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El próximo 4 de marzo Carlos Abad y Los Infames se desplazan a la provincia de Cádiz para presentar en esta tierra “En busca del tiempo perdido”, concretamente hasta la Sala Milwaukee en el Puerto de Santa María, donde ofrecerán un concierto que hará disfrutar a los asistentes del mejor rock en directo.

En busca del tiempo perdido” es el quinto trabajo editado en la carrera del músico sevillano Carlos Abad (Sevilla, 1982) y el primero en solitario. Un trabajo que refleja ampliamente las influencias musicales de Carlos Abad, donde podemos encontrar desde folk-rock americano hasta el pop británico de los 60, y por supuesto no dejando a un lado sus referentes más cercanos dentro de los grandes nombres del rock español. El disco lo forma once canciones que comparten principalmente en sus letras la temática que refleja el título; el paso del tiempo, la nostalgia, el devenir de las relaciones humanas o la identidad frente al cambio.

Quería jugar las dos caras de la moneda, negativo por la nostalgia, por las ausencias y el desgaste, pero con partes que son más positivas, en el sentido de asumir el paso del tiempo y convertirlo en algo provechoso” (Carlos Abad)

Aun siendo el primer álbum editado en solitario por Carlos Abad, para su grabación ha contado con la participación y colaboración de grandes músicos, como son los que integran junto con él, la banda Los Infames, con la que el trabajo está rodando en directo y que son también viejos conocidos de la escena musical sevillana, como son Domingo Díaz, Guillermo Luceño y Luís Abad, también ha contado con Quique Ruíz, pasando por Jesús Beades, José Vega (La Familia Corleone) y hasta Carlos Goñi (Revólver), quien se implicó durante el proceso de mezcla y mastering del álbum, así como en la presentación en directo y puesta de largo del disco en una conocida sala de Sevilla.

 

Cartel concierto 4 marzo en Sala Milwaukee

Cartel concierto 4 marzo en Sala Milwaukee

Puedes conocer un poco mas a este músico en la siguiente entrevista, donde además de su disco, nos habla de su banda Los Infames:

– Sr. Carlos Abad, ¿cómo nace tu pasión por la música y como llegas a dedicarte a ello de este modo tan personal?

Gracias por lo de “Señor”. En mi casa siempre ha habido música, vía paterna principalmente. Desde niños oíamos las historias que nos contaba sobre sus días como músico y escuchábamos los vinilos en un tocadiscos a válvulas… así que cuando cumplimos 10/12 años y desempolvó su vieja guitarra para enseñarnos, fue un paso natural que ansiábamos. Y lo encajamos como hacen los niños, como un juego, que es como se aprende de verdad (por algo los ingleses usan la misma palabra para jugar que para tocar un instrumento –play-). La “profesionalización” de lo que siempre ha sido una pasión y una vocación vino mucho después, por múltiples causas y variables que nunca controlas del todo. Lo personal es inherente al arte y al oficio, pero es difícil definirlo y delimitarlo.

– Tu padre fue músico en su día, él os contagió a ti y a tu hermano Luis su pasión por la música, pero pregunto por cómo suele suceder cuando se está aprendiendo, ¿cuál de ustedes dos fue el que tiró del otro en esto de la música?

Es una pregunta interesante, porque realmente los roles que se adoptan o desarrollan en una relación como es la de dos hermanos se reflejan en todo, y nunca se abandonan del todo. Aquí es importante observar la edad a la que empezamos. Luís tendría unos 13 ó 14 años y, yo, unos 10 u 11. Él estaba ya en la adolescencia y yo era un niño aún. Eso hizo que él desarrollara más las capacidades sociales (algo en lo que ya destacaba antes de la música), lo que lo convirtió en un gran frontman y en un cantante. Yo me dediqué más al juego que he comentado antes, lo cual, unido a mi timidez patológica, derivó en más estudio de la guitarra y en un cierto aislamiento o refugio. Si combinas las dos facetas obtienes que las fortalezas de uno compensan las debilidades del otro. Y exactamente eso ha sido lo que siempre ha funcionado en un grupo de rock and roll. El tiraba de mi (y sigue haciéndolo) en ciertos aspectos y yo en otros.

