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Nuestras expectativas afectan a la realidad. No importa si hablamos de personas, situaciones, acontecimientos o relaciones; si creemos que un evento va a desarrollarse de una manera concreta pondremos en marcha toda una serie de sesgos de pensamiento, de atención y de motivación que influirán en la manera en que, en realidad, se produzca la situación.

Si os preguntara qué opináis de esta mujer, ¿qué me diríais?. ¿Os parece lista?, ¿creéis que trabaja fuera de casa?, ¿es superficial? ¿podríais hablar con ella de las últimas noticias de política?

Probemos ahora con esta otra imagen, y hagámonos las mismas preguntas.

Vimos en el artículo Los siete primeros segundos, como con sólo ese tiempo somos capaces de emitir un juicio de valor sobre una persona. Una primera impresión rápida es imprescindible para el ser humano. Gracias a esa capacidad de evaluar situaciones y sacar conclusiones en poco tiempo, podemos prever, reaccionar y adaptarnos a nuestro ambiente.

Pero, en ocasiones, nuestras expectativas en lugar de protegernos de la realidad, crean las condiciones propicias para que la realidad sea como la esperábamos.

Porque si creo que la mujer rubia y vestida de rosa no ha visto las noticias ni leído el periódico, probablemente yo no le pregunte acerca de la actualidad. Es más, incluso puede que saque temas de conversación de cosas que no me interesan y de las que no suelo hablar, porque creo que ella sí lo haría. Así que tras una corta conversación me iré pensando que esa mujer es tonta.

Mis expectativas acerca de esa persona se basan en mis creencias. Mis creencias se traducen en pensamientos y yo los llevo a la práctica. Pero, ¿y si mis expectativas hubieran sido diferentes? Si hablo de política puede que la mujer rubia responda o no, puede que le interese la conversación o no, pero al menos le habré dado la opción.

Por eso nuestras expectativas acerca de cualquier situación, la gran mayoría de las veces, acaban determinando la situación. Creamos nuestra realidad a base pedirle al ambiente sólo lo que creemos que puede darnos. En psicología, ese fenómeno se denomina profecía autoincumplida.

Cuando alguien va a una entrevista de trabajo, tiene que dar buena impresión. Parecer seguro de sí mismo, convencido. Los entrevistadores deben creer que uno es idóneo para el puesto, que tiene los conocimientos y la capacidad necesarios para desempeñarlo. Pero, si al llegar a la entrevista de trabajo uno piensa “no lo voy a conseguir”, seguramente, se pondrá nervioso. Ese pensamiento negativo desencadenará otros como “que hago aquí si seguro que no me dan el trabajo”, “todos los demás candidatos parecen más preparados que yo”, “estoy perdiendo el tiempo”. Pensando eso, es probable que la persona empiece a mostrar algún tipo de síntoma físico. Puede que empiece a sudar. Puede que su apretón de manos sea menos firme. Quizá le tiemble la voz al hablar. ¿Creéis que conseguirá el trabajo?

No nos equivoquemos. No estamos diciendo que el mero hecho de pensar algo puede hacer que se cumpla. Por mucha seguridad en mi mismo que tenga, si no estoy preparado para el trabajo, seguramente no me lo darán, pero lo cierto es que me sentiré mejor. Y probablemente de una imagen más tranquila y confiada.

Las expectativas que tenemos acerca de las situaciones van a influir sobremanera en la forma en que pensamos, sentimos y nos comportamos. Por eso nunca viene mal ser positivo. Y nunca viene mal abrir nuestra mente, nuestro campo de acción y nuestro abanico de posibilidades.

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2 Respuestas

  1. Casandra

    Efectivamente, coincido con vuestro planteamiento. Las expectativas pueden condicionar la realidad. Por tanto, será mejor que sean positivas, pero cuidado, vayan a ser tan altas que resulte realmente imposible conseguirlas. Luego, positividad si, pero moderada y controlada, o, sea, dentro de nuestras posibilidades reales. Que los sueños …… sueños son.

    Responder
  2. Ánima Psicología

    Si, cuando nos planteamos unas expectativas muy altas, alejadas de nuestras posibilidades reales TENEMOS UN PROBLEMA. Tener capacidad para ver lo positivo de lo que nos ocurre, además de ver los inconvenientes, las ventajas, es ser flexible. Y para nuestra satisfacción personal, esa capacidad se puede desarrollar y mejorar practicándola a diario. Funciona, os lo digo yo. Gracias por tu comentario Casandra. Mis mejores deseos para todos en este lunes tan otoñal

    Responder

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