Días de abanicos rotos

¿Donde quedan esas tormentas de verano -sobre todo en Agosto-, que tanto me fastidiaban de niño cuando estaba en la playa?.

Y es que dormía en el salón de un piso alquilado en el Rincón de la Victoria (Málaga) quince días de agosto de todos los años, y raro era el verano que no veía caer de noche rayos al mar. Lo bueno era lo espectacular de las imágenes, lo malo era que el baño del día siguiente quedaba en entredicho.

Pero,¡qué calor!. Bonito recibimiento me tenía Córdoba preparada. No podía ser de otra forma. No se entiende esta ciudad sin calor, sin sonidos de chicharras y sin chasquidos de abanicos de nuestras bonitas mujeres.

Y cuánto desea el hombre en sus adentros poder gobernar un abanico como el de ellas, pero qué poco masculino parece quedar eso de pedir “prestado” ese mini consuelo femenino, aunque sea para unos pequeños segundos aliviados.

No, el hombre es hombre, rudo por “naturaleza” y no necesita esas cosas para estar fresquito. Tal vez una buena cerveza en el bar de la esquina. Así si que se refresca uno.

Pero que ahora, lo multicultural nos enseña que los hombres ya se pintan las uñas, y se depilan, y se compran mascarillas, y van más de dos veces al peluquero al mes, y van al gimnasio, y beben coca cola zero, y… venga, que todavía nadie ha sacado el abanico. Que no es una crítica destructiva, es una crítica voraz; después de todos los avances seguimos pasando calor en Córdoba por sus calles.

Bien es verdad, no me veo yo, abanico en mano, pero prometo que si algún día se pone de moda, me lo pensaré. Ahora vendrán los puristas masculinos diciéndonos que el mundo cambia demasiado deprisa.

Pero es que Córdoba…

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Sergio García

Acerca de Sergio García

Cordobés de nacimiento, pero recorriendo España. A la vez que voy conociendo distintos rincones de nuestro país, voy viendo como son sus gentes, sus tradiciones, sus climas, sus playas…, y nada más reconfortante, que a tantos kilómetros de casa, puedo confirmar que hay muchas más cosas que nos unen y nos identifican, de las que nos separan. Posiblemente, cosas que nos separan sea, lo que algunos temen tanto, pero que da riqueza a nuestro ser: Pluralidad. Gracias a eso, en Córdoba se puede comer un buen pulpo a la gallega, tomar un buen rioja, comer un buen cocido madrileño o pararse a tomar el clásico pincho vasco, por poner ejemplos. Ni que decir tiene, el salmorejo, el rabo de toro y el fino, también se ven, donde la vista no alcanza cuando miras, desde el Sagrado Corazón de Jesús de las Ermitas de Córdoba.

12 comments on “Días de abanicos rotos

  1. Te lo dije muchas veces, y no me hiciste caso, como siempre suele ocurrir en este desierto-oasis-jardín. No eches tanto de menos Córdoba, ¡con lo bonita que es Galicia¡ ¡con esa banda sonora de lluvia persistente¡¡ ¡con sus paisajes y valles verdes eternos¡¡¡. Pero tú te empeñaste en venirte para acá, y nada menos que en julio. Y nada menos que en uno de los veranos más calurosos que hemos tenido en décadas. Y en uno de los años más secos. Por no haber, este año no hemos tenido ni tormentas aún. En fin, que me alegra leerte ¡cuánto me alegra leerte de nuevo aquí¡¡ YO creía que te habrías derretido con los 50 y pico grados de las últimas semanas. ME alegra comprobar que has sobrevivido. Bienvenido, de nuevo. El jardín ha recuperado a su jardinero. Por que ………. ya te quedarás, quiero pensar.

  2. Ah¡ se me olvidaba. Prometo regalarte un abanico de hombre -que existen aunque ahora no se utilicen mucho- cuando nos conozcamos en persona para que los pongas de moda en tu ciudad a partir de ahora. Al primer hombre que yo vi manejando, con bastante destreza, por cierto, un abanico masculino fue a aquel presidente de la Junta de Andalucía que se llama José ROdríguez de la Borbolla. Fue en el verano de 1988, creo recordar, en el acto de inauguración de la nueva sede en Córdoba de la DELEGACIón del Gobierno -entonces GOBERNACIÓN- de la Junta en Córdoba, ubicada desde entonces en un bello edificio rehabilitado que data del siglo XVI, aunque conserva vestigios arquitectónicos de épocas históricas mucho más antiguas. Podrás encontrarlo en la calle san Felipe, 5, frente a la plaza de San Nicolás y junto a la iglesia de san Nicolás de la VILLA, al final del bulevar de GRAN Capitán. Es precioso. Llégate un día de éstos en plan visita relax. Está abierto al público y sus patios son frescos y un remanso de paz. Allí encontrarás muchas flores. Su jardinero se llama Manolo.

