y que tiene un sentido mucho más allá de lo que atisbamos a intuir. Gracias y buenas noches. La buena suerte la buscamos nosotros. Bsos a todos.

    Responder
  2. Hierbabuena

    Que bonito Blanca, mucho pero que mucho TROM, para ti , y para todas las flores de este desierto tan particular que compartimos.

    Responder

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