Crear cuenta

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.


Hemos enviado la contraseña a su correo electrónico.

Un beso a los que viven las cosas a su tiempo.

 

 

 

Penedi me contó recientemente que, cuando murió su madre hace unos años, y tuvo que enfrentarse a sus armarios y a sus cajones,  fue terrible. Fue como sufrir su muerte dos veces.

Descubrió que su madre guardaba en cajones de cómodas y armarios toda su vida. Todo su pasado. Recuerdos de infancia, adolescencia, juventud y madurez. Conservaba fotografías, cartas y documentos de todos sus buenos y malos momentos. Pero, sobre todo, le dolió encontrar un montón de cosas nuevas, no vividas. Todo lo que ella preveía que iba a poder disfrutar en el futuro.

Aún resuena en mi mente la pregunta de Penedi, muchas veces repetida aquella mañana de no hace mucho tiempo ante una taza de café: ¿por qué’? ¿por qué?, ¿por qué?. ¿por qué no viviste? ¿por qué no disfrutaste de lo que tenías en lugar de dejarlo todo para después? ¿por qué  siempre demoraste el hoy en función del mañana? ¿por qué siempre antepusiste nuestros deseos a los tuyos? ¿Por qué?

Cuando enjugó sus lágrimas, me miró y me dijo:

-“Casandra, cuando pude recomponerme de la pérdida de mi madre,  me dije: la vida es hoy. No pienso dejar ni un solo recuerdo en ningún cajón. Pero, sobre todo, no pienso dejar de estrenar ningún vestido nuevo hoy, para ponérmelo el próximo domingo”. “Desde entonces, -insistió-, procuro estrenar algo cada mañana, en cuanto me levanto. Estreno una frase, una sonrisa, unos zapatos, un amor,  un amigo, una flor en el pelo, un encuentro, un café, un conductor de autobús, un piropo que recibo o regalo. ¡Mira¡ hasta he estrenado casa nueva, que eso es, ya,  lo más grande para mí.

Y en su casa nueva, que está asentada sobre la misma tierra en la que se crió con su hermano y en la que vivió y despidió a sus padres,  ella ha construido desde los cimientos un hogar distinto. ¡¡¡Guay del paraguay¡¡¡, florecillas. A ver si tenemos ocasión de que la visiteis  algún día. A ella le encanta mostrarla y contarte los detalles: cómo la diseñó, sus debates con el arquitecto, sus peleas interminables con el constructor, sus bromas con los albañiles; la elección de la cocina y de  los azulejos de los baños. Te cuenta con precisión el por qué de la buhardilla y de la cámara oculta, de las varias terrazas y de sus escaleras- biblioteca. La elección de las alfombras, los puntos de luz  o del blanco de las paredes son los temás de más actualidad. Ella quiere organizar una fiesta de inauguración más adelante. Pero…. ahora está muy distraída con la organización de su viaje a los fiordos noruegos.

Su casa es grande, blanca, abierta al sol y a la luz, al cielo. Por las noches, desde casi cualquier parte, se pueden contemplar las estrellas, los luceros y la Luna. Es un hogar  con su chimenea para el invierno y con sus habitaciones para invitados, su patio con fuentecita y geráneos; sus cuartos de baño de mil colores, su jacuzzi –lo más in- y su sauna. Conserva objetos de la casa matriz, pero, perfectamente ensamblados entre los símbolos que hoy forjan su nido. Todo tiene un significado: vivir cada cosa a su tiempo.

 

Hoy, día de Santiago, apóstol.

Hoy, 25 de julio, es el día de Santiago Apóstol, patrón de España. Y hoy, inevitablemente, siempre vuelve al presente mi abuelo materno, Manuel, a lomos de su caballo blanco y   portando la más hermosa maceta de albahaca para entregar a su amada. ¿20 años? Menos, tal vez tendría. Ella me contaba cada año este día que: “cuando era mocita, era costumbre que tu novio te regalara una maceta de albahaca en prueba de su amor imperecedero, como el olor de esa planta”.  “Cuanto más hermosa, ……. “.

Yo quedaba pensando y, según fueron pasando los años, comprendí algunas reacciones y comportamientos. Sobre todo entendí su mantra: “esa maceta no me la toques”.

De mi abuela materna recuerdo muchas cosas. Fue y es mi gran madre. Sobre todo su dulzura y el enorme amor a su gran familia. Tenía un aura que destilaba eso, AMOR.   Siempre tuvo una maceta de albahaca en la ventana de la cocina.

De mi abuelo  materno recuerdo su gracia “pareventar”, sus historias fantásticas en torno a la luz de la lumbre en invierno o bajo la parra del patio en las noches de verano. Todos los nietos, y éramos muchos,  atendíamos expectantes, sin rechistar, -sentados  en corro en el suelo o alrededor de la mesa camilla, en doble fila- escuchando sus cuentos. En realidad eran casos verídicos, pero entonces no  lo sabíamos. Cuando iba con él por la calle, de su mano,  su don de gentes y sus habilidades sociales te hacían sentir parte fundamental del mundo, eje importante de la vida. De él aprendí, sobre todo, que cada ser es elemento imprescindible y único en el engranaje de la naturaleza. Millones de gotas de agua conforman el mar, pero todas son necesarias.

FELICIDADES A TODOS LOS SANTIAGOS Y SANTIAGAS, que haberlas haylas.

