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Viaje relámpago a Valencia, la ciudad de Carmen Amoraga. Su última novela, La vida era eso, nos brinda la excusa perfecta para charlar junto al Mediterráneo del amor, la pareja, la fidelidad…

Hace pocas semanas ha recibido el Premio Nadal, nuestro premio de novela más prestigioso. Pero de lo que Carmen Amoraga me habla con mayor ilusión es de su próxima novela, que ya tiene en la cabeza, y que está impaciente por comenzar a construir. “Es como una esponja, absorbe todo lo que hay a su alrededor”, me dice su mejor amiga, que nos acompaña hoy.

Enhorabuena por el Nadal, lo primero, y enhorabuena por toda tu carrera literaria, vas prácticamente a premio por novela….

¡Bueno, no tanto como parece! En realidad tengo siete novelas y sólo dos premios, porque los premios en los que he sido finalista (Nadal, Planeta…) no cuentan. Con mi primera novela gané el Ateneo de Sevilla, que significó sobre todo la posibilidad de publicarla. Y ahora el Nadal… La verdad es que me presenté con el objetivo de ganar, porque en el Premio Nadal no hay finalistas. Pero en las demás ocasiones, me presento a los premios porque hace tiempo me dieron este consejo: si quieres publicar tus novelas preséntalas a un premio. Aunque no ganes, te aseguras que la leen en la editorial y así puede que la publiquen. En un momento de mi vida, tras varias novelas publicadas, quería cambiar de editorial, y presentar mis trabajos a los premios de las editoriales que eran mi objetivo fue una buena manera de hacerlo. Como no tenía agente, (Carmen Amoraga es periodista, y actualmente trabaja en el Rectorado de la Universidad de Valencia) mis contactos eran como periodista, no como autora, y lo veía difícil… Además, quería terminar la novela que tenía entre manos, pero acababa de tener a mi primera hija… y me organizaba fatal, perdía más tiempo pensando que no tenía tiempo que poniendo remedio. Así que me puse un señuelo:  miré el calendario  y vi que el 15 de junio terminaba el plazo del Planeta. Me puse a ello y lo presenté por correo certificado el mismo 15 de junio. Ya había publicado con destino, y ya sabía que podría publicar con ellos… lo que vino después fue como sobrevenido, no contaba con ser la finalista. Y luego está el premio dentro del premio, que fue fue compartir con Mendoza (el año que Carmen Amoraga fue finalista del Planeta el ganador fue Eduardo Mendoza, con su novela Riña de gatos) , el dinero del premio está en la hipoteca de mi casa… pero a Eduardo lo tengo en mi vida, y ya  de ahí no se va. Cuando recogí el Nadal se lo agradecí a él, porque me ha enseñado muchísimo, he aprendido más con él, el tiempo que hicimos la promoción del Planeta que en toda mi vida anterior. Con el Nadal ha sido diferente, sí que quería ganarlo, para qué vamos a decir otra cosa (risas). Con La vida era eso has escrito una novela de amor. Un amor inagotable, pero también lleno de dudas, errores, incluso infidelidades. Y al final queda el amor, que es… eso, Carmen, ¿qué es el amor?

No lo sé. Sé que una pareja feliz es la que, a pesar de todo, te compensa. Y ese “a pesar de todo” incluye muchas cosas. Incluso la muerte. No creo que mi novela sea una novela triste, aunque parte de la muerte del ser amado. Es una novela de sentimientos que cuenta un hecho triste, En realidad, lo más triste que le puede pasar a una persona es perder a su ser más querido. Hay muertes que son insuperables, lo único que puedes hacer es aprender a vivir con esa pérdida, como sería la de un hijo. Pero eso no me atrevo ni a pensarlo. No es el caso de esta novela. Cuando hablamos de sentimientos, perder a tu compañero de vida es lo más triste que le puede pasar a una mujer, porque en cierto modo pierdes tu referente. Pero no es triste, porque lo que te pasa en la vida es como tu lo vives, y ella lo vive con el afán de aprender a seguir viviendo, por eso digo que aprender a perder es aprender a vivir. Vivimos en una cultura para la que que vivir es negar la muerte, no estamos habituados a esta idea, la queremos negar, no hay ritos, fiestas… nosotros lo vivimos con mucha opacidad, muy de espaldas a eso. Giuliana, mi protagonista, es una mujer muy fuerte, que no sabe que es fuerte. Y recurre a herramientas para pasar por ese momento que se prevee largo que es el del duelo. Las herramientas que ella tiene a su disposición por su carácter – introvertida, que piensa una cosa y también la contraria- son las palabras. Cuando descubre  el bálsamo que es para su vida el contar lo que siente, que se lo da Facebook en su caso, entonces comprende que compartir las cosas, contar lo que te esta ocurriendo hace que lo superes mejor.

