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El periodista cordobés, Julio Anguita Parrado, murió en Bagdad el día 7 de abril de 2003. Su madre, Antonia Parrado Rojas, ha accedido a compartir recuerdos y reflexiones en ”Flores del desierto”.  Es amiga, pero, ante todo, es la persona que más ha luchado, sobreponiéndose al dolor, porque el nombre de su hijo no quede en el olvido, porque su muerte no haya sido en balde.  Trabaja en el Servicio de Inspección de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. Durante la legislatura municipal 2003-2007, fue concejala del Ayuntamiento de Córdoba.

Julio A. Parrado, como solía firmar sus crónicas, cubría la guerra de Irak desde el 21 de marzo,  ‘’empotrado’’ con la tercera división de infantería del Ejército estadounidense. El día 7 de abril, el centro de operaciones donde se encontraba trabajando, como corresponsal de guerra enviado por el diario El Mundo, fue alcanzado por un misil. Su cadáver fue repatriado a España y enterrado en su ciudad natal el 16 de abril. 

 Tras  cumplirse el décimo aniversario de su muerte,   “Flores del Desierto”  le dedica este  particular homenaje por su empeño personal en ejercer el periodismo más difícil, la corresponsalía de guerra. En ese empeño se le fue la vida. Su madre, en esta entrevista, recuerda en presente. Observamos que aún le resulta difícil pensarlo y verbalizar en pasado,  a pesar del tiempo transcurrido. 

Julio Anguita Parrado 

 -Antonia, diez años.  ¿el dolor amaina con el paso del tiempo?

Es cierto que no subo la calle Alfonso XIII llorando todos los días como en el primer año, pero sigo sin poder hablar con normalidad de Julio. Se me encoge el corazón y las lágrimas salen sin que yo pueda controlarme.

– Habrá habido momentos más duros que otros, ¿Quiere hacer referencia a alguno concreto y explicarnos  por qué?

Es durísimo tener que aceptar que Julio YA NO ESTÁ, ( siempre elijo eufemismos porque me niego a pronunciar las palabras terribles). Todos los momentos han sido duros: las primeras navidades, sus cumpleaños, (seguimos haciendo una reunión  familiar), sus aniversarios, etc, pero fue terrible,   -estuve, por lo menos, tres horas llorando-, cuando mi hija me dijo que estaba embarazada. El no poderlo compartir con él, con lo que él quería a su hermana, fue para mí un acontecimiento que me destrozó.

– ¿Y el mejor. Cuáles han sido los momentos más gratificantes en estos últimos diez años, a pesar de  la pérdida?

Yo pienso que ya no ha habido en mi vida momentos gratificantes, porque, como digo, lo podía haber  sido el saber que iba a ser abuela, pero  yo no me resignaba a que mi hijo se perdiera esta vivencia tan importante en la familia. De todas formas,  es muy gratificante esta niña. 

Algo que para mí ha sido muy importante es haber conocido la valía de los amigos/as de mi hijo y la apuesta que han hecho por mantenerlo vivo. El haber luchado por conseguir el premio de periodismo y seguir manteniéndolo es algo muy importante de agradecer.

Anguita 1

 – Empecemos por el principio ¿Quién era Julio Anguita Parrado?

Un niño muy bueno, nunca respondía con agresividad cuando algún amiguillo le pegaba o le daba un buen empujón. Hay una anécdota. Una vez, ya, le dije que se defendiera, teniendo 4 ó 5 años, y me miró, con su carilla preciosa hacia arriba, y me dijo: “ si quieres que pegue, yo no voy a pegar”  ¡Quién le iba a decir a él que luego sería víctima de tanta barbarie!.

Fué también un magnífico estudiante, muy exigente consigo mismo y muy independiente.

– ¿Por qué quiso ser periodista?

En principio,  el quiso estudiar derecho internacional y, al no encontrar alguna facultad que le brindara esa sola especialización, se decidió por periodismo. La decisión fue sólo suya,  porque él tenía las cosas tan claras que nunca lo sometía a consideración.