– Luis es integrante de la banda con la que estás rodando este trabajo, Los Infames y ha participado en la grabación del mismo, ¿cómo es esto de tener a tu hermano compartiendo esos momentos junto a ti en el estudio de grabación y en los escenarios?

Aparte de lo que acabo de comentar, en cierto modo es un reencuentro. Después de toda la vida tocando juntos y de vivir mil aventuras, resultó que proyectos en los que cada uno participaba por separado empezaron a funcionar muy bien. Eso hizo que, aunque siempre hemos coincidido aquí y allá, no tuviéramos tiempo para montar otra banda. Esa situación se prolongó durante unos 6 ó 7 años. Mientras tanto yo iba grabando, muy poco a poco, por gusto, un disco. Acabarlo y querer llevarlo al directo propició que volviéramos a tocar juntos. Por eso digo que es, antes que nada, un reencuentro. Aparte de eso, pues es como estar en casa. Eso que llaman ahora “zona de confort”. Si alguien me dice que es bueno salir de ella, le diré que me enseñe el contrato antes de firmar.

– Los conciertos de la gira que estás haciendo con “En busca del tiempo perdido” se presentan en los carteles como Carlos Abad y Los Infames, pero, ¿es Carlos Abad uno más de la banda Los Infames o se trata de una unión temporal para este trabajo en cuestión?

Soy uno más de la banda y, además, aún no concibo (literalmente) hacer esto si no es formando parte de una banda. Luego están los avatares de la vida que hacen que, como es el caso, todo se complique un poco. Entiendo la pregunta, pero tiene una explicación: hubo un momento en que tenía unas cuantas canciones y me di cuenta que todas ellas compartían una preocupación común: el paso del tiempo, la temporalidad. Tomar conciencia de ello me movió a grabar el disco. Pensé que valía la pena. Por entonces no formaba parte de ninguna banda con la que poder abordar un trabajo de esa naturaleza. Evidentemente, cuando empecé a grabarlo recurrí a mis amigos, de los que luego hablaremos (Guillermo Luceño, Domingo Díaz, mi hermano Luís, José Vega…) pero no dejaba de ser un proyecto “personal”. Un lujo que me estaba permitiendo sin ninguna aspiración en mente más que el propio disco. Mientras éste se grababa, sin plazos y sin disciplina horaria, montamos Los Infames, que en un principio iba a ser un grupo tributo a los Stones pero que al poco empezó a trabajar material propio. Así que coincidieron en el tiempo mi disco y Los Infames, aun siendo proyectos diferentes en fondo pero coincidente en algunas formas. Cuando terminé el disco y tomamos la decisión de editarlo, publicitarlo y todo lo demás, decidimos que lo natural, de momento, era presentarlo bajo el nombre de Carlos Abad y Los Infames como la manera más cercana de nombrar lo que fue la grabación y el proyecto. Los Infames éramos un trío pero coincidimos en incluir a mi hermano Luís para defender en directo las canciones del disco, que no habían sido grabadas con ese formato. Cuando abordemos la siguiente grabación, si llega el caso, veremos cómo lo planteamos en todos esos sentidos, pues eso no deja de ser una solución a unas circunstancias concretas.

– He tenido oportunidad de disfrutar ya de varios conciertos vuestros y veo que formáis una maquinaria perfectamente engrasada, ¿desde cuándo tocáis juntos?

Como he comentado, mi hermano y yo desde siempre, lo que suman ya unos veinte años. Con Guillermo Luceño prácticamente igual. Éramos vecinos y, después, compañeros de clase en el colegio. Nos conocemos de toda la vida y llevamos tocando unos 18 años juntos. En el caso de Domingo Díaz “solo” diez años. Lo conocimos gracias a Guille y vimos que tenía la misma tara que nosotros, así que congeniamos a la perfección; No hemos dejado de tocar y grabar (es el propietario del Estudio 335) desde entonces.

