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A medida que los niños van creciendo comienzan las incómodas preguntas sobre sexo. Palabras que oyen en el colegio, escenas que ven en televisión, o incluso expresiones que nos oyen a nosotros, despiertan en los niños dudas infinitas.

Una de las preguntas que más me hacen los padres en la consulta es: ¿cómo le explico “esto” a mi hijo?. No hablamos sólo de detalles específicamente sexuales (de dónde vienen los niños), sino de toda la información relacionada con la sexualidad a la que los niños están expuestos. ¿Qué es una “puta”? ¿se pueden tener hijos si no se está casado? ¿dos hombres pueden tener hijos? ¿el amor duele? ¿si nos damos un beso ya somos novios? Todas estas son preguntas reales. Y nos pueden dejar con la boca abierta y deseando que nos trague la tierra.

Siento deciros que no puedo daros una respuesta “correcta” a cualquiera de las preguntas que hagan vuestros hijos. Pero sí que puedo exponeros algunas indicaciones útiles:

  • Es imposible no dar una educación sexual. Educamos a nuestros hijos, queramos o no. No decir nada acerca de un tema, también es educar. En este caso, el aprendizaje que harán los niños de nuestra no educación sexual será que ése es un tema del que no se habla. Y ya que vamos a educar igualmente, merece la pena hacerlo bien. Uno de los temores que tienen los padres al hablar de sexo con sus hijos es si, de alguna manera, estarán “incitándoles” a tener sexo. Los estudios al respecto indican que los niños que tienen una buena educación sexual tienden a posponer las relaciones sexuales más tiempo que los que no. Además, la educación sexual ayudará a los niños, no sólo a tener una visión más positiva de la sexualidad y toda la información necesaria para cuidar su salud sexual, también a tener claros sus valores y los de su familia, a manejar sus vínculos afectivos y a tomar decisiones razonadas.
  • No importa la edad del niño, si pregunta sobre un tema es que sabe algo. En ocasiones nos parece que los niños “no tienen edad de saber eso”“son demasiado pequeños para comprenderlo”. Y puede que sea cierto. Pero los niños se ven expuestos a una cantidad de información apabullante, lo que hace que conozcan algunos términos o conductas sexuales, pero no sepan exactamente a qué se refieren. Así que, si nuestro hijo tiene edad suficiente para hacer la pregunta, es que tiene edad suficiente para conocer la respuesta. Por eso daremos una explicación adecuada y comprensible adaptada a la edad del niño, pero siempre hay que contestar algo.
  • No dar más información de la que pidan. Si nos peguntan “¿qué significa ser gay?” responderemos sólo a eso. Por ejemplo: “Ser gay significa que te gustan personas de tu mismo sexo. Si eres hombre, te gustan los hombres y si eres mujer te gustan las mujeres”. Ya está. No hace falta que entremos a explicarles si eso es bueno o malo, a qué edad se puede uno dar cuenta de que le que pasa eso, si te puedes casar o no, ni hablar de adopciones, ni de bares de ambiente, ni de nada extra. Así evitaremos dar información para la que no están preparados, pero dejaremos satisfecha su curiosidad.
  • No os pongáis nerviosos (y si lo hacéis, ¡disimulad!)Los niños aprenden rápido lo que está bien y lo que está mal. Si mostramos disgusto o incomodidad ante preguntas de un tema concreto, sabrán que ese tema no es apropiado y dejarán de preguntar. El problema de esto es que los niños son curiosos y si no obtienen una respuesta de sus padres, lo harán de otro sitio. Por eso nos viene bien responder a sus preguntas de la forma más natural posible. Además, es conveniente no censurar ninguna pregunta. Si decimos cosas como “eres muy pequeño para saber eso” o “de esas cosas no se habla” los niños no volverán a preguntar. Y, en realidad, por muy incómodos que nos sintamos,  queremos que nos sigan preguntando. Queremos ser su primera fuente de información. De esta manera, no sólo estaremos enterados de qué sabe nuestro hijo, sino que podremos inculcarles los valores sexuales que nos parezcan más adecuados. Además, de cara a la pubertad y la adolescencia, cuando comienzan a tener relaciones sexuales, nos conviene que nuestros hijos se sientan cómodos hablando con nosotros del tema. Queremos que se sientan seguros y confiados, para que si se ven en alguna dificultad seamos los primeros en enterarnos (¡y no los últimos!)
  • Intentar limitar lo menos posible las opciones de vuestros hijos. Dejadles que razonen, que lleguen a sus propias conclusiones. Así, además de educación sexual estaréis haciendo una magnifica educación en pensamiento crítico. La sexualidad es una expresión individual de nuestra personalidad. Intentar no juzgar, para que vuestros hijos no juzguen y para que no se sientan enjuiciados. Intentar respetar la inmensa variedad de conductas sexuales, para que vuestros hijos aprendan a respetar a los demás y a respetarse a ellos mismos. Al fin y al cabo, la mayor parte de la educación, sea sexual o no, la hacemos con nuestro ejemplo. Somos su modelo de conducta y si queremos que se acepten tal y como son, debemos enseñarles a aceptar a los demás.
  • No limitemos la educación sexual sólo al sexo. La sexualidad va unida a un sinfín de afectos. El amor, el cariño, la sensibilidad, las relaciones de pareja, la autoestima, el respeto. Todo esto está incluido en la educación sexual. No desliguemos el sexo de las personas.
  • Intentemos no hablar sólo de aspectos negativos de la sexualidad. Por supuesto los jóvenes tienen que tener información acerca de anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual. Pero el sexo también implica bienestar, placer, afecto, disfrute e intimidad. Al final, los niños crecen. Y van a tener sexo, nos guste o no. Así que intentemos que ésta sea un área de su vida lo más sencilla y saludable posible.
  • Y ¡tranquilos!, para dar una buena educación sexual no hace falta ser un experto en el tema. Al fin y al cabo no somos expertos en nutrición, ni en seguridad vial, ni en relaciones sociales y educamos a nuestro hijos al respecto. Si no sabéis contestar alguna pregunta, no pasa nada. Podéis averiguar la respuesta juntos. Y siempre podéis aportar vuestra experiencia y conocimientos.

Una de las maravillas de los niños es su espontaneidad y su curiosidad ante la vida. Esta es una característica que vamos perdiendo a medida que nos hacemos adultos y la convertimos en vergüenza, hipocresía y prejuicios. Si podemos ayudar a nuestros hijos a que mantengan su curiosidad y su falta de recelo ante las cosas nuevas, les estaremos abriendo muchas puertas a su creatividad, a su inteligencia y a sus ansias de conocimiento. Ser curiosos nos ayuda a aprender y a evolucionar. Y este es uno de los aspectos en los que los niños nos enseñan a nosotros. ¡Aprended de ellos! Y afrontad esas “situaciones incómodas” como una gran ocasión para estar más cerca de vuestros hijos.

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Una Respuesta

  1. Jade Queen

    Estupenda entrada. Me ha gustado especialmente. Gracias por tus indicaciones tan profesionales y tan racionales. Saludos.

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