 – Estudió en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, en Madrid. En 1990, publicó su primer reportaje en el diario Córdoba.  ¿Cómo fue esa primera experiencia laboral en una ciudad donde tan conocida era su familia, particularmente su padre, que había sido un carismático alcalde durante muchos años?

Él iba por libre y se buscaba las prácticas al margen de quién era su padre, de hecho, él ya en el instituto me pidió cambiarse el nombre, pero yo, entonces, no lo veía y le contesté que, para bien o para mal, era hijo de quien era. Incluso yo tardé en enterarme de que en el periódico había firmado como Julio A. Parrado

– Julio podía haberse quedado cómodamente trabajando en Córdoba. Creo que no le habría faltado un buen empleo. Su apellido paterno pesa mucho. Sin embargo, opta por utilizar el apellido materno y da el salto a Madrid para trabajar en la sección de Internacional del periódico El Mundo,  en unas condiciones que no eran las más favorables, laboralmente hablando. ¿Por qué?

Lo del MUNDO fue pura casualidad. El último año de facultad hizo las prácticas de verano en ese periódico. Cada verano hizo las prácticas en un medio, aunque en Navidad y Semana Santa siempre volvía al CÓRDOBA. Cuando terminó en septiembre, presentó su currículo en varios medios y en el primero que lo llamó se quedó.

– ¿Qué supuso para usted  su marcha a Nueva York?

Bueno, a su padre no le gustó, pero como yo lo veía a él tan entusiasmado y pensando siempre en su desarrollo profesional, no pude estar en contra de aquello. Además, como yo le dije a su padre, “estando en internacional en el MUNDO, en Madrid, él fue a Argelia y a otros lugares peligrosos,  por ejemplo,  a seguir las elecciones,  y me contaba que se escapaba del hotel, después del toque de queda, para hacer algún reportaje o entrevistas ¿y si le pasa algo en estos sitios?”

 – Sus crónicas desde New York  apuntaban buenas maneras profesionales. Su particular visión sobre los atentados del 11 S alertaron conciencias.   Como testigo directo, fue el primero en  informar a su periódico de este hecho.  ¿Cuál fue el relato que hizo a su madre aquella noche en su habitual llamada diaria?

Fue inmediatamente, 3 de la tarde hora española, cuando me llama y me dice lo que estaba pasando. Yo no comprendí exactamente el alcance de la noticia porque me lo decía atropelladamente, ya que desde su ventanal de Washington Square  lo estaba viendo en directo. Él lo que quería era salir corriendo con su bicicleta y acercarse al lugar,  como de hecho hizo, y avisarme de que si yo lo llamaba supiera que él estaba bien. En ese momento no me dio muchas explicaciones.

– ¿Cuándo y cómo le comunicó  que pretendía  convertirse en corresponsal de guerra en Irak?

Él no me lo comunica hasta que vino a España a primeros de marzo para irse ya para Kuwait.

– ¿Intentó usted  que desistiera de este propósito en algún momento?

Cuando yo le digo que, por favor, no se vaya a cubrir esa posible guerra con  la que estábamos en contra, él me contestó que él tenía que informar de todo desde el terreno y que aquí lo que teníamos que hacer era invadir las bases americanas para que no pudiera repostar ningún avión.

– En aquellos días, antes de partir para Irak, en Córdoba se reencontró con familiares y amigos ¿En algún momento temió usted que aquella podía ser una despedida definitiva?

La verdad es que no. Es más, primero porque creía que, quizás, la guerra no se iba a producir con tantas manifestaciones en contra del mundo entero y, segundo,  una vez ya en conflicto, sí que me obsesionaba la mentira de las armas químicas y pensaba que le podían producir algo terrible, pero no su pérdida total.

Monolito dedicado a Julio Anguita Parrado en la plaza cordobesa que lleva su nombre.

Monolito dedicado a Julio A. Parrado en la plaza cordobesa rotulada con su nombre.