Facebook puede ser una herramienta útil, desde luego, pero a la vez que te pone en contacto con otras personas, te expone. Y también te esconde…

Facebook hace que todo sea más rápido, mas inmediato, y rompe el espacio y el tiempo. Gente que a lo mejor necesita alguien que le escuche lo encuentra. Todo en la vida tene su parte positiva y negativa, pero pienso que el mundo virtual es un complemento del mundo real, cada uno lo usa como cada uno es. Quien es cuidadoso tiene cuidado con lo que sube. Si uno es responsable lo usa responsablemente. Quien es introvertido lo usa a su manera…  De todas formas esta novela no trata sobre cómo Facebook ha entrado en nuestra vida. Trata sobre el amor, sobre lo que se entiende como relación de pareja. Una relación con nosotros mismos, puesta al límite… Además, en mi novela reflejo en otros personajes muchos otros tipos de relaciones: un hombre gay casado y con hijos; una mujer que mantiene una relación secreta; Giuliana y Will, que viven un amor tormentoso pero feliz…

Da la impresión de que para ti el llevar una doble vida no es algo censurable, es casi parte de la pareja.

Desde fuera es fácil juzgar lo que le ha pasado a una persona para vivir de determinada manera. Quizá no han sabido cortarlo, no sabían lo que eso llegaría a suponer… La vida no es un camino de rosas, ni individualmente ni en pareja, Si las espinas te compensan, entonces quizá podemos pensar que esa es una relación feliz. No es el caso de otros personajes, como el de un gay casado con una mujer, y con dos hijos. O el de una relación paralela a lo largo de toda la vida. Son casos que se dan en la realidad, y desde fuera es facil juzgar. pero no sabemos qué les ha pasado a esas personas para haber vivido de esta manera, son situaciones en las que quizá un día  te metes… y de repente ha pasado el tiempo ….y aqui está, quizá no has sabido cómo cortarlo, o no calibraste lo que llegaría a suponer… Al final los más infelices son los infieles, porque sus parejas no se han enterado de nada, la ignorancia es un ingrediente de la felicidad, ¿no crees? En términos de pareja, cada uno tiene sus límites.

Y tú no los juzgas.

Como escritora hago fotografías del mundo que veo, y en el mundo que veo no hay un único tipo de relación de pareja en el que todas somos Doris Day y ellos Rock Hudson. Todos tenemos una parte positiva y otra negativa; una sale una noche, se encuentra con un antiguo novio y sucede algo… veo ese tipo de relaciones y están en la novela porque están en la vida. Y quien juzga esas relaciones que están en la vida comete un error porque cuando juzgas, no lo haces con toda la información.

Se preguntaba Antonio Machín hace muchos años si “se puede querer a dos personas a la vez…”

Sí. Se puede querer a dos personas a la vez, y no estar loco. La monogamia no es el estado natural de las personas. Vivimos mucho tiempo, los afectos van y vienen y no son estables. Muchas veces, lo que nos hace seguir con la misma persona no es el amor entendido como amor romántico, sino muchas otras cosas. Y entre esas cosas va pasando el tiempo. Al final hay una base que te hace seguir con la persona que has elegido para formar una familia, para construir una vida. Pero esa base no hace que no tengas sentimientos por otra persona. Otra cosa es que los lleves a la práctica o no, pero sin culpabilidad. No me gusta el hecho de que nos sintamos culpables de todo lo que nos pasa. Los jóvenes hoy son más libres, más terrenales. Y me parece más sano. Espero que mis hijas, cuando crezcan, estén libres de esa tendencia, tan femenina por otra parte, a sentirse culpables por todo. Por eso el final de mi novela es abierto, cada uno que piense lo que quiera. Que ahí termina la novela; que ahí empieza la siguiente…

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Una Respuesta

  1. Casandra

    ¡Qué lujazo, Aloe¡ Gracias. Una entrevista dos veces buena, por escueta. Amoraga me ha resultado una persona encantadora. Me habéis animado a leer esa novela con ese nombre tan melancólico.

    Responder

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