 

Carlos Abad, Guillermo Luceño, Domingo Díaz y Luís Abad.

Carlos Abad, Guillermo Luceño, Domingo Díaz y Luís Abad.

– Bien, pues como hemos comentado, te subes al escenario en compañía de Domingo Díaz, Guillermo Luceño y Luís Abad, ¿que nos puedes contar de cada uno de ellos?

Además de lo dicho, de Guillermo Luceño te diría que es como un alter ego, pero eso se queda corto e implicaría reducir su personalidad a la mía, lo que sería tremendamente injusto. Guille es un artista en el sentido amplio y verdadero de la palabra. Es pintor, diseñador, músico… un hombre culto y taciturno, inteligente pero humilde, perspicaz y visionario… compartimos defectos, aficiones… y, además, es el único batería que sabe tocar como Ringo Starr y Charlie Watts a la vez. De Luís he dicho casi todo ya, pero me gustaría recalcar que subirse a un escenario con él es hacerlo a un sitio familiar. No es poca cosa: por ejemplo, empiezas una actuación y algo suena mal o hay algún problema, pero él consigue, con el carisma y el humor que tiene, convertirlo en el mismo escenario de siempre y que esos problemas acaben siendo secundarios. En un momento en que yo tenía bastante incertidumbre musical, su presencia ayudó a completar el proyecto del disco. Creo, además, que es recíproco, al él también le ha venido bien embarcarse en la presentación del disco en directo. Domingo Díaz es quien pone el pragmatismo y la sensatez en el mayor de los casos. A veces parece que no está pero nunca falla. Es el otro lado de la balanza, imprescindible. Multiinstrumentista que siempre tiene algo interesante que aportar.

– Tenéis un potente directo y cierto es que las canciones del disco son temas todos ellos de directo, pero además soléis incluir alguna versión de algún tema mítico en el show y que todo el mundo suele conocer. Cuando no hay una gran compañía detrás con una poderosa promo, ¿es muy difícil poder girar con un repertorio de temas propios?

Girar así es casi imposible. De hecho el término “girar” ya me parece excesivo. Simplemente vas intentando encadenar una actuación con otra, o con lo que sea que se te ocurra en ese momento para mantener vivo el proyecto. El problema que veo para ello no es ya tener o no una gran compañía detrás (que aportará cosas buenas y malas), es más bien que ahora, por eso mismo, no basta con ser músico. Resulta que también hay que ser comunity manager, relaciones públicas, manager, informático, productor y mil cosas más. Para mí es inabarcable. Tienes que desarrollar dos facetas que, en muchos aspectos, son antagónicas: la del artista y la del empresario. Me da una pereza horrible. Además yo tengo un problema muy concreto al respecto (sospecho que algún infame más también): me gusta demasiado la música como para dedicarle tanto tiempo a algo que no lo es. Dicho de otro modo: no tengo la capacidad o la fuerza de voluntad. Entiendo que es importante, pero lo mío es tocar, componer y cantar. Es un oficio que he aprendido y controlo, lo hago bien dentro de unos límites muy concretos. Lo otro, sencillamente, no. Cuando no hago música me dedico a otras cosas… no a vender mi producto. Eso es un trabajo que pagaría (y siempre se ha pagado) para que lo hiciera alguien (¡aquí hay trabajo!). – … Por otro lado veo un aspecto positivo (o premio de consolación, como prefieras), que se suele ocultar bajo la obsesión por el éxito comercial: la libertad. Yo (nosotros) hacemos lo que nos da la gana en sentido literal. Nunca hemos hecho una canción pensando en si es más o menos comercial, más o menos típica, radiable o como se diga… Es que no sé qué es eso. Mucha gente dirá que no rinden cuentas a nadie. Bien por ellos, pero cuando hay alguien poniendo dinero en tu proyecto lo normal es que tengas que hacerlo. Coordinar esos dos aspectos (la “libertad” con el negocio) es muy difícil, y aplaudo sinceramente a los que lo hacen. Lo de incluir versiones, por último, lo hacemos precisamente por eso, por pasión, como homenaje a nuestros referentes, y no ya para que el proyecto entre mejor a la audiencia, que es un beneficio colateral.