 

 

Comenta con tu perfil de Facebook

6 Respuestas

  1. Agave Celsi

    El año pasado, en uno de los momentos más bajos de mi montaña rusa, me dediqué a tirar un montón de cosas. Las había conservado pensando en un futuro que ya no era. Revistas, cartas, recuerdos de conciertos, fotografías… Iban a ir colocadas en una buhardilla que ya no será. Hasta los libros estaban amontonados recién sacados de una estantería que me había costado un año conseguir y que disfruté tan solo unos meses. Allí estaba yo, y la vida tal y como es. No como imaginaba que iba a vivirla. Y tuvo un efecto terapéutico desprenderse de tanto recuerdo y objeto que ya no tenían sentido. Quizá nunca lo tuvieron. Porque lo único que tenía sentido era ese momento, esa realidad, tan distinta a la imaginada. Me di cuenta de la pérdida irreparable de tiempo que es agarrarse a los recuerdos e imaginar el futuro. No hay más vida, cierto, que el aquí y ahora.

    Responder
  2. AmiKitas

    Me ha emocionado mucho la confesión que te hizo Penedi, Casandra. Sobre todo porque me ha hecho recordar que mis padres son así. No viven y me da rabia. Y lo peor, yo a veces me contagio de esa actitud y no quiero ser así. Quiero, como dice Penedi, vivir mi presente, que mañana ya veremos como se presenta.

    Me ha gustado muchísimo lo que nos cuentas y como lo cuentas. Pero siempre me pasa cuándo te leo.

    Besitos a las dos.

    Por cierto, que sepas que me tienes estresada haciendo mis deberes (tú ya me entiendes).

    Responder
  3. carmen

    Soy conscciente de que hablo desde la facilidad de que no han muerto mi madre ni mi padre. Y por tanto ha experiencias que no tengo, y a saber cómo las voy a vivir. Pero en principio, no me parece tan raro, ni tan malo, que una madre de las de antes haya vivido subordinando sus deseos a los de sus hijos, sus necesidades a las de su famila… De hecho yo soy una madre moderna (creo) y cuando antepongo mis deseos a los de mis hijos, como irme un fin de semana de viaje con mi santo y dejarlos en casa, aunque son mayores, os confieso que no disfruto plenamente del viaje, y mantengo por ahì abajo en alguna parte cierto complejo de culpabilidad; aunque me lo pase bien, pero es haciendo un esfuerzo. Tampoco me parece tan horrible guardar cosas esperando el momento de disfrutarlas de una manera especial, aunque al final descubras que ese momento finalmente nunca llegó. Y cuando tu hijo o tu hija abran tus cajones, y descubran aquel perfume que te regalaron cuando eran pequeños por Navidad y que nunca abriste, seguramente llorarán, pero yo creo que será por ternura y por ver el amor con que se guardan los recuerdos intentando preservarlos del paso del tiempo… A mi me pasa continuamente. Y si esto va a peor, que parece que va a ser que sí, igual me encuentro abriendo un bote de protector solar especial antiarrugas para el rostro de Dior, que en su momento guardé como oro en paño, y por no usarlo caducó hace 5 años, para ver si no me salen granos y no me tengo que comprar una hidratante ahora, que me viene fatal… También tengo guardado un perfume de Moschino que me regaló una de mis tías cuando nació mi segundo hijo (el angelito ya tiene 17 años, al loro) y quién sabe, igual algún día lo tengo que abrir para ahogar en su perfume añejo y caducado mis penas futuras… o para perfumar futuras alegrías… en fin, que me enrollo, lo que quería decir es que guardar algo con la ilusión de disfrutarlo más adelante me parece un detalle romántico, siempre y cuando no sea algo necesario de lo que te estés privando en ese momento, porque entonces en mi pueblo, que es el vuestro, eso se llama ser un gurrumino… y eso puede ser motivo de otra discusión, ¿no?

    Responder
  4. Jade Queen

    Todo el mundo tiene su pequeña caja de Pandora, donde guarda recuerdos, trastos y secretos inconfesables. Creo que es importante tenerla, en su justa medida. Sólo con los elementos imprescindibles o necesarios. Hay épocas de la vida en la que nos gusta ir ligeros de equipaje. Y otras en las que nos dedicamos a atesorar, como una forma de agarrarnos a los momentos felices que no volverán pero que queremos retener. Pasando por rachas en las que deshacernos de todo es una manera de exortizar el pasado y convocar al futuro. A lo largo de mi vida, he pasado por etapas en las que me ha resultado muy dificil deshacerme de determinadas cosas. He aprendido que si les concedo un rinconcito durante unos meses o años, el dolor por deshacerme de ellos habrá desaparecido. Soy muy afortunada porque mi caja de Pandora es suficientemnete grande como para no tenerme que desprender de las cosas cuando aún me causaría daño la pérdida.

    Responder
  5. Blanca

    Sabes qué,Cas, al escribir ésto y después de leerte, tengo un fuerte escozor en la gargante y unas ganas terribles de llorar a pierna suelta. Con tu escrito de hoy,como siempre, me has devuelto a otro tiempo, demasiado reciente todavía. He vuelto a sentir esa sensación de pérdida tan terrible que a veces te aprisiona, pero que te ensancha, y el recuerdo, como decía en otra ocasion, ha liberado fantasmas dormidos. No obtante hoy experimento mejor el significado de esa frase reciente “Dios ha puesto el placer tan cercadel dolor que, a a veces, se llora de alegría. Porque así es como yo ahora lloro a mis padres fallecidos, con bromas y sonrisas, recordando sus manías, sus tics, su buena y larga vida y su generosidad genuina, como la de cuaquier padre o madre que se precie, durante toda su vida y, aún más, porque día a día me percato más y más que soy ellos, sí su esencia y que de lo que tengo casi nada es mío, todo, todo de ellos. Su legado.

    Responder

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
X