 – Antonia, debió ser duro decirle adiós. Al fin y al cabo, por muy empotrado que fuera entre las fuerzas estadounidenses, iba al corazón de una guerra.  ¿Cómo se sobrepuso usted a ese temor diario y pudo sobrellevar el día a día con tanta entereza como se le veía?

Bueno, como siempre, refugiándome en mi trabajo y, por la noche, no yendo a descansar hasta que alguien del periódico El MUNDO me llamaba para decirme que Julio ya había enviado la crónica. Yo les había pedido a sus compañeras de internacional que me llamaran,  porque él no lo hacía todos los días.

– Julio A. Parrado fue pionero en el panorama del periodismo cordobés como corresponsal de guerra. Desde sus primeras crónicas sobre el conflicto empieza a ser referente profesional muy a tener en cuenta en el panorama periodístico nacional. Pero aquel misil truncó una prometedora carrera.  ¿Cómo conoció usted la noticia? ¿Cómo vivió usted aquellos días primeros?

Aquel día yo estaba tranquila porque por la mañana, a las ocho, hora de aquí, me llamó para decirme que no se había ido para Bagdad, porque no se lo habían permitido. Estaba a 15 km. Yo le dije inmediatamente que se viniera y me dijo que iba a buscar un hotel porque estaba con todo el polvo y arena del desierto y quería asearse. A Angelines Costa,  que me preguntó por él,  yo le dije que estaba tranquila porque no había continuado hacia Bagdad. ¡Qué ignorante estaba de la tragedia que ya había sucedido!, parece ser que fue a la media hora de hablar conmigo.

– Y, sin embargo, la he visto al pie del cañón desde el primer día. Allí donde había un homenaje, -de los muchos que le han dedicado a lo largo de estos diez años-, allí estaba usted. La he visto fuerte, supongo que haciendo de tripas corazón muchas veces. Pero,  allí estaba.   ¿Cómo consigue sobreponerse al dolor para salir a reivindicar su nombre, su compromiso, su profesionalidad

Yo, lo que tuve claro enseguida, porque, de lo contrario, me habría pegado un  tiro, era que tenía que huir de caer en una gran depresión. Este tipo de enfermedades son una carga durísima para los familiares y no podía permitir producirle a mis otros dos hijos ese dolor añadido. ‘’Tenía que seguir  para adelante con mi dolor”. Yo lloraba mucho, de eso sabe bastante la secretaria que tenía en el Ayuntamiento, Victoria, a ella le hice pasar muy malos ratos. La pobre lloraba conmigo porque sabía que era muy difícil consolarme. En mi casa, procuraba no llorar y hablar de otras cosas, porque mi madre vivía todavía y tuvo que pasar el tremendo dolor de perder a los  tres hombres que más quería  (su hijo, su marido y su primer nieto). Pero, nuestras miradas decían otra cosa. Ahora, recordando todo, esos tres meses que mi madre le sobrevivió, las lágrimas me están cayendo sobre  el teclado.

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Antonia Parrado, entre el ganador del premio ”Julio Anguita Parrado 2013”, el periodista griego Kostas Vaxevanis, y Mercedes Gallego, la corresponsal del grupo Vocento que coincidió en Irak con el periodista cordobés.

En cuanto a acudir a los homenajes, aunque era muy duro para mí, también tuve claro que donde nombraran a mi hijo yo iba a estar. Primero, porque se lo dedicaban a él y mi hijo no era huérfano y, segundo,  porque había que agradecer que la gente se acordara de él.

– ¿Para denunciar el dolor que provocan las guerras y la violencia, también?

Pues, también. Hay que dar testimonio de los desastres que provocan las guerras y muchas veces, o casi siempre, hacía una referencia a las muchas madres anónimas que en esa guerra habían perdido a sus hijos.