– ¿Cómo de complicado es hoy en día para un músico sin una gran compañía detrás, grabar y sacar adelante su proyecto personal de disco?

Grabarlo y editarlo no es tan difícil gracias a las nuevas tecnologías que, aunque no vas a conseguir el mismo resultado que en un gran estudio, sí puedes hacer algo digno. Sacarlo adelante es harina de otro costal. Ahí entra lo que comentábamos antes. Hay que poner en práctica otras habilidades no musicales. Son importantes y las personas que las tienen de forma natural y las desarrollan, supongo que tienen más posibilidades de conseguir el éxito comercial. No obstante, también hay que tener cuidado con eso. La directa asociación que se hace en nuestra era entre el éxito personal y el éxito comercial o social sólo puede conducir a la neurosis o a la frustración, y de ahí a la derrota (personal y/o comercial). Para mí el éxito es componer una canción o dominar un solo complicado. Todo lo demás es tan azaroso e incontrolable que es como pensar que, rezando, dios te va a escuchar más que al que no lo hace.

– El disco está a la venta en distintas plataformas digitales, también lo editaste en su formato físico, algo que es notablemente más caro, ¿es para ti necesaria y fundamental su edición física en CD?

Llámame romántico, pero, si no lo tengo en mis manos, para mí no existe el disco. Existen los sonidos que llamamos canciones. Un disco es algo más que un formato físico. Cuando pongo portada a esas canciones, leo los créditos, las letras, la presentación… cuando empiezo a atar cabos y a comprender y/o vivir el misterio que es cada obra de arte… entonces es cuando siento que tengo un disco. Lo digital esta para ser consumido y lo físico para ser vivenciado. O, si lo prefieres, lo uno es para oír y lo otro para escuchar.

– “En busca del tiempo perdido”, en palabras de autor: ¿qué nos vamos a encontrar en este disco?

Un tratado no-sistemático sobre la experiencia de la temporalidad. No, en serio, no lo sé. Mi intención ha sido plasmar en unas pocas canciones los pensamientos que seguían a una serie de vivencias. No todos pasamos por las mismas cosas, pero sí podemos pensar lo mismo acerca de ellas, vividas o no. Así que intento ser lo más universal posible… con mayor o menor éxito, pues no es tarea fácil. Es difícil hacerlo bien, no todos pueden escribir Blood on the traks. pero huyo de contar mi vida en las canciones. En el lado musical… pues un sencillo disco de rock y pop. Pero cuidado, que el pop es Pet Sounds de los Beach Boys, no Manuel Carrasco. Que hay que aclararlo todo.

 

 Portada del disco de Carlos Abad - En busca del tiempo perdido.

Portada del disco de Carlos Abad – En busca del tiempo perdido.

– En un trabajo musical donde podríamos decir que el tiempo es el tema principal en la mayoría de canciones, ¿fuiste buscando esto y fue cómo surgió?