  3. Qué alegría saber de ti querido Sega!! Bienvenido de vuelta al blog. Bienvenido a este interminable verano de abanicos y nervios rotos. De siestas sofocantes y noches de pesadillas. Y es que con los calores de este año no se puede disfrutar de terrazitas ni cines de verano, nada de contemplar estrellas en un cielo turbio de arenas del desierto. Vaya pesadilla de veranito. Le canto al otoño, al olor a tierra mojada, ojala que llueva pronto, y a los atardeceres ocres y púrpura. Desde aquì los invoco con los ojos entornados, cansados de la luz de este verano. Ah! Las frescas mañanitas de octubre, los planes renovados, los cafelitos al tibio sol del medio dia. Este es nuestro otoño. Lo será, que con tanta anticipación se me olvidan las tres semans de verano restantes. Ayer Casandra y yo unimos nuestras energias para convocarte al blog, y hace un ratito me ha enviado un emisario con un mensaje:
    “Entra al blog, hay una sorpresa”. Sorprendida quedo, y encabntda, sobre todo encantada.

    • Que todo lo malo en este mundo se quede en el calor de Córdoba, que a veces da más calor otras cosas, o más bien, nos calienta más y no en el sentido amplio si no en las miserias que vivimos actualmente. Y es que, no concibo Córdoba sin calor, y el calor sin Córdoba -ningún calor de ninguna ciudad es igual a este, y no hablo de más, si no de peculiar y genuino-, aunque eso si, a veces, sea excesivo. Gracias por tu recibimiento.

  4. Pero Sega ¿cómo es eso de preguntar por las tormentas? Aquí encima las tenemos
    Con la única diferencia que estas no son de las que liberan el ambiente y lo limpian ni dejan ese olor tan lleno de tierra mojada y fresca
    Estas son mucho mas feas , lo enrarecen todo y te dejan un sentimiento de furia, de impotencia y de ganas de correr a otros lugares , si es que quedan . Allí donde el arco iris salga con mucha mayor frecuencia

    En cuanto a los abanicos. Son la mejor forma de airearte y despejar espacios de malos aires y malas sombras. Atrévete.No abuses de la cerveza ¡con lo que engorda! Comprate alguno, que sea pequeño que es el que más se acepta en vuestro sexo.

    • Tormentillas de verano, de las que te pillan con las chanclas y la camiseta corta, y huele a humedad mezclada con calor. De la que te sientas en una terracita a esperar las cuatro gotas y la vuelta al sol -si que es que en algún momento se fue-, y para cuando llegue la tarde todo quedará en eso, en una tormenta de verano.

  5. ¿Nadie recuerda al grupo Locomia? lo que pasa es que eran todos gays, pero bueno, a ver si hay suerte y algun grupo mas “machote” como los famosos “mojinos escozios”, sacan alguna canción con un abanico en las manos y lo ponen de moda entre los hombres, que algunos tenemos muchas ganas de abanicarnos y nos da igual la condición sexual a la cual creen los demas que pertenecemos, cuando aprieta el calor nos hacemos todos del gremio de la bata de cola :)

  6. Vaya, vaya, de tanto hablar de tormentas acabáis de convocar una, la tenemos en lo alto de la cabeza en este lado de Córdoba. Viene desde arriba de Sierra Morena así que es improbable que veamos agua, que no sea la necesaria para ensuciar los parabrisas de los coches.
    Con respecto a los abanicos, deciros que los samuráis usaban tradicionalmente paypay, modalidad japonesa para mover el aire y refrescar. Las cortesanas, gueishas, usan pequeños abanicos, como los nuestros, que pueden ser joyas que pasan de generación en generación, elaborados con sedas finamente decoradas. Los guardan en la manga de su “haori”(especie de chaqueta que se lleva sobre el kimono) o remetido en el “obi” (ancho cinturón que recoge y ajusta el kimono a la cintura).
    Ellos mueven el paypay con decisión y sin miramientos, como corresponde a sus bruscas maneras de hombres rudos que no dudan en auto inmolar se mediante el haraquiri. En fin, que si el abanico os parece poco varonil, podríais emular a los míticos samurais en el uso del paypay, parece que ellos eran muy machotes, al menos en sus maneras

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