– Sus amigos y compañeros de profesión del sindicato de periodistas de Andalucía, en su recuerdo, pusieron en marcha hace ya siete años la convocatoria del premio ‘’Julio Anguita Parrado’’. Este galardón cuenta con la colaboración del Ayuntamiento y la Universidad de Córdoba y reconoce cada año a periodistas que desarrollan su  labor en zonas de conflicto bélico o especial violencia social.   ¿Qué opinión le merece esta iniciativa que va a permitir que el nombre de su hijo quede para siempre ligado al ejercicio más arriesgado del periodismo y al rechazo a todo conflicto bélico?

A mí, siempre lo manifiesto, me produce un eterno agradecimiento y un honor este premio.

– Sin embargo, a pesar de tantos esfuerzos y de tantas víctimas, las guerras no cesan. Al contrario, la conflictividad y la violencia parece que van en aumento en todo el mundo. El Uppsala Conflict Data Program, dependiente de la ONU, ha reconocido la existencia de 35 conflictos,  de mayor o menor intensidad, a fecha de febrero 2013.

Y además de éstas, las guerras de los escándalos financieros que el premiado de este año ha puesto de manifiesto y que sabemos todos que van a acabar con el estado de bienestar incipiente por el que tanto habíamos luchado.

– ¿Cree usted posible, emulando aquel canto tan hermoso de Labordeta, que algún día, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga PAZ  -versión adaptada- ?

!OJALÁ!

– Usted tiene otros dos hijos. ¿A qué se dedican?    

Una es psicóloga y otro historiador en paro.

– También tiene una nieta, ¿qué mundo desea para ella?

Como es natural,  un mundo donde prevalezca aquello que pusimos en el ataúd de mi padre: LIBERTAD,  IGUALDAD Y FRATERNIDAD.

 

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5 Respuestas

  1. carmen

    Gran entrevista, enhorabuena, Casandra. El de Antonia es un testimonio estremecedor y lleno de humanidad, sin poses: sencillo, directo, real. Repito sus palabras… OJALÁ algún día vivamos en un mundo en paz.

    Responder
  2. Blanca

    Totalmente de acuerdo, Carmen Es un testimonio estremecedor y doloroso Creo que NUNCA un padre o una madre deben sobrevivirle a un hijo y menos aún por efectos “colaterales” de las guerras, toda ellas planeadas bajo sucios y mezquinos intereses de las grandes potencias
    Como madre que soy comprendo en lo más hondo a Antonia, a la que un día y bajo soflamas engañosas le arrebataron un hijo. Como mujer, admiro su coraje para salir a flote y por mantener viva su memoria, aunque sea a base de eufemismos y de pequeñas estrategias para mitigar un dolor insondable.
    Y desde aquí, en este décimo aniversario de ausencias, me hago eco de su deseo para que OJALÁ construyamos un mundo donde la libertad, la igualdad y la fraternidad prevalezcan. Porque en un mundo así , la paz es posible.
    Un abrazo

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  3. Hierbabuena

    Que bonita entrevista, Antonia, eres toda humanidad, mujer valiente, y ojalá algún dia en el mundo prevalezca la: LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD.
    Un abrazo.

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  4. Casandra

    Estoy de acuerdo con vosotras. El ejemplo de Antonia es digno del mayor encomio. Durante muchos años he querido hacer esta entrevista. Por ella y por su hijo Julio. Nunca pensé que tendría algún día la ocasión. Curiosamente, -y ahora me acuerdo de Pasionaria- lo que tiene que ser ….. es, si persistes en tu objetivo y sabes esperar el momento justo, añado yo.
    Aprovecho para agradecer vuestros comentarios, para mencionar la mediación fundamental que Hierbabuena ha ejercido en la publicación de esta entrevista y, sobre todo, para dar unas gracias enormes a Antonia. Una vez más, ha sido valiente y no ha obviado ninguna respuesta, a pesar del dolor.
    Como escribiría Blanca, ¡¡¡BESITOS¡¡¡

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  5. Peix

    Enhorabuena, Casi. He leido la entrevista con un nudo en la garganta. Me gusta mucho el enfoque que le has dado. Sólo puede escribirse así siendo madre. Ufff!!! necesito oír la voz de mi hija…

    Responder

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