No lo busqué, pero se conoce que andaba dándole vueltas a los mismos temas y acabó plasmándose en las canciones. Hubo un momento en que sí lo noté, que fue cuando decidí grabar el disco y, entonces, sí que compuse algunas canciones para cubrir, a mi entender, ciertos aspectos que quedaban cojos en la visión de conjunto. Por ejemplo, no quería que el disco se interpretara como un gesto nostálgico, por eso están ahí Contra el olvido, En el camino o En busca del tiempo perdido. No son canciones de resignación sino de afirmación, de aceptación positiva de la temporalidad. No de aquello que te pasa a lo largo del tiempo, que sí puede ser valorado como bueno bueno o malo, sino del hecho de que, antes que esas valoraciones, seamos seres temporales. Es decir, que te pasen cosas, (que es bien diferente). Como la rosa, sin porqué. Florece porque florece. También hay canciones directamente anti-nostalgia, como Viejos tiempos, y algunas en las que se muestra que no es tan fácil, como Te estoy echando de menos o No volverán. En cualquier caso, que las canciones respondan a unas preocupaciones comunes no significa que sea un disco conceptual. En este caso no hay un hilo argumental. Hay más preguntas que respuestas. Más dudas que certezas. Son demasiado generales como para hablar de disco conceptual (a los cuales no soy muy aficionado).

– ¿Hay alguna o algunas canciones del disco que tenga algún significado especial para ti por algún motivo determinado? Si es así, ¿cuál y por qué?

No, para mí son todas iguales. Técnicamente disfruto con algunos pasajes musicales que me parecen más logrados que otros, pero creo que todas aportan perspectivas igualmente valiosas al conjunto, más allá de mis circunstancias concretas que, como las de cualquiera, carecen de valor artístico.

– Para su presentación contasteis con varios amigos y colaboradores, entre ellos con una de las más importantes figuras del rock en España, el Sr. Carlos Goñi (RevólveR), ¿cómo fue posible esta colaboración?

Gracias a Luís (Abad). Ellos son amigos desde hace muchos años y Carlos Goñi se ofreció a ayudar o colaborar de forma totalmente desinteresada. Es algo que tiene mucha importancia, más allá de interés particular. Que alguien con la agenda de Revólver se coja un ave después de (literalmente) terminar una gira para venir a Sevilla a tocar en el grupo de desconocidos de su amigo Luís, dice mucho de él como profesional y como persona. Se preparó la canción en el tren y la tocó perfectamente. No tenía por qué hacerlo, pero lo hizo por amistad. No he visto eso muchas veces entre los profesionales de la música. Y no he conocido a nadie más profesional, disciplinado y serio que Carlos Goñi. No sé, fue un lujo profesional y un placer personal. ¿Qué más se puede pedir? Cuando éramos unos adolescentes escuchábamos a Springsteen cantar The River y a Revólver cantar Eldorado. Eso era el rock para algunos de nosotros. Resulta que casi dos décadas después viene a cantar nuestras canciones por gusto. En fin, sorpresas te da la vida. También me gustaría destacar a José Vega, del grupo madrileño La Familia Corleone. Participó en algunas de las canciones del disco y también estuvo en la presentación. Fue otro tipo de lujo, porque pertenece al mismo grupo de amigos de la infancia, crecimos juntos, con Guille Luceño y otros. Aprendimos a tocar juntos y mantenemos una excelente relación personal y musical. Él se fue a Madrid y allí está labrándose su más que digna carrera musical. Atentos a su próximo disco.

– En el interior del folleto que acompaña el CD (una de las cosas buenas de la ediciones físicas) nos encontramos un precioso texto que firma María Rodríguez García y que aquí dejo un fragmento:

En busca del tiempo perdido nos invita a situarnos en el camino, con el mundo a nuestros pies y atesorando todo aquello que nos importa. Puede que ésta sea la respuesta de la música ante la penuria de los tiempos: construir un “yo” que, como la rosa de Silesius, florece sin porqué pero que sabe quién quiere ser”.

¿Quién es María Rodríguez García?

Pues es una escritora y profesora de Filosofía en la Universidad de Sevilla y, actualmente, de la Universidad Pablo de Olavide. Entre sus virtudes destaca la de aguantarme a diario. El texto del disco es una maravilla. Otro lujo. Te diría, sin exagerar, que todo el disco y toda esta entrevista está contenida